El campeón mundial de muay thai, Carlos Coello (d), concentrado junto a su alumno Ramón Rivera
El campeón mundial de muay thai, Carlos Coello (d), concentrado junto a su alumno Ramón Rivera
Deportes de combate

El control mental, eje vertebrador de un luchador

El psicólogo deportivo José Víctor García Donate habla de su experiencia a la hora de trabajar los aspectos conductuales y psíquicos que pueden influir en los deportes de combate

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Hay leyendas de los deportes de combate como son Bas Rutten o Tito Ortiz que en más de una ocasión han afirmado que pelear es un 90% capacidad mental y 10% física. Cierto es que no existen dos individuos iguales y, lógicamente, variará en función del deportista y su modo de ser. Pero tal aserción, proveniente de dos antiguas estrellas de la UFC, nos hace plantearnos seriamente hasta qué punto puede influir el control mental en un luchador y qué abanico de posibilidades existe a la hora de trabajarlo. El futbolista Ángel Di María, la atleta Ruth Beitia, la campeona de bádmiton Carolina Marín, la medallista olímpica de halterofilia Lidia Valentín o la estrella de la NBA Kevin Love son algunos de los deportistas de élite que han reconocido públicamente que el psicólogo deportivo ha sido un elemento clave en su éxito. José Víctor García Donate, nacido en Tenerife, licenciado Psicología y especializado en el ámbito del deporte, trata de hacer lo mismo con el peleador de artes marciales mixtas y campeón de BAMMA Dani Barez, y el campeón mundial de muay thai Carlos Coello.

Una faceta tan exclusiva, cambiante y compleja requiere de un experto para adentrarnos en materia. La estructuración del trabajo es la base de todo proyecto. Al fin y al cabo es un entrenamiento psicológico, una carrera neuronal de fondo. Para dar comienzo, García Donate tiene una particular fórmula para con sus pupilos: realizar un test para medir las diversas variables mentales y, más tarde, entrevistarse personalmente con ellos. Con el objetivo de lograr una simbiosis productiva, adopta tres normas básicas. «Paciencia, porque no es cosa de un día, se verán los resultados con el tiempo. También les pido compromiso, porque va a haber una serie de tareas que tienen que realizar y si no lo hacen no se van a ver esos avances; y confianza, que obviamente se va cogiendo con el paso de los días. Pero que confíen que yo estoy haciendo lo que creo que es mejor». Esa confianza que García Donate exige es la que ha logrado ganarse con Coello, pues asegura que, a través de las técnicas trabajadas, afronta los combates «de mejor manera» y cuando tiene problemas logra superarlos psicológicamente con las nuevas destrezas adquiridas. «Estoy desde hace un año con José y los resultados son muy positivos, he ganado el 100% de los combates», apunta el peleador gaditano.

El psicólogo deportivo José García Donate (i), junto a Carlos Coello
El psicólogo deportivo José García Donate (i), junto a Carlos Coello

Cuando un luchador pacta un combate, comienza una larga batalla compuesta por varios frentes, ninguno es homogéneo pues están interconectados. El peso, la presión, el miedo al fracaso o al triunfo, las críticas tanto positivas como negativas, el nerviosismo o el estrés son algunos aspectos que componen la amalgama psicológica con la que el deportista carga en su cabeza. Una de las técnicas a las que García Donate da rienda suelta es la llamada «analogía de la mochila» con la que se aborda a la presión. «Tú tienes una mochila y en ella hay que meter todos los conocimientos físicos, tácticos, técnicos, las experiencias buenas, todo lo positivo. Pero cuando en esa mochila metes la presión, pensando que van a ir a verte a la grada, que no puedes defraudar, estamos metiendo un peso exagerado y va a hacer que el deportista pelee peor. Lo importante es dejar en la mochila las cosas que de verdad nos hacen falta», explica. Un descenso vertiginoso del peso puede conllevar una pérdida de ciertos nutrientes esenciales para el cuerpo y despertar una irritabilidad alejada de lo productivo. «Hay que tener una organización. A qué hora va a ser el pesaje, qué voy a hacer allí, cómo organizarme cuando me esté pesando. Trabajamos el nivel de activación. Cuando estoy muy activado, hacer técnicas de relajación. Cuando estoy muy tranquilo, técnicas para activarme», agrega Coello.

«Las emociones no se pueden controlar, pero sí se puede controlar las consecuencias de esas emociones»

Esa activación puede ser la diferencia entre la victoria y la derrota. Por eso, García Donate analiza cuál es el punto óptimo en el que cada peleador puede rendir al máximo. «Algunos quizá peleen mejor en un nivel más bajo y otros en uno mayor. Lo que yo trabajo con ellos es buscar herramientas para subir ese nivel de activación o para bajarlo. Los días que llegamos demasiado activados tenemos que bajarla y al contrario. Mediante la respiración o mediante pensamientos. También se le puede añadir movimientos: saltos, rotaciones de cabeza, etc. Todo eso les hago apuntarlo». Es por ello que en numerosas ocasiones podemos observar a los luchadores dándose golpes, como si tuvieran dentro a su propio rival. «Cuando estamos en el nivel de activación óptimo, estamos fomentando que se produzca el estado de "flow" (fluidez) que es el momento en el que nos cuadra todo», razona el tinerfeño.

Otra pieza vital para el puzzle mental son las emociones que, inevitablemente, se despiertan en cada peleador. Algunas son positivas, otras no lo son tanto. Cuando salen al cuadrilátero o a la jaula, los deportistas son conscientes de que van a intercambiar metralla con su rival. Pero un golpe mal dado puede desatar una rabia que sería un potencial rival más sobre el escenario. «Quizá te entra un golpe y te puede producir un cabreo, un enfado, y acabar yendo más a lo loco. Si vas más a lo loco eres más descuidado y eso te puede hacer perder la pelea. Por eso trabajo con ellos las emociones», relata García Donate. «Pensar: ¿qué te puede producir estar enfadado en una pelea? Por ejemplo que me den un golpe bajo. ¿Qué consecuencia tiene? Que me vuelvo loco y voy hacia los rivales. Vale, pues hay que tratar de manejar esa consecuencia. Con las emociones no hablamos de control, porque las emociones no se pueden controlar. Tú no puedes controlar no estar enfadado o el miedo. Lo que sí puedes manejar es la consecuencia de ese miedo. Por lo tanto, es vital conocer los aspectos que me pueden enfadar en una competición y tratar de manejar sus consecuencias», añade.

Creencias limitantes: «Si la lucha es contra ti y contra el rival, son dos contra uno. Si te pones a ti a tu favor y peleáis los dos contra el oponente la cosa irá mejor»

El miedo para ciertos luchadores puede llegar a ser un tema tabú, pues han de demostrar valentía y nunca mostrar una posible debilidad. Pero está ahí. Existe. «Miedo vas a tener, porque si no tuvieras miedo no te cubrirías durante un combate, el miedo es una emoción normal y hay que tenerla en su debido momento», matiza. Hay diferentes grados de miedo. Cuando se enfrentan dos luchadores, uno veterano y otro debutante, el primero podría tener miedo a fracasar con alguien menos experto, o quizá esté pensando en que le quedan menos combates para poner punto y final a su carrera. En el segundo, es probable que tenga miedo a lo desconocido, a la primera vez que se sube a un escenario de lucha, a agradar a su gente. El problema crece en importancia cuando ese miedo no es controlable. «El miedo pasa a ser algo que hay que trabajar cuando no es normal. Cuando ese miedo no te deja dormir, entrenar, comer... llegas a la competición y te bloqueas... No te deja soltar golpes. Hay un miedo que es normal. Que provoca un estrés y ese estrés puede ser bueno y adaptativo, que te aumenta un poco el ritmo cardíaco y te prepara para la acción. Cuando ese estrés pasa a bloquearte hay que trabajarlo. El estrés prologando puede causar ansiedad», desgrana el psicólogo. Es aquí donde la respiración juega un papel muy importante a la hora de gestionar las emociones. «Hay tres tipos: diafragmática, pulmonar y la completa. En función del tipo de respiración se puede activar de un modo u otro el cuerpo».

Carlos Coello se concentra en los momentos previos a la batalla
Carlos Coello se concentra en los momentos previos a la batalla

Que cada artista marcial tiene unas limitaciones físicas es un hecho y que no son pocas las ocasiones que esto genera una frustación también lo es. Así, la confianza en uno mismo y los pensamientos positivos pueden paliar esos obstáculos. «Hay una cosa que se llaman creencias limitantes que son creencias que nosotros tenemos arraigadas». Por ejemplo, hay luchadores que piensan que nunca podrán golpear de una manera efectiva con la pierna izquierda o que creen invencible a cierto rival. «Yo siempre les digo que no somos videntes. Puede ser verdad o mentira. Cuando es mentira hay que trabajar el control de esos pensamientos», sugiere García Donate. De lo contrario, estás sumando una carga más al objetivo final. «Les comento a los deportistas que si la lucha es contra ti y contra el rival, son dos contra uno. Si te pones a ti a tu favor y peleáis los dos contra el rival la cosa irá mejor. Intento hacerles ver que la pelea es contra el oponente no contra uno mismo». La meditación es una buena técnica para salir triunfador de estas luchas internas y estabilizar el cóctel de ideas que transcurren por la cabeza. Tratar de lograr el control mental, ese eje vertebrador.

Los deportes de contacto llevan intrínsecos una serie de principios que se transmiten en los gimnasios. El respeto, la disciplina, el sacrificio o la lealtad son algunos de ellos. «Las artes marciales te inculcan unos valores que a lo mejor otros deportes no te inculcan. Es opinión personal pero una persona que se entrena seis días a la semana, que hace esparrings o pelea una vez al mes, cuando tiene un problema en la calle ese miedo de a ver qué me pasa si me dan un golpe no lo tienes tanto, sabes cómo defenderte y por eso son personas que tienen menos problemas en ese sentido», asegura el psicólogo. El compañerismo es otro de los aspectos que valora positivamente el tinerfeño. «Yo practico muay thai y me ha llamado la atención el respeto al rival además de a los compañeros y al entrenador. Esos valores salen del gimnasio con la persona y pasan a formar parte de ti», concluye.