El sarcófago romano de plomo hallado en el sótano de un edificio céntrico de Granada - Gespad al-Andalus SLU

Los secretos que revela (y los que aún esconde) el sarcófago romano de plomo hallado en Granada

La limpieza del ataúd del siglo III está empezando a arrojar los primeros datos, antes de su apertura en los próximos días

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En la céntrica calle de la Cárcel Baja de Granada, frente a la Catedral, las excavaciones arqueológicas continúan su curso en el antiguo edificio de Villamena. Los investigadores apuran los últimos días de trabajo, buscando algún resto arqueológico de valor o, por qué no, algún enterramiento más después de la sorpresa que supuso el hallazgo de un sarcófago romano de plomo en buen estado de conservación el pasado 4 de junio.

El ataúd de plomo, antes de ser trasladado
El ataúd de plomo, antes de ser trasladado - Gespad al-Andalus SLU

Los arqueólogos se toparon con la tumba romana a 2,5 metros de profundidad con respecto al suelo del sótano, a unos 4-5 metros de la calle. Bajo una losa ligeramente aplastada descubrieron un ataúd plúmbeo de casi dos metros de largo y 40 centímetros de ancho, algo más estrecho en los pies que en la cabecera, y de entre 500 y 750 kilos de peso.

Aunque este tipo de sarcófagos están documentados en la Bética entre el siglo II y el IV d.C., Ángel Rodríguez Aguilera, el arqueólogo responsable de la prospección, lo data «entre el siglo III y IV d.C.» por el contexto arqueológico, pero con la debida prudencia. «Hasta que no excavemos su interior no podremos precisar más», indica.

Los técnicos trasladaron el ataúd el pasado 12 de junio hasta el Museo Arqueológico y Etnológico de Granada, donde está prevista su apertura «en los próximos días, a lo sumo semanas», según Rodríguez Aguilera. Un equipo multidisciplinar formado por este investigador y sus colaboradores; Inmaculada Alemán Aguilera, catedrática de Antropología Física y Forense de la UGR; Macarena Bustamante, especialista en arqueología romana de la UGR; la restauradora Carmen Jódar Hódar; y el arqueólogo inspector de la Junta de Andalucía Juan Cañavate Toribio afrontará entonces su excavación.

En su interior esperan contemplar un esqueleto acompañado de algún tipo de ajuar que, dado que el plomo conserva bien los restos, podrían encontrarse en buen estado, aunque los investigadores se muestran «muy prudentes». «Lo más importante para nosotros es la cantidad de información que podemos obtener del ritual de inhumación y las creencias de nuestros antepasados en el siglo III-IV d.C. porque son muy escasos los ejemplares sellados», subraya el arqueólogo, director de la empresa Gespad Al-Andalus.

De momento, los expertos están limpiando la superficie del ataúd y estabilizando la pieza para garantizar su conservación.

La limpieza ya está empezando a arrojar los primeros datos de interés científico, como el número de planchas utilizadas o el tipo de sellado, que es por presión, según Rodríguez Aguilera. «En principio, no parece que tenga decoración exterior pero es probable que en algún punto conserve alguna marca del fabricante», augura.

Examinando el ataúd romano de plomo
Examinando el ataúd romano de plomo - Gespad al-Andalus SLU

El sarcófago es similar a otros hallados en los últimos años en Córdoba, el lugar donde se ha descubierto el mayor número de ataúdes plúmbeos. Debió de pertenecer a una persona adinerada porque «el plomo es y era- entonces mucho más, explica el arqueólogo- un metal caro, cuya obtención no resultaba fácil. El acceso a un sarcófago funerario de este material no era fácilmente asequible».

Tumbas junto a una calzada de acceso a la ciudad

En época romana, la ciudad se circunscribía a la colina que hoy ocupa el histórico barrio del Albaicín. La parte llana, que hoy conforma el resto de la ciudad, formaba parte de la vega agrícola, surcada por tres ríos: el Beiro, el Darro y el Genil. En estos extramuros de la ciudad se han encontrado en los últimos quince años numerosos restos de villas romanas, entre los que destaca el yacimiento de Los Mondragones.

Durante el traslado
Durante el traslado - Gespad al-Andalus SLU

En el caso concreto del Darro, que es la zona donde se encuentra Villamena, han ido apareciendo enterramientos singulares que llevan a pensar a los arqueólogos que se utilizó como área funeraria. En 1902, muy cerca de este hallazgo, apareció otro sarcófago de plomo parecido al abrir la Gran Vía; en la calle Zacatín, aguas abajo, se encontró a finales de los 90 un importante conjunto de cerámicas griegas y vidrios fenicios asociado a un enterramiento; y ya casi en la desembocadura del río en el Genil -en la calle San Antón- se descubrieron varias urnas de incineración.

«Todo apunta a que siguiendo el cauce hubo una calzada de acceso a la ciudad romana y cerca de esa vía se producían enterramientos, unos más suntuosos que otros», subraya Ángel Rodríguez. El ataúd ahora descubierto, por tanto, «no tenía que estar necesariamente vinculado a la existencia de una villa» en el lugar.

En las excavaciones en el edificio de Villamena no han aparecido de momento más enterramientos romanos ni ningún otro resto relacionado con el sarcófago plúmbeo. «Todo lo que estamos excavando forma parte del edificio de la Alhóndiga de los Genoveses, fundada en el siglo XI y que se mantuvo como una especie de embajada comercial de los italianos en la capital del reino de Granada. Luego, a partir del siglo XVI se convirtió en la cárcel de la ciudad y siguió con ese uso hasta que fue demolida en 1932», relata el arqueólogo responsable de la prospección. Una vez concluyan los trabajos de campo, los investigadores valorarán los hallazgos en un informe y, si en la obra de remodelación del edificio para convertirlo en un hotel se hace un sótano, se realizará un control arqueológico de los movimientos de tierras.