EL PROBLEMA DEL AGUA

El Ebro gana en una semana tres veces más agua que las desaladoras en un año

La última crecida aporta 314 hectómetros a la cuenca más caudalosa de España frente a los 103 anuales de la desalación; el Gobierno del PSOE gastó 540 millones en cinco plantas en la Comunidad Valenciana que siguen sin funcionar

Imagen del último desbordamiento del Ebro - ABC
ALBERTO CAPARRÓS - Valencia - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Los embalses de la cuenca del Ebro han aumentado sus reservas en 314 hectómetros cúbicos en apenas una semana, tres veces más que toda el agua que generaron las desaladoras del arco mediterráneo español –que supusieron una inversión superior a los quinientos millones de euros en la etapa del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero– en un año.

De acuerdo con los datos difundidos ayer por el Ministerio de Agricultura, la crecida del Ebro propiciada por las lluvias de la pasada semana elevó las reservas de los embalses de la cuenca en 314 hectómetros. Una cantidad similar a la que se habría trasvasado en un año a la Comunidad Valenciana. El Ejecutivo socialista derogó por decreto la ley del trasvase y, a cambio, puso en marcha el Plan Agua. Un proyecto que cambiaba las transferencias entre cuencas por la política de desalación, y que supuso una inversión pública superior a los quinientos millones de euros. El objetivo era el de lograr «más agua, de mayor calidad y a menor precio» que la contemplada en el trasvase del Ebro.

Las estadísticas oficiales revelan que no se cumplió ninguna de las tres premisas. De hecho, según la Sociedad Estatal Aguas de las Cuencas Mediterráneas (Acuamed), en 2014 el volumen total de producción de agua por parte de la sociedad pública alcanzó los 194,2 hectómetros cúbicos –lo que supone un incremento del diecinueve por ciento respecto a 2013–. Del total, no obstante, la producción de agua desalada apenas llegó a los 103,5 hectómetros cúbicos en el último ejercicio, un veintitrés por ciento más.

A pesar de este incremento, las cifras oficiales demuestran cómo la desalación no cubre, ni de lejos, las demandas hídricas de la Comunidad Valenciana, en contraposición a las cuencas excecentarias.

Pérdidas millonarias

Así, mientras la Comunidad Valenciana sufre uno de los peores ciclos secos del último siglo y medio, con unas pérdidas por la sequía que se elevan por encima de los trescientos millones de euros, la cuenca del Ebro se encuentra al 78,2 por ciento de su capacidad, con un total de 5.911 hectómetros cúbicos embalsados. Por contra, los pantanos del Júcar apenas guardan el 42,9 por ciento de su capacidad. En términos absolutos, los embalses de la cuenca solo cuentan con 1.430 hectómetros cúbicos disponibles. La ausencia de precipitaciones ha provocado que las reservas hayan descendido en 262 hectómetros cúbicos en relación a la misma semana del año anterior.

Mientras, el estado de los embalses de la cuenca del Segura se sitúa en el 62,2 por ciento de sus posibilidades, lo que supone que los pantanos que riegan la provincia de Alicante y la región de Murcia (las dos zonas de España más afectadas por la sequía junto a Almería) solo disponen de 710 hectómetros cúbicos (setenta menos que hace justo un año).

Las últimas crecidas del Ebro han posibilitado que Aragón (la región más beneficiada por los caudales del río) cuente con unas reservas hídricas superiores a los 3.603 hectómetros cúbicos (más del 81 por ciento de su capacidad). En el lado contrario, los pantanos radicados en la Comunidad apenas guardan 828 hectómetros cúbicos. Una cifra que supone poco más de un tercio de su capacidad total, de acuerdo con los datos aportados ayer por el Ministerio de Agricultura, que ya recogen los efectos del temporal que barrió buena parte de España la pasada semana.

Inversión millonaria

Así, la estadística revela que las cuencas excecentarias ganan agua mientras las deficitarias mantienen sus problemas de falta de recursos. Frente a esta situación (que se ha agravado en la última década) la Comunidad Valenciana fue la principal «beneficiaria» del plan alternativo a la llegada de recursos hídricos basado en la desalación ffrente a los trasvases, que Zapatero denostó desde el minuto cero de su legislatura. De esa forma, en la región se construyeron hasta cinco plantas desaladoras –Torrevieja, Moncófar, Cabanes-Oropesa, Sagunto y Mutxamel–, con un coste total en los citados planes plurianuales de 554 millones de euros.

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