El escritor Santiago Velázquez
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Darán que Hablar

Santiago Velázquez: «Me hubiera gustado pertenecer al Club de los Poetas Muertos»

Este escritor madrileño, amante de clásicos como Faulkner, Thomas Mann o Tolstoi, acaba de publicar «Viaje de invierno». Él es de los que Darán que Hablar

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- ¿Cuáles son sus intereses como escritor?

- Me interesan las historias de los perdedores y fracasados, de los que están bordeando los márgenes de la sociedad, los inadaptados, los solitarios, los culpables, aquellos que no encajan fácilmente en lo establecido, pero también los soñadores y los que quieren cambiar las cosas tal como nos las venden.

- ¿Y como lector?

- Leo fundamentalmente novela y poesía, aunque también biografía y ensayos. Ahora estoy leyendo una biografía de Schubert y el poemario «Epitafio para Nueva York», del poeta libanés Adonis. Leo con atención a los clásicos, que es donde uno realmente aprende. No hay como leer con papel y lápiz a Faulkner: he aprendido más en sus libros que en todos los años que he estudiado literatura como alumno.

- ¿Sobre qué temas suele escribir?

- Sobre la soledad, la culpa, las relaciones amorosas, la experiencia de la pérdida, el sentido del viaje, el deseo y el olvido, el dolor que somos capaces de hacernos los seres humanos de forma irracional y cruel, la violencia sin sentido, la dicotomía arte/vida... Escribo sobre lo que decía el poeta José Emilio Pacheco: «Ya somos todo aquello/contra lo que luchamos a los veinte años». En realidad, sobre cuestiones fundamentales del ser humano, es decir, nada nuevo.

- ¿Dónde ha publicado hasta el momento?

- He publicado siempre en editoriales pequeñas. Mi anterior novela, «La extraña ilusión», ganó el Premio Tiflos de Novela y fue publicada por Edhasa/Castalia, tuvo muy buenas críticas y amplia repercusión mediática. «Viaje de invierno» la acaba de publicar Zut, una prestigiosa editorial de Málaga que hace unos libros preciosos y exigentes, y que está dirigida por Juan Bonilla.

- ¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

- Con estas dos últimas quizá, por ser las más recientes. He puesto muchos esfuerzos y ambición literaria en ellas. Las he escrito con la conciencia de estar midiéndome con los grandes, con Faulkner, con Thomas Mann, con Tolstoi… Cuando terminaba una página me preguntaba: «¿Qué diría Mann sobre ella? ¿La aprobaría Sebald?» Es la única manera que hay de ponerse a escribir. El problema es que, cuando te comparas, tus libros palidecen, pero es tu obligación intentarlo. Me pesa y desasosiega eso que decía Harold Bloom de la angustia de las influencias. Estoy en eterno debate con los grandes y desconfío permanentemente de lo que consigo.

- Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

...leí a Baroja. Fue «La casa de Aizgorri», la primera novela del autor vasco, tenía yo 11 años y fue uno de los primeros libros que me compré (junto a Graham Greene y a Shakespeare, una locura ahora que lo pienso), espoleado por un profesor de la EGB. Todavía lo conservo, una edición de Austral, fechada y firmada con una letra infantil y redonda. Las hojas amarillean y las tapas están plastificadas con forro transparente. Cuando la acabé (apenas recuerdo que era una novela dialogada y que la protagonista se llamaba Águeda) me quedé fascinado. Después leí «La busca» y entonces supe que yo quería escribir historias como aquellas.

- ¿Cómo se mueve en redes sociales?

- Lo justo y necesario. Es el arte del yo-yo: una sobreexposición personal y un mirarse en el espejo como Narciso para decir continuamente lo bueno, guapo y rubio que uno es. Ahí coincido con el filósofo Byung-Chul Han cuando dice que «el exceso de exposición de esta sociedad hace de todo una mercancía. En la sociedad expuesta, cada sujeto es su propio objeto de publicidad».

- ¿Qué perfiles tiene?

- Estoy en Facebook con la privacidad máxima: sólo 29 amigos.

- ¿Cuenta con un blog personal?

- Sí, tengo un blog de literatura que publico en la edición española de El Huffington Post.

- ¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

- La mayor actividad es leer y estudiar lo que leo, analizo las novelas que me han impresionado, quiero aprender de los maestros. Y poco más. Bueno, si podemos incluir como actividad relacionada con la literatura una comida con dos amigos al semestre donde hacemos un repaso de todo lo que se escribe y publica en España y fuera de aquí, pues también.

- ¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

- No, pero cuando era un adolescente me hubiera gustado pertenecer al Club de los Poetas Muertos.

- ¿En qué está trabajando justamente ahora?

- Tengo varios gérmenes de ideas, esbozos de historias y personajes que me persiguen día y noche, pero no se ha concretado nada aún. Maduro mucho la historia antes de ponerme a escribir. Puedo estar un año dándole vueltas a qué voy a hacer con un personaje concreto.

- ¿Cuáles son sus referentes?

- Que escriban en español: Quevedo, Baroja, Galdós, Cela, Rafael Chirbes, Manuel Longares, Juan Bonilla, Onetti, Ramiro Pinilla, Vargas Llosa (muy ecléctico como se puede ver). En otras lenguas: Herman Broch, Dostoievski, Thomas Mann, Proust, Stendhal, Philip Roth, Melville, Bukowski, entre otros muchos.

- ¿Y qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

- Me gusta esta pregunta particularmente porque parece que cualquier escritor de hoy está obligado a silenciar la admiración por autores coetáneos, algo que ocurre sobre todo entre los escritores españoles. Yo destacaría, entre muchísimos otros, a Carlos Pardo, Miguel Ángel Oeste, Pablo Gutiérrez, Javier Mije, Andrés Neuman, Elvira Navarro, Elena Medel o Luna Miguel. Y un poco más mayores a Lorenzo Silva, Benjamín Prado o Juan Manuel de Prada por poner solo unos pocos ejemplos de nuestro país.

- ¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

- Supongo que aporto lo que cualquier autor honesto puede aportar cuando afronta este oficio con ambición literaria: poner en entredicho la realidad. Yo busco con mis novelas que cuando el lector salga de ellas regrese a la vida real con una sensibilidad más alerta ante sus limitaciones e imperfecciones, y que eso le mueva a hacerse preguntas.

- ¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

- Me he encontrado en situaciones rocambolescas como glosar electrodomésticos (línea blanca, marrón, PAE –un verso ultraísta-) para una revista donde al menos me dejaban hacer reseñas literarias; hacer de negro para un libro sobre la educación sentimental de varias celebrities; retocar y meterle mano a discursos de periodistas famosos que acababan siendo soflamas propagandísticas para directivos de compañías; repartir mis libros de redacción en redacción para luego encontrármelos en librerías de viejo, vendidos de saldo… En fin, anécdotas que desdramatizan y te ponen con los pies en la tierra.