«Mozarts letzte Tage (Últimos días de Mozart)», de Hermann von Kaulbach (1873)
«Mozarts letzte Tage (Últimos días de Mozart)», de Hermann von Kaulbach (1873) - ABC

La misteriosa muerte de Wolfgang Amadeus Mozart

Más de doscientos años después de la desaparición del compositor, las hipótesis sobre su fallecimiento continúan siendo numerosas

MadridActualizado:

El 5 de diciembre de 1791, apenas una hora después de la medianoche, y con solo treinta y cinco años, moría Wolfgang Amadeus Mozart, considerado por numerosos estudiosos como el más grande compositor de la historia. Han pasado ya doscientos veintiocho años de aquella muerte, pero a día de hoy los enigmas en su torno permanecen irresolutos. Las diferentes hipótesis apuntan a enfermedades como bronconeumonía, fiebre reumática aguda, triquinosis, insuficiencia renal, sífilis, triquinosis letal, púrpura de Henoch-Schönlein, incluso mala praxis médica... Y envenenamiento.

El texto de Alexander Pushkin «Mozart y Salieri» y la posterior obra teatral de Peter Schäffer «Amadeus», llevada al cine por Milos Forman en una película ganadora de ocho Oscars, sugerían esta idea conspiratoria y señalaba al compositor Antonio Salieri, gran rival de Mozart, como el culpable. La teoría la puso en pie el mismo Mozart, convencido en sus últimos días de que estaba siendo envenenado, como se cita en la biografía del músico que publicó Franz Xaver Niemetschek en 1798, apenas siete años después de su muerte.

«En su vuelta a Viena -escribió Niemetschek refiriéndose a Mozart-, se incrementó visiblemente su indisposición y lo hizo estar terriblemente deprimido. Su esposa estaba realmente apenada por ello. Un día iba paseando por el Prater con él, para darle una pequeña distracción y entretenimiento y, estando sentados, Mozart comenzó a hablar de la muerte y afirmó que estaba escribiendo el “Réquiem” para sí mismo. Las lágrimas comenzaron a caer por los ojos del sensible hombre. “Siento definitivamente”, continuó, “que no estaré mucho más tiempo; estoy seguro de que he sido envenenado. No puedo librarme de esta idea”».

Precisamente las circunstancias del encargo del citado «Réquiem» han contribuido a adornar la leyenda y las especulaciones sobre la muerte de Mozart. En junio del mismo 1791, pocos días antes del nacimiento de su hijo Franz Xaver Wolfgang, el compositor recibió la visita de un misterioso hombre vestido de negro y que no quiso darle su nombre. Encargó al músico la composición de un réquiem, le adelantó algo de dinero y le anunció que regresaría en un mes.

Fotograma de la película «Amadeus», de Milos Forman, con Tom Hulce en el papel del compositor
Fotograma de la película «Amadeus», de Milos Forman, con Tom Hulce en el papel del compositor - ABC

Poco después, y cuando Mozart se disponía a viajar a Praga para escribir, por encargo de Leopoldo II, la que sería su última ópera, «La clemenza di Tito», recibió una nueva visita del misterioso hombre interesándose por su encargo, algo que sobresaltó al compositor. Aquel personaje (al parecer un enviado del conde Franz von Walsseg, llamado Franz Anton Leitgeb) y la escritura del «Réquiem» se convirtieron para Mozart en una auténtica obsesión.

Otra de las hipótesis sobre la muerte del genio austríaco apunta a un envenenamiento por parte de un compañero de logia masónica: Franz Hofdemel, oficial del Tribunal de la Corte y marido de una de las alumnas de Mozart, que al día siguiente de morir éste se suicidó. Esta teoría apunta a que para asesinar al compositor, Hofdemel había ustado acqua toffana, un veneno que actúa con efecto retardado. Varios biógrafos -entre ellos Jean y Brigitte Massin y Francis Carr- tomaron en serio esta hipótesis, y en 1983 el público que asistía a un festival de música en Brighton (Inglaterra) le declaró culpable en el «juicio» que organizó el director artístico del certamen, Ian Hunter.

Aunque la leyenda del envenenamiento le aporta un halo literario muy acorde con la personalidad artística del personaje, lo cierto es que esta hipotesis se ha ido desvaneciendo con el tiempo, y hoy en día apenas se sostiene. El historiador Paul Johnson, en su biografía sobre Mozart publicada en 2013, escribió: «Se han escrito muchas tonterías sobre la enfermedad fatal, la muerte y el entierro de Mozart. Sus últimos días fueron descritos muchos años después por Sophie, la hermana menor de su esposa Constanze, cuyo testimonio tiene el valor de la inmediatez. Mozart había visto a los mejores médicos de Viena, y la causa oficial de su muerte fue hitziges Friesel Fieber (fiebre de campo severa). La historia de que fue envenenado es una fantasía total como lo es apuntar al compositor Salieri como su asesino».

Sin embargo, la desaparición del cadáver de Mozart -al parecer, sus restos fueron sacados de su tumba siete años después de su fallecimiento para reutilizar el nicho- propició la larga lista de teorías sobre su muerte y los posibles males que la causaron. El mexicano Adolfo Martínez Palomo escribió en su libro «Músicos y medicina» (2015): «A lo largo de más de cien años, aclarar las causas del padecimiento que llevó a Mozart a la muerte ha intrigado a profesionales de la medicina más que las de cualquier otro gran personaje histórico. La lista de artículos científicos sobre el tema, publicados en revistas médicas, es interminable; decenas de médicos hurgan en las numerosas biografías del compositor, analizan los testimonios escritos de sus contemporáneos y tratan de descifrar los registros de las autoridades de salud de la Viena de fines del siglo XVIII. La mejor prueba de la falta de consenso sobre este asunto es el hecho de que, hasta el año 2000, se han enlistado ciento cuarenta causas de la muerte de Mozart, así como veintisiete supuestas enfermedades mentales, casi todas resultado de la imaginación calenturienta y de la falta de oficio de profesionales de la medicina, pero solo aprendices de historiadores. Mi conclusión es que nunca sabremos a ciencia cierta la naturaleza de la enfermedad mortal del compositor. La información histórica integrada con conocimientos médicos modernos coincide en la naturaleza infecciosa de un padecimiento que produjo, a la larga, insuficiencia renal terminal».

Al poco de su muerte, Georg Nikolaus von Nissen (que se convertiría en el segundo marido de Constanze, la esposa de Mozart), relató en su biografía del compositor los síntomas que mostraba éste: «Comenzó con la hinchazón de las manos y los pies, que estaban casi inmovilizados por completo, seguido de vómitos repentinos (...) Hasta dos horas antes de su partida estuvo plenamente consciente». Era tanta la hinchazón, según se cuenta, que no podía levantarse de la cama y apenas era capaz de moverse por sí mismo.

Entre las teorías médicas sobre la muerte de Mozart, figuran la de la bronconeumonía, avalada por el doctor Peter J. Davies, del Hospital St. Vincent, de Melbourne (Australia), que asegura que el músico contrajo una infección estreptocócica , que causó una exacerbación del síndrome de Henoch-Schönlein y de la insuficiencia renal. El doctor Carl Bär apuesta por la fiebre reumática aguda, mientras que la triquinosis la defiende el doctor Jan Hirschmann. Y una hipótesis reciente apunta a que la hipocondría de Mozart le habría llevado a ingerir medicinas con antimonio, sustancia que se le administró en los últimos días.

En 2009, tres investigadores de la Universidad de Ámsterdam (Holanda) -Richard Zegers, Andreas Weigl y Andrew Steptoe- publicaron en la revista «Annals of Internal Medicine» un artículo en el que señalaban que la causa de la muerte de Mozart fueron las complicaciones causadas por una faringitis estreptocócica. Según los científicos, la infección podría haber provocado una hinchazón fatal de sus riñones. Ésta es, actualmente, la teoría más plausible del final del compositor.

Zegers, Weigl y Steptoe compararon los males sufridos por el músico, como los edemas y dolores de espalda, con las enfermedades más comunes de la época. Analizaron hasta cinco mil casos entre 1791 y 1793 y descubrieron que los edemas eran la tercera causa de muerte, sólo después de la tuberculosis y la malnutrición. «Nuestro análisis es coherente con la posibilidad de que la enfermedad final y la muerte de Mozart se hayan debido a una infección con estreptococos que condujo a un síndrome nefrítico agudo», concluía el artículo que, sin embargo, no cerraba las puertas a otras posibles causas: la fiebre escarlatina, un mal crónico cardíaco o alguna enfermedad renal.

También sobre sus últimos días ha habido y hay mucha literatura. Benedickt Schack, cantante y amigo de Mozart (para él escribió el papel de Tamino en «La flauta mágica»), relató que la víspera del fallecimiento varios cantantes se reunieron para interpretar delante del compositor su «Réquiem», que hubo de interrumpirse al romper a llorar tras escuchar el «Lachrymosa».

Y mucho se ha hablado de su triste entierro del músico austríaco, al que apenas acudió nadie. Paul Johnson escribió: «Tampoco es verdad que Mozart tuvo un funeral de indigente debido a la penuria de su esposa. Sin duda que Constanze fue aconsejada de no celebrar un entierro ostentoso o caro. Pero el modesto entierro en una fosa común, en el camposanto de la iglesia de San Marco en las afueras de Viena, se efectuó conforme a las costumbres funerarias en uso. Asistió un buen número de músicos, entre ellos Salieri. Se realizaron varios homenajes, por ejemplo, una misa de réquiem en Praga, con 120 músicos, el 14 de diciembre de 1791,en la que estuvieron presentes cuatro mil personas; en Viena se organizó un concierto en beneficio de Constanze el 23 de diciembre que recaudó 1.500 gulden, de los cuales 120 fueron aportados por el emperador».