El gran «fake» de aquí a la Luna

Los bulos que niegan la llegada del hombre a nuestro satélite natural, desmontados a la luz de la razón

MadridActualizado:

La señora Custodia, natural de Pontevedra, murió con el cambio de siglo a los 104 años convencida de que el hombre no había llegado a la Luna. Patrañas a ella. No se lo creyó cuando le fueron con la noticia hace 50 años y no cambió de opinión hasta la tumba. Si se le intentaba convencer de lo contrario, agitaba las manos en el aire, unos aspavientos con los que parecía quitarse de encima esa idea tan descabellada, esa locura. No, no, no. Muchos de sus coetáneos también se mostraron reacios a aceptar que una nave tripulada había llegado hasta ahí arriba. Se les excusa, al fin y al cabo vivían los comienzos de la era espacial y la idea resultaba apabullante. Pero hoy en día, que hijos, nietos e incluso bisnietos de la generación del programa Apolo sigan abrazando una de las mayores teorías conspirativas de la Historia es delirante. Según los negacionistas, el primer alunizaje (y en consecuencia los otros cinco hasta 1972) fue un fraude perpetrado por la NASA y el gobierno estadounidense, un burdo montaje rodado con una nave de cartón piedra en un plató de televisión para no quedarse atrás en la carrera espacial y ser humillados por los soviéticos. Estos son algunos de sus argumentos, imposibles de sostener a la luz de la razón.

-La bandera ondeante:Cierto, la bandera de Estados Unidos colocada por los astronautas Buzz Aldrin y Neil Armstrong no debería ondear, porque en la Luna no hay atmósfera. ¡Pero es que no lo hace! La enseña da sensación de movimiento porque en la parte superior hay una especie de travesaño horizontal que la sostiene. De igual manera, está hecha con un material que pretende dar esa impresión.

-No se ven las estrellas:La superficie lunar refleja la luz con mucha intensidad, por lo que el tiempo de exposición de las fotos era demasiado corto como para recoger la luz mucho más débil de las estrellas. Ocurre lo mismo en muchas imágenes tomadas desde la Estación Espacial Internacional (ISS) o los paseos de los transbordadores.

-Las sombras no son paralelas:Es el efecto que provoca el hecho de pasar de las tres dimensiones a una imagen de dos dimensiones, debido a la perspectiva.

-Pero qué bien se les ve:El traje blanco de los astronautas, un color escogido a propósito, se ve perfectamente porque el regolito, el suelo lunar, refleja la luz muy bien.

-Un rover demasiado grande:¿Cómo pudo caber en la nave el gigantesco vehículo lunar? Plegado como una gran figura de origami y adosado a su superficie. Hay vídeos que muestran cómo fue desplegado y colocadas sus cuatro ruedas.

-La letra C en una piedra:Tan solo es un trozo de fibra que se cayó en el revelado y copia de las fotografías.

-El alunizaje no levantó polvo: En realidad, la nave o el vehículo lunar sí levantaron polvo, pero al no haber atmósfera, este no quedó en suspensión y cayó en seguida.

-El plató de Stanley Kubrick:La idea de que el alunizaje del Apolo 11 y el paseo espacial fueron rodados por el famoso cineasta se extendió después de la emisión del documental «Operación Luna», dirigido por William Karel, en la cadena francesa Arte. Supuestos agentes de la CIA y exempleados de la NASA reconocían que el viaje a la Luna era un montaje. Pero la película es un experimento creativo, un «fake» en toda regla con guiños a la realidad y música cómica que en muchos países salió a la luz el día de los Santos Inocentes.

-¿Por qué creemos en conspiraciones?:El físico Eugenio Fernández Aguilar, autor del libro «La conspiración lunar, ¡vaya timo!», cree que hay dos tipos de negacionistas: «Los que buscan distinguirse por un interés mediático o económico, y aquellos que o bien no tienen cultura o bien son afines a todo tipo de ideas extrañas en contra de la norma porque así se sienten un paso por delante de gobiernos e instituciones».

-No hemos vuelto:Lo hemos hecho. Otras cinco veces hasta 1972, año en el que se suspendió el programa Apolo porque se dio prioridad a otras misiones espaciales y por motivos económicos.