Manuel Olmedo, en la competición junto a Kemal Koyuncu - AFP
ATLETISMO

Olmedo hereda la tradición

Ganó el oro en la prueba de 1.500 en recuerdo de Cacho, Abascal o González

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Voló el colibrí sevillano hacia la meta del Omnisports de París-Bercy y apretó la zancada ante el turco que había ejercido de liebre y casi ganador. Un sprint ciclista coronó a Manuel Olmedo, andaluz ligero como el viento que ayer perpetuó la tradición española de los 1.500 metros. La distancia del equilibrio, entre Pinto y Valdemoro, ni velocidad ni fondo, paso intermedio, modo centrista que no cuadra con la historia de nuestro país, otorgó de nuevo una tarde de alegría al atletismo español. Ganó Olmedo el oro, la única presea de tan reluciente valor en los Europeos de París que echaron el candado con un botín notable para las huestes del siempre controvertido Odriozola: el oro de Olmedo, dos platas de Nuria Fernández en 1.500 y Ruth Beitia en salto de altura y el bronce de Kevin López en 800 metros.

Todavía no gateaba Manuel Olmedo hace 27 años, recién nacido el infante, cuando el atletismo español puso una pica en Los Ángeles. El cántabro José Manuel Abascal fundó una dinastía en la final olímpica de los 1.500. Extrajo un bronce ante la incredulidad general después de lanzar un severo ataque a seiscientos metros frente a la terrible armada británica, que por aquellos tiempos era hegemónica con Coe, Cram y Ovett. Los dos primeros superaron al potro de Alceda, pero su conquista perduró en el tiempo como la de un pionero. Fue la segunda medalla olímpica del atletismo español (Llopart, Moscú 1980).

Los pioneros

Se recrudeció entonces la rivalidad de Abascal con el toledano José Luis González, atleta de enorme tranco y poderoso final. Nació ahí la tradición española en el prueba intermedia, un gancho tan fabuloso como Ballesteros para futuros golfistas, Induráin para ciclistas o Fernando Alonso para pilotos de automovilismo.

A consecuencia de esa ola, llegó después la explosión de Fermín Cacho en Barcelona 92, su oro y la foto para siempre. La secuencia no ha parado con Reyes Estévez, Arturo Casado, Juan Carlos Higuero y tantos otros. Manuel Olmedo heredó ayer la tradición.

Lo hizo en una carrera mediatizada por la salida en estampida del turco Koyuncu, que empezó a correr como una bala y no paró hasta el final. Parecía la liebre y casi gana la carrera. Olmedo se colocó segundo al ingresar en la última vuelta y aprovechó su pasado como corredor de ochocientos para lanzar el sprint definitivo y ganador.

Más medallas

En el salto de altura, la siempre fiable Ruth Beitia volvió a hacerlo. Sexta medalla en siete campeonatos en sala. En los 800 metros, Kevin López ofreció la cara con su medalla de bronce y Luis Alberto Marco la cruz con su caída que le privó de pelear por el botín.

La cita más esperada del día, la final de velocidad masculina, deparó una sorpresa morrocotuda. El portugués Obikwelu destrozó el pronóstico que apuntaba al duelo entre la esperanza blanca, Christophe Lemaitre, y el vigente campeón, Dwain Chambers. Lemaitre salió fatal y tiró por la borda su candidatura. Chambers casi llega al paso de Obikwelu, pero en la «foto-finish» se impuso el portugués.

La otra estampa parisina fue el récord mundial de triple salto del cubano, Teddy Tamgho. Con su 17,92 se acerca a la barrera de los 18 metros, cuyo tope mundial sigue en posesión de Jonathan Edwards (18,29).