Elza Soares inaugurará el festival La Mar de Música, en Cartagena, el 19 de julio
Elza Soares inaugurará el festival La Mar de Música, en Cartagena, el 19 de julio - Patricia Lino
MÚSICA

Elza Soares: «Las dificultades en la favela me hicieron ver la música como una oportunidad de ganar dinero»

La conocida como «reina de la samba» recuerda los inicios de su carrera en uno de los barrios más pobres de Río de Janeiro, antes de su concierto en el festival La Mar de Músicas de Cartagena

MadridActualizado:

Elza Soares (Río de Janeiro, 1937) solo era una chiquilla de 17 años y 38 kilos, escuálida, mal peinada y peor vestida, cuando se presentó en los estudios de la poderosa Rádio Tupi. Venía de Moça Bonita, una de las favelas más pobres de su ciudad natal, para participar en un popular concurso de cantantes. «Siempre había música a mi alrededor. Dalva de Oliveira, Ângela Maria… Y en mi casa solían reunirse familiares y amigos para tocar choro. Desde joven supe que la música era el alimento del alma», cuenta Soares sobre el barrio en el que creció, muy cerca de donde Ernesto Dos Santos «Donga» grabó, unos años antes, la primera samba de la historia: Pelo Telefone.

Pero no fueron todo canciones bonitas en la vida de Elza. A los 12 años, fue obligada a casarse con un amigo de su padre. A los 13 tuvo su primer hijo. El segundo nació al cumplir los 15, pero murió de hambre poco después. Y cuando nació el tercero, recién cumplidos los 17 y con su marido enfermo de tuberculosis, fue cuando se presentó en el programa del famoso compositor Ary Barroso. «Me puse un vestido de mi madre dos veces más grande que yo y me lo ajusté con alfileres. Parecía una bruja, estaba muy rara. Cuando Ary me vio, me preguntó con sorna de qué planeta venía. Todo el público empezó a reírse de mí, me molestó mucho, porque yo había ido allí a intentar ganar dinero para comprar comida para mis hijos. Pero como no me avergonzada de ello, contesté con sinceridad:

Vengo del mismo planeta que usted.

¿Y qué planeta es ese, niña?

Del Planeta Hambre».

Las risas cesaron de inmediato. Soares cantó, recibió la puntuación máxima y ganó el concurso. «Señores, ha nacido una estrella», dijo Barroso al ver su potencial. Y no se equivocó. Poco después dejó la fábrica de jabón en la que trabajaba y, tras quedarse viuda a los 21, grabó el primero de sus 34 discos, « Se Acaso Você Chegasse» (Odeon, 1960). La gente empezó pronto a hacer largas colas para escuchar aquella voz rota que dominaba como pocas el jazz, la samba y la bossa nova, y que este año inaugura el festival La Mar de Música de Cartagena (19 de julio).

Aquel fue el inicio de una carrera con la que se ganó la admiración de músicos como Louis Armstrong o el recientemente fallecido João Gilberto y por la que recibió una condecoración del mismo presidente Juscelino Kubitschek. Se convirtió en un personaje famoso por su tormentoso matrimonio con Garrincha, la estrella de fútbol, y fue elegida por la BBC, en el 2000, como «la mejor cantante del milenio». Un honor que recibió tras participar en una serie de conciertos junto a Gal Costa, Chico Buarque, Gilberto Gil, Caetano Veloso y Virgínia Rodrigues, tras una década alejada voluntariamente de los escenarios. Fue entonces cuando inició su segunda juventud con la ayuda de varios músicos jóvenes de la vanguardia brasileña que la empujaron a coquetear con la música electrónica, el hip hop o el drum and bass, para volver a ser la reina de la samba.

Con todos los golpes que le ha dado la vida, ¿pensó muchas veces en dejar de cantar?

A principios de los 80 decidí dejarlo por la crisis del mercado musical en Brasil. Incluso tuve que cantar en un circo para poder criar a cinco hijos. Se lo comenté a Caetano y me dijo que una abeja nunca abandona su colmena. Me invitó a grabar « Lingua», una canción de su álbum «Velo» (Philips, 1984), con la que impulsó mi carrera de nuevo y pude seguir cantando.

Y hace cuatro años tuvo el valor de confiar su carrera a un grupo de músicos vanguardistas alejados de lo que usted había hecho desde 1960.

Es que estoy loca... Mi cabeza nunca deja de pensar en música. Participé en « A Mulher do Fim do Mundo» (Circus, 2015) y « Deus é Mulher» (Deckdisc, 2018) para trabajar con una mezcla de estilos. Esa búsqueda de nuevas tendencias siempre ha estado presente en mi vida. Crear cosas nueva me inquieta.

De los grandes músicos con los que ha colaborado, ¿cuál le ha impresionado más?

He tenido la oportunidad de cantar con algunos de mis ídolos, como Caetano, Chico Buarque, Ella Fitzgerald y Eartha Kitt. Todos me dejaron experiencias únicas que no tienen precio, pero la pasión que le pone Caetano a su música y el genio de Chico siempre me impresionaron más.

¿Fue consciente de su propio talento desde pequeña?

Las dificultades de mi vida en la favela me hicieron ver la música como una oportunidad para ganar dinero. En mi casa no teníamos agua y yo tenía que traerla en cubos sobre la cabeza. Cada vez que levantaba uno hacía una especie de «groove» con mi voz, un swing con un ritmo especial con el que pensé que podría llamar la atención y convertirme en una cantante diferente.

¿Ha regresado a Moça Bonita alguna vez?

Sí. Y cada vez que vuelvo, me emociono mucho. Recuerdo mi vida y lo que he logrado y me siento muy orgullosa. Además, mi corazón se recarga de coraje para seguir viviendo y luchando por lo que creo.

¿Su música habría sido diferente si hubiera tenido una vida más fácil?

Quizá, porque mi música refleja lo que he vivido y todo ese sufrimiento me ayudó a encontrar la fuerza necesaria para continuar con mi carrera.

Usted ha contado en más de una ocasión que fue víctima de la violencia machista. ¿Le resultó difícil grabar la canción «Maria da Vila Matilde» en 2002, en la que cargaba contra la lacra en Brasil?

Con aquella canción quise alertar sobre las relaciones abusivas que existen en Brasil y en otros países, y de las que no se habla abiertamente. La canción se convirtió en una especie de himno que alentó a muchas mujeres a pedir sus derechos. Este tema ha sido una preocupación constante en mi carrera, por lo que, independientemente de mis experiencias personales, no fue difícil encontrar el coraje para cantar sobre ello.

En sus discos también ha denunciado el racismo. En «A Carne Negra» cantó versos como «la carne negra es la más barata del mercado». ¿Hay todavía xenofobia en Brasil?

Sí. Brasil es uno de los países con mayor discriminación del mundo. Hay mucho trabajo por hacer en este sentido. Por eso sigo cantando esa canción, como un recordatorio de que la tarea para eliminar la discriminación no ha terminado.

¿Cuál fue el primer cantante del que se enamoró?

Chet Baker. De joven me causó una gran impresión por la pasión y la verdad con la que tocaba y cantaba. Me sentía muy conectada a él por esa misma sinceridad.

¿Y qué músicos jóvenes de Brasil ha descubierto últimamente que deberíamos escuchar?

Baiana System, un colectivo musical del estado de Bahía que mezcla rock y reggae brasileño con poesía escrita por Russo Passapusso. Son unos genios y el mundo debería escucharlos. Me gustan tanto que incluí una de sus canciones en mi próximo álbum, que saldrá en septiembre.

¿Tiene algo que envidiar la música brasileña de hoy a la de Caetano Veloso, Gilberto Gil y João Gilberto de los 60?

Aquellos años fueron muy especiales para mí y han influenciado mucho, también, a los músicos jóvenes de hoy. Y aunque yo admiraba mucho a João Gilberto, cada década tiene cosas buenas y malas. Lo importantes es que hay espacio para todas las propuestas.