El ministros Santos Silva, la vicepresidenta Calvo y el historiador Álvarez Junco, junto a los retratos del Rey, Magallanes y Elcano, ayer en el cuartel general de la Armada Española - José Ramón Ladra / Vídeo:España y Portugal conmemorarán la primera vuelta al mundo

Carmen Calvo pide a un historiador que certifique que la hazaña de Magallanes y Elcano no fue española

El Gobierno, molesto por el dictamen basado en hechos históricos de la Real Academia de la Historia, acude a Álvarez Junco en su presentación conjunta con Portugal

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La historia está, en España, al albur de la política. Y la política se empeña en borrar aspectos centrales de la historia nuestra. Por ello se nos impide relacionarnos con naturalidad con el pasado. Una y otra vez. La vicepresidenta Carmen Calvo y el ministro de Negocios Extranjeros de Portugal, Augusto Santos Silva, presentaron ayer en Madrid y Lisboa la celebración conjunta de los 500 años de la Primera Vuelta al Mundo de Magallanes y Elcano. El tono de una cooperación deseable no permite olvidar que ha sido precedida de no pocas polémicas, de las que los lectores de ABC han tenido cumplida cuenta y que llevó a este periódico a solicitar un informe a la Real Academia de Historia para evitar confusiones ante la capitalización que los portugueses hacían de una expedición «netamente española». La diplomacia ha hecho posible que la conmemoración no acabase mal, aunque el precio haya sido ese guión, presentado ayer, que impide a los españoles sentirse orgullosos ante los méritos objetivos de aquella Circunnavegación que hizo posible la primera globalización.

Contra un dictamen de la Academia que al Gobierno le resulta tan incómodo, Carmen Calvo eligió ayer al historiador José Álvarez Junco, a pesar de que no ha participado, hasta ahora, en una sola de las reuniones de la Comisión para la Conmemoración, en la que abundan historiadores. Álvarez Junco hizo todo lo que pudo por preservar esta celebración fuera de cualquier sentimiento positivo que tenga que ver con la historia de España ante lo que denominó una «hazaña humana», así, en general. El mismo historiador que aseguró como perito en una comisión parlamentaria que «España no existirá dentro de 3.000 años», ayer nos dijo que en 1519 «España no existía». Es casi una obsesión que viene expresando repetidamente Álvarez Junco, autor de «Mater dolorosa» sobre la identidad de España en el XIX y su gravitación sobre las derechas, que nos previene contra el nacionalismo español, así en general, más que contra los periféricos.

Sin «glorias nacionalistas»

Para preservar la conmemoración en los términos de un pacto bilateral, dijo: «Una idea quiero lanzar: hay lugar para muchos pero no para glorias nacionalistas». Afirmó Álvarez Junco que España no era el mismo sujeto político que ahora -Magallanes y Elcano servían al Rey de Castilla- y dijo más: «España en esos años significa Península Ibérica», con Portugal y todo. Lástima que el rey portugués Manuel I no se hubiera dado cuenta y tratara de hundir la armada. Pero el roce ibérico ha dado paso al cariño ibérico, así, en general. Cualquiera pensaba al oírlo en «La balsa de piedra» la novela del genial Saramago en la que la Península, desgajada de Europa, comenzaba una deriva desconcertante, tal vez anuncio de otra celebración conjunta u otra vuelta al mundo marinera.

Con tanto afán preservativo del historiador, la selecta audiencia que acudió ayer a la presentación en el cuartel general de la Armada -entre la que destacaban dos ministros, José Guirao y Margarita Robles, de Cultura y Defensa, respectivamente, así como varios embajadores de los países por los que Magallanes y Elcano navegaron entre 1519 y 1522- no pudo por menos que respirar con alivio cuando intervino el ministro portugués Santos Silva, que leyó un discurso coherente y brillante, defendió los logros que sucedieron a aquella hazaña, citó a Elcano (como pocas veces lo había hecho antes un miembro del Gobierno de Portugal) como parte esencial de la expedición, habló de la persecución y sobre todo trató la historia de ambos países con una naturalidad pasmosa. Envidia daba.

Y además puso en relación aquella navegación con los problemas del mundo actual, desde la sostenibilidad de los océanos hasta los desafíos culturales: «El V Centenario es la ocasión de estimular el conocimiento con rigor» de esta «hazaña que hizo evidente la unidad del planeta y la humanidad, y también los beneficios de la apertura, la innovación y el riesgo», aseveró. Un discurso bien armado, que muestra la estrategia y ambición con la que Portugal se acerca a este centenario desde hace años y que provocó en más de uno el impulso leve de pedir asilo en la embajada. A diferencia del país vecino, hasta la semana pasada los miembros de la Comisión Ejecutiva de la Conmemoración española no tuvieron el informe de estrategia internacional. Llegamos tarde. Improvisamos. Nadie hace autocrítica, nos vale con que España no exista.

Carmen Calvo agradeció a Álvarez Junco su «intervención certera, porque no podemos analizar con ojos del presente los hechos del pasado» (sic). Agradeció a quienes van a colaborar en los 193 eventos de recuerdo de esta «gesta ibérica, este esfuerzo europeo por la actitud abierta de descubrirnos a nosotros mismos».

Calvo anunció la Ruta de Patrimonio Mundial solicitada a la Unesco hace meses por Portugal en solitario y ahora por ambos países. Valoró la declaración de los Gobiernos -no se permitieron preguntas- en la que se anuncia la navegación conjunta de los buques escuela Sagres y Elcano, exposiciones itinerantes y un congreso internacional en 2021, así como una declaración de los ministros de la UE, «importantísima».

Marítima, ibérica, europea... menos española, cualquier cosa: la celebración no acaba en siniestro total, como parecía. Pero nos quedamos, como mucho, a medias. Como cantaba el grupo gallego: «Menos mal que nos queda Portugal».