El poco conocido origen del descenso del Sella
Decenas de miles de personas se congregan en las márgenes del Sella para animar a los piragüistas - EFE/Alberto Morante

El poco conocido origen del descenso del Sella

Es una de las grandes fiestas del verano. Esta vez, el 9 de agosto. Pero pocos saben cómo nació

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El origen de la prueba la encontramos en la historia de Dionisio de la Huerta, barcelonés que llevó al pueblo de Coya una piragua plegable. En poco tiempo estaba realizando excursiones fluviales junto a un par de amigos con quienes, en 1930, emprendió el primer descenso del Sella. Emplearon siete horas en hacerlo y, sin saberlo, con ello estaban plantando la semilla de una competición que sería conocida internacionalmente. En 1932 se realizó ya el trazado actual, entre Arriondas y Ribadesella, y la tradición ha seguido hasta ahora, sólo interrumpida durante los años de la Guerra Civil e inmediata posguerra.

A las 12 del mediodía de uno de los primeros sábados del mes de agosto (este año, el sábado 9), cerca de un millar de piragüistas inician el descenso. La salida se hace desde el puesto que les haya tocado por sorteo, donde tienen que estar ubicadas las embarcaciones una hora antes para ser verificadas por los jueces de orilla. Si no participamos en la fiesta como deportistas, a estas horas podremos disfrutar ya del ambiente que se vive en las calles de Arriondas, con miles de asistentes valiéndose de todo tipo de vehículos e ingenios para llegar hasta el río, ver el inicio de la regata y seguir su recorrido por carretera.

Unos tradicionales versos, que arrancan con Guarde el público silencio (bis) / y escuche nuestra palabra (bis), dan el pistoletazo de salida a la carrera. Los piragüistas reman un total de 20 kilómetros desde el puente de Arriondas a Ribadesella, excepto para las categorías inferiores, que finalizan en el puente del ferrocarril de Llovio, cinco kilómetros antes. En este trepidante viaje cuentan con los gritos de ánimo del público, además de la compañía del resto de participantes y la caravana de automóviles que realizan el recorrido por carretera.

Una vez finalizada la carrera, el ambiente continúa en los Campos de Ova donde se entregan los trofeos a los ganadores de cada categoría y se disfruta de una multitudinaria comida campestre, en la que no faltan la música popular, el baile ni, por supuesto, la sidra asturiana. Un poco más adelante, en Ribadesella, como no podía ser de otra forma, la fiesta sigue hasta altas horas de la madrugada en chiringuitos y tradicionales verbenas.

Sugerencia gastronómica

Al pasar por tierras asturianas, siempre es muy recomendable hacer un alto en el camino para disfrutar de su exquisita gastronomía. Aprovechando nuestra estancia en Arriondas, por ejemplo, podemos visitar el restaurante El Corral del Indianu, donde se apuesta por la comida ecológica y el producto natural, y probar unos sorprendentes bombones de cabrales y manzana asada con chocolate blanco, o su versión actualizada del Pote Asturiano. Ya en Ribadesella, podemos ir a La Huertona, y disfrutar con su exquisita chuleta a la brasa o, por supuesto, sus angulas a la cazuela.

Fuente: Guía Repsol.