Roberto Carlos, en el Hotel Intercontinental de Madrid
Roberto Carlos, en el Hotel Intercontinental de Madrid - Eduardo San Bernardo
MÚSICA

Roberto Carlos: «Esperamos mucho de Bolsonaro, hay que darle tiempo»

Con 140 millones de discos vendidos, la estrella brasileña es desde hace décadas el cantautor más famoso de la historia de Brasil, con una vida llena de éxitos que estuvo siempre acompañada de un gran dolor a causa de las tragedias

MadridActualizado:

¿Cuándo fue la última vez que le dijo a alguien «te quiero» en persona, que no sea cantando? La pregunta sorprende a Roberto Carlos (Cachoeiro de Itapemirim, 1941), que se queda en silencio varios segundos, como midiendo sus palabras. Uno de los muchos miembros de su equipo presente en la habitación presidencial del Hotel Intercontinental de Madrid también suspira. Finalmente, el cantante brasileño arranca: «¡Uy, qué pregunta más difícil y peligrosa! Dejémoslo en que hace unos meses… y fue a una mujer». Sonríe.

Resulta curioso el pudor para responder a esa pregunta del hombre que lleva cantándole al amor y grabando música romántica desde que los Beatles se llamaban Quarrymen y Elvis Presley estaba en el ejército. «Sigo haciendo lo mismo, sí, cantando las mismas canciones y contando las mismas historia de amor desde hace sesenta años. Y espero seguir haciéndolo cada vez mejor», reconoce el cantautor más famoso de la historia de Brasil. Un trono conseguido gracias a éxitos como « Lady Laura», « Un millón de amigos», « La distancia», « El gato que está triste y azul» y otros seiscientos temas más.

En 1972, reconocía en ABC que no había aportado nada a la música brasileña. ¿Lo sigue pensando tras convertirse en el intérprete que más discos ha vendido de Latinoamérica, con más de 140 millones?

Sí, lo pienso. Es cierto. No creo que musicalmente haya contribuido mucho, la verdad. En el sentimiento puede que sí, pero mis canciones son aún muy sencillas y yo, sinceramente, no soy ningún experto en música.

¿Siente que la crítica no le ha tratado con el mismo respeto y seriedad que a artistas como Caetano Veloso, Gilberto Gil o João Gilberto?

Todos esos artistas con un lenguaje más sofisticado y un aspecto más intelectual que el mío siempre han tenido más espacio en la prensa que yo. Siempre sentí que mi música, más sencilla, impresionaba menos a los críticos, quienes no la recibían igual que el público. Pero, por otro lado... bueno, yo vendía más discos [risas]. La diferencia entre las cifras de Caetano, Gilberto y João y las mías era muy grande. Por eso nunca me dolía.

Jobim, el «maestro»

Roberto Carlos ríe con facilidad y se entusiasma al hablar de otros artistas como el gran Antonio Carlos Jobim, el hombre que internacionalizó la bossa nova en los 60, mientras él se decantaba por las baladas románticas. «Él era un maestro. La sencillez, el buen gusto y la sensibilidad con la que hacía sus canciones eran increíbles. Siempre le respeté mucho, como a los otros, pero yo siempre quise hacer las cosas a mi manera», subraya el cantante, que bromea a menudo, habla suave y se muestra muy cercano para ser una estrella de su talla.

Todo parecería dentro de lo normal si uno hace oídos sordos al pequeño revuelo entre los miembros de la prensa, que salen de la entrevista hablando de la excentricidad del protagonista. O si uno no se fija en las zapatillas azul cielo de sus guardaespaldas, ni en las prendas del mismo color con que viste todo su equipo y los periodistas que acuden a la cita. Ya nos habían avisado: «Mañana elige tonos azules y blancos para ir vestido y evita los zapatos marrones». Una petición insólita que responde al trastorno obsesivo compulsivo que sufre el cantante desde hace décadas y que le obliga a viajar con su propio mobiliario en las giras, evitar dar conciertos en agosto, firmar contratos en luna menguante y usar palabras como «mentira», «gafe» o «infierno». «Me gustaría no hacerlo, pero el trastorno es una cosa muy complicada. Quienes lo tenemos, sabemos que no tiene sentido, pero lo hacemos simplemente», confesó en Univisión hace cuatro años.

No es el único obstáculo con el que el «cantante del millón de amigos» ha tenido que lidiar en sus 78 años de vida, hasta llegar ahora a Madrid y Galicia para ofrecer sus primeros conciertos en España en 25 años. El objetivo: presentar « Amor sin límite» (Sony, 2018), su último trabajo, con la colaboración de Alejandro Sanz y Jennifer López. A los seis años fue arrollado por un tren de vapor mientras jugaba en la estación de su pueblo y tuvieron que amputarle una pierna, algo que se percibe cuando se incorpora lentamente con su prótesis para estrechar la mano. Eso no le impidió seguir luchando por su sueño: «A los 17 años necesitaba un empleo y recorrí los bares hasta encontrarlo en Río de Janeiro: un night club en el que cantaba todo tipo de música. Después conseguí que me dejaran un estudio a través de Carlos Imperial y José Abelardo “Chacrinha”, dos populares presentadores de televisión que me ayudaron a grabar mi primer disco, todo de bossa nova».

Pudo ser otro Caetano Veloso o Jobim, entonces. ¿Qué ocurrió, no tuvo mucho éxito?

No es que no tuviera mucho éxito, es que ¡no tuvo ninguno! Yo creo que vendí doscientas copias como mucho.

¿Qué hizo después?

Me patee todos los estudios para que me dieran otra oportunidad, hasta que el último aceptó. Le dije a Carlos Imperial: «Amigo, ayúdame, solo me queda este intento». Al ser conocido, llamó a la CBS y consiguió que me aceptaran con un disco más variado: bossa nova, canciones románticas y hasta un bolero. ¡Ahí despegó mi carrera! Después vino mi época iê-iê-iê, esa mezcla de rock brasileño y los Beatles que llamaron el Movimiento de la Joven Guardia. Pronto me di cuenta de que esa música tenía ritmo, pero yo hacía letras románticas. Así que grabé la canción « Como É Grande o Meu Amor por Você», que fue un éxito.

Un triunfo que Roberto Carlos vivió siempre acompañado de un gran dolor a causa de la tragedias, las cuales le provocaron una gran depresión que le llevó a dejar la música durante una década cuando estaba en lo más alto. «Siempre digo que el amor rima con dolor. No debería ser así, pero así es, y yo he tenido muchas alegrías con el amor, pero también he sufrido mucho… Y al final he sobrevivido», confiesa. María Lucila Torres, la mujer con la que mantuvo un intenso romance con 25 años murió de cáncer de mama dos días después de reconocer al hijo que tuvieron juntos. En 1990, otro cáncer le arrebató a su primera esposa, Cleonice Rossi, con quien tuvo tres hijos más, uno de los cuales acabó ciego a causa de un tumor en la retina. Su tercera mujer, un amor de juventud que se reencontró en la madurez, la pedagoga María Rita Simoes, perdió también su batalla contra el cáncer a los tres años de relación.

Siendo usted muy creyente, ¿nunca has sentido que Dios le abandonaba?

Eh… bueno… sí, he reflexionado mucho sobre eso en estos años de tristeza y extremo dolor que he vivido. Pero no, nunca he llegado a creérmelo del todo. Al final siempre pensé que la vida es así y que tenemos que superar todos los obstáculos para seguir viviendo.

Durante su carrera, Brasil ha vivido desde dictaduras a gobiernos democráticos de izquierdas y derechas, más o menos corruptos. ¿Cómo ha evitado siempre hablar de política y posicionarse?

Porque la política es una cosa muy complicada y yo siempre intento ser positivo. En Brasil estamos viviendo ahora el principio del Gobierno de Bolsonaro y, como es lógico, esperamos mucho de él. Los problemas antiguos son muchos y tiene dificultades para solucionarlos. Espero que lo consiga, pero creo que hay que darle tiempo, es muy temprano para opinar.