Los descensos de ríos más espectaculares de España

Los descensos de ríos más espectaculares de España

Aguas más o menos bravas, pero este año abundantes. Diez cauces para remar y disfrutar de los paisajes

a. carra
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Aguas más o menos bravas, pero este año abundantes. Diez cauces para remar y disfrutar de los paisajes

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  1. Río Ulla

    Su potencial es el del Miño, el más conocido de los ríos navegables de Galicia, pero menos explotado. En el Ulla, un río limpio con muchas zonas de represas de molinos y pesqueiras de lamprea, se puede remar todo el año y combinar aguas bravas con zonas más tranquilas pero solemnes como puede ser «La Ruta de los Cruceiros», por donde se supone que fueron conducidos los restos del Apóstol Santiago.

    Dos de los tramos que pueden hacerse en piragua son el que van desde Herbón hasta Rianxo (12 kilómetros, 4 horas), o el que sale desde Puente Ulla, en Vedra, y llega hasta Puente de Sarandón (8 kilómetros, 2 horas y media). Estos dos tramos, el de Puente Ulla a Sarandón, de corrientes lisas y paisajes espectaculares, y el de Herbón hasta Rianxo, ya en la desembocadura del río, son perfectos para remar relajado con la corriente a favor. Si se quiere más emoción, lo ideal es ir al tramo superior, desde Xirimbao hasta Herbón (9 kilómetros, 2 horas), donde el caudal puede ofrecernos un tramo de aguas bravas de grado III. El punto de embarque estaría un poco más abajo del área recreativa de Xirimbao, en el Ponte da Barcala, a unos 8, Kms. de Herbón, y el desembarque, detrás del monasterio de los franciscanos. Este tramo es más emocionante y además no tiene riesgo porque después de cada rápido (que son cortos) hay zonas de remanso.

    Entre los pasos más conocidos, destaca «El Lapido», un rápido encañonado con una piedra en forma de pirámide en medio del paso, que forma una considerable ola y un pequeño salto de 1 metro, pero muy limpio. La salida natural del paso es por la izquierda y si caes, se nada sin problemas. Para complicarte la existencia, en el Deza, un afluente del Ulla, tienes pasos de grado IV, y alguno de V, como «El Portugués», una rampa con un pequeño salto y una traicionera marmita de izquierdas que te espera cuando crees que has salido del paso.

  2. Hoces del Cabriel

    Este río nace en Cuenca y de junio a septiembre, la apertura de la presa de Contreras para abastecer a los arrozales y huertas de Valencia hace las delicias de los aficionados al remo. En general, no es un río rápido ni en absoluto complicado. Sus remansos largos con corriente continua y pasos aislados aseguran siempre una jornada divertida sobre sus aguas de intenso verde turquesa. Y es que la emoción en este río corre más por cuenta de las paredes verticales que encañonan el río en algunas secciones dejando pasar apenas un raft, que de la bravura de las aguas, que con todo, guardan sus sorpresas. Hay una peculiaridad del Cabriel que merece ser tenida en cuenta: en invierno es un río de aguas templadas, y en verano fresco; y en todas las estaciones, muy limpio.

    Hay tres tramos navegables comercialmente en el Cabriel: «Los Cuchillos», llamado así por las espectaculares agujas de piedra que flanquean el curso del río; «el Valle de la Fonseca», más tranquilo; y «las Hoces del Cabriel», el tramo estrella pero navegable solo de mayo a septiembre. En total, el recorrido navegable abarca desde la presa de Contreras hasta el puente romano de Vadocañas, unos 25 kilómetros que se pueden recorrer entre 3 y 4 horas atravesando pasos tan divertidos como «El Purgatorio» (grado III), un rápido largo y estrecho con mucho desnivel que termina en una marmita con un sifón en el que –tranquilos– es imposible ser atrapado porque está muy profundo. Todo el recorrido transcurre por una zona muy virgen, el Parque Natural de las Hoces del Cabriel, alejada de núcleos urbanos o rurales, cuya única manera de ver es remando. Si se quiere remar fuera de temporada, 40 kilómetros río abajo del puente romano, hay un tramo navegable todo el año que se nutre de acuíferos y ofrece un agua templada (21 grados) más que apetecible. Es una sección más abierta pero también salvaje; de bosque mediterráneo, en el que pueden verse jabalíes, ciervos, conejos y perdices. Y si lo que se quiere ver son nutrias, hay que ir a la parte alta, en las cercanías del salto de Víllora, en el barranco de las chorreras.

  3. Río Gállego

    Este río, cuyo nombre se debe a que era el camino que los romanos seguían para entrar en la Península desde la Galia, nace en Formigal, en la frontera francesa. En su comienzo es uno de los más caudalosos del Pirineo. Alterna partes tranquilas, como en su nacimiento, con otras más violentas como el tramo de Sabiñánigo-Murillo de Gállego, que va desde el pantano de la Peña hasta pasado el desfiladero de los Mallos de Riglos. Este río es una delicia para los piragüistas que se concentran para su salida en los aliviaderos del pantano de la Peña.

    El recorrido más conocido se inicia en esta presa y termina en Murillo de Gállego, unos 12 kilómetros (2 horas) más abajo. La dificultad de este tramo es de grado III + (medio-alto) y en él podemos encontrar pasos exigentes como el de «El embudo», de grado IV, en el que el río se encauza en un potente chorro con desnivel que al chocar contra las piedras provoca constantes cambios en el flujo de la corriente y obliga a los piragüistas a andar con mucho tino en los cambios de dirección. Pero además de exigente, este río presenta unas panorámicas majestuosas, como la que ofrece la «Isla Perejil», una piedra plana en mitad del río en la que todos buscan sitio para descansar al sol justo bajo los impresionantes Mallos de Riglos, las paredes de conglomerado más grandes de Europa.

  4. Hoces del Júcar

    cuencaventura

    El tramo comercial de este río conquense se sitúa entre Villalba de la Sierra y la propia ciudad de Cuenca. Más arriba de Villalba de la Sierra, antes de la central hidroeléctrica del salto de Villalba, hay otro recorrido que atraviesa los cañones del Júcar pero es muy cortito e intenso y solo para piragüistas experimentados porque se trata de una sección de grado III-IV (medio-alto) a la que se accede desde «El paraje de Arroyofrío».

    Es un tramo estrecho, de 2-3 metros de ancho, encajonado entre paredes verticales de roca caliza en donde pueden verse nidos de buitres y treparriscos, más cerca de nosotros, en el agua, es posible ver nutrias. Dependiendo del caudal que lleve el río podemos encontrarnos con toboganes y también una cascada de 5 metros (grado IV) a 500 metros del inicio en la que hay que tener mucho cuidado al saltar porque no es uniforme y las piedras que sobresalen pueden jugarte una mala pasada. Y si no lo hacen sus aristas, se encargará la «lavadora» que se forma en la caída del chorro. Para el resto del recorrido, que no supera en total los 2 kilómetros, nos quedan una zona de saltos –visible desde «el Ventano del Diablo» que finaliza en un bonito estrecho con una luz espectacular a primera hora de la mañana– y un tren de olas al final.

    Para los de espíritu más tranquilo, el tramo más comercial (grado II) comienza en la Presa de la Torre, antes del pueblo de Villalba de la Sierra y termina en el cruce para ir a Valdecabras. En total son cerca de 5 kilómetros para descender durante 1 hora. Aquí, en vez de sifones traicioneros, tenemos una playita, la del Chantre, con su merendero incluido. Los trenes de olas son suavecitos y divertidos, y abundan los remansos para darse un chapuzón. Justo antes del Chantre, está la panorámica del «Puente de los Descalzos». Un tercer tramo iría desde la zona de «Las Grajas» hasta el «Puente de San Antón», unos 6 kilómetros muy apropiados para gente que hace pista y que quiere aprovechar una buena lámina para remar.

  5. Noguera Pallaresa

    El más conocido de los ríos bravos de nuestro país nace en Pla de Beret, en el Valle de Arán. El tramo más potente y técnico abarca desde el Refugio del Fornet (Alos d'Isil) hasta la presa de Borén, pero es solo apto para piragüistas experimentados (clase IV-V). El tramo comercial (clase II-III) comienza en Llavorsí, aunque desde la presa de la Guingueta se puede remar hasta la presa de la Pobla de Segur; que normalmente es un grado III (medio), pero con el deshielo puede dar sorpresas de grado IV, y es evidente que este año, las dará.

    El recorrido comercial completo va de Llavorsí a Figuereta, unos 54 kilómetros, y se puede hacer –con parada para comer– en 7 horas, lo que indica la rapidez de la corriente. La sección de Llavorsí hasta Rialp es la más divertida (grado III), mientras que de Rialp a Figuereta se suaviza. Una de las secciones en la que se concentran más descensos es la de Moleta a Rialp, de 14 kilómetros, que se pueden descender en hora y media ó 35 minutos si el río ruge, como esta temporada hace. En «la Noguera» como la llaman en la zona, hay muchos pasos para trabajarse los riñones y dejarse el estrés en el cauce del río. Realmente terapéuticos son «El salto del Ángel», un rulo que quita el hipo; «El Pastis», un tren de rápidos con mucho desnivel; o «El 4 largo», un paso continuado con rápidos y piedras, con desnivel muy continuado (que puede llegar a grado IV). Y si aún así, seguimos reteniendo mal rollo en nuestro interior, todavía nos quedan «La Olla» (grado IV), en el que se combina una curva con medio salto, con una pared y un puente de preciosa panorámica, si es que el río te permite mirar; o el «Éxtasis» (grado IV+), un rápido encañonado muy difícil ver desde fuera del río y que realmente da mucho gustito... cuando lo superas.

  6. Sella

    Un clásico de los descensos populares. Nace en la «Fuente del Infierno», en los Picos de Europa, y de ese entorno va robando una belleza que explosiona con fuerza en la zona de Toraño, donde el río se abre para mostrar a los remeros el esplendor de los Picos. Todo su ribera está tapizada con un bosque frondoso en el que abundan arces (nada típico en España), tilos, sauces, fresnos, robles y hasta plantas carnívoras como la pinguicula grandiflora, que crecen en las regueras que desembocan en el río o un anfibio que es un endemismo cantábrico, la salamandra rabilarga, a nivel ecológico tan importante como el lince o el oso. Pero lo más normal es que disfrutemos con la presencia de mirlos acuáticos, nutrias, garduñas acercándose a beber al caer la tarde, salmones, anguilas, truchas, reos, espectaculares libélulas y hasta cangrejos autóctonos.

    El recorrido comercial completo va desde Las Rozas (Cangas de Onís) hasta Llovio (19 kilómetros, unas 6 horas). Pero se puede acortar, bien descendiendo solo hasta Arriondas (4 kilómetros, en menos de dos horas) o saliendo desde Arriondas y bajando hasta Toraño (8 kilómetros, cerca de 4 horas) o hasta Llovio (15 kilómetros, 5 horas). El recorrido es fácil en todos los tramos, especialmente en verano, cuando baja con menos agua. Y los nombres de sus pasos más conocidos no deben asustarnos; «El Rabión del Diablu» o el «Pozu de la Remolina», con sus 6 metros de profundidad, no dejarán otra cosa que recuerdos de una divertida jornada.

  7. Bidasoa

    Como buen navarro de nacimiento, es un río noble. Salva poco desnivel y es de corto recorrido (74 kilómetros en total) y medianamente profundo en su tramo de Endarlatza a Irún, en la frontera entre Navarra y Guipúzcoa, donde no supera los cinco metros. De aguas limpias y llamativos tonos verdosos, la dificultad de este río es media-baja (grado II) y el recorrido apenas supera los 10 kilómetros (3 horas). La sección más rápida es la de la zona de San Miguel, donde está la estación del antiguo «Tren Chiquito», un ferrocarril minero que iba hasta Elizondo (Navarra). En su unión con la Marisma de Txingudi se suaviza totalmente y si la marea baja, los «rabiones», láminas de agua muy sencillas, ayudan bastante. En esta zona, el río sirve de frontera entre Francia (orilla derecha) y España (margen izquierda).

    Las áreas más vistosas son las de Endarlatza, la más frondosa; la de San Miguel, con su panorámica desde el río del pueblo asentado sobre una pequeña colina; y Viriatu, entrando ya en la marisma. Los pasos más divertidos son los de San Miguel, una zona de 150 metros de rápidos provocados por los bloques de piedra que en su día eran los pilones del «Tren Chiquito». Si buscas adrenalina, en la sección encima de Endarlatza hay pasos de grado IV-V (dependiendo del caudal), como «La Musmunarra», un tren de olas de 300 metros muy potente con rulos muy fuertes.

  8. Alto Tajo

    El Tajo nace en Frías de Albarracín (Teruel), en Casas de Fuentegarcía. Curiosamente, la primera aportación de agua a este imponente río proviene de una fuente ubicada en una finca privada dedicada tradicionalmente a la cría de ganado, por lo que se ha colocado una placa un poco más abajo para que el público pueda visitar sin problemas el «nacimiento» del Tajo. En sus primeros saltos, el río no es más que un arroyuelo, hasta que recibe las aguas del Hoz Seca, afluente que en la región dicen que es el que lleva el agua y el Tajo (por ser el cauce más largo) la fama.

    Tiene muchos tramos navegables, pero uno de los más interesantes es el de su parte alta, donde se puede disfrutar de un agua, en el sentido estricto del término, absolutamente transparente. Tanto, que sus pozas de 10 metros no ocultan su fondo a los piragüistas. El entorno en general es espectacular, con colores cambiantes cada pocos metros y abundante vegetación subacuática (berros, charas, menta, groenlandia y cañaverales). Si se tiene suerte, se puede ver alguna nutria. Pero hay que ser muy afortunado o extremadamente paciente.

    En cuanto a los tramos para descender, en Peralejos de las Truchas arranca la zona más brava (grado III +) que llega hasta la laguna de Taravilla. En este tramo de unos 8 kilómetros (4 horas de descenso), nos encontramos con pasos como «El salto de la rata», de grado III +. Para los más sosegados o los que se inicien en las aguas bravas, hay un tramo más tranquilo que va desde Taravilla a Peñalén, con punto de embarque en la Fuente del Berro, entre Taravilla y Poveda de la sierra. El recorrido es de unos 7 kilómetros (3 horas) y su grado de dificultad es medio bajo (grado II) pero con pasos que con caudal pueden llegar a ser de grado III (medio), como el de «Las gradas», una serie de rápidos escalonados, sin riesgos pero con emoción. Y si uno ya tiene los riñones y los hombros más fuertes que el vinagre, y poco apego a este mundo, en el término de Zaorejas, a unos 30 kilómetros de Taravilla, hay un paso de grado IV, cuyo nombre, «El infranqueable», lo dice todo.

    Para los que quieran apretar los dientes, una advertencia: el sifón a la entrada del paso, cerca del puente de San Pedro, es bastante peligroso y tiene sus muescas. Para los que prefieran las experiencias visuales a las cardiovasculares, la panorámica más espectacular desde el río se ve en «La Fuente de las Tobas», con el reflejo de la Peña de la Gitana, una impresionante aguja de piedra que parece salir del río.

  9. Duratón

    Duratón: madrileño de nacimiento, de la Sierra de Guadarrama, concretamente, este río alcanza todo su esplendor en la vecina Segovia en el Parque Natural de «las Hoces del Duratón», donde se encuentra la mayor reserva del buitre leonado de toda Europa. El Parque comienza en Sepúlveda y abarca hasta la pantalla de la presa de Burgomillodo, pedanía de Carrascal del Río. En total, 25 kilómetros de cañones para navegar durante tres horas y media, ó 7 horas si se quiere disfrutar de una jornada completa remando en un entorno místico, en el que destacan las ruinas del monasterio franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, el primero en formar misioneros para evangelizar el Nuevo Mundo y en cuyas cercanías se encuentra la buitrera más grande del Parque (al amanecer pueden verse concentraciones de casi un centenar de individuos), o la ermita de San Frutos, donde se estableció el patrón de Segovia tras donar sus bienes y venirse a vivir como un anacoreta con sus hermanos; de ahí, las ermitas de San Frutos, Santa Engracia y San Valentín.

    Pero igual que si además de buitres, podemos disfrutar con la visión de halcones peregrinos y cernícalos, no solo huellas de eremitas y monjes pueden verse en esta zona; en «La Solapa del Águila», hay otro tipo de vestigios de nuestros ancestros igual de interesantes: unas pinturas rupestres nos llevarán por unos instantes muchísimo más lejos de lo que la corriente pueda hacerlo. En cuanto a los otros dos tramos para navegar, un segundo recorrido sería el que va desde San Frutos a la pantalla de la presa de Burgomillodo, pero no se puede navegar hasta agosto porque hay nidos de águila real, y el que sale de San Miguel de Bernuy hasta las cercanías de la presa de las Vencías, donde hay una zona recreativa con chiringuito, en el que se puede uno refrescar por dentro, y por fuera.

  10. Genil

    Su nacimiento en la imponente Sierra Nevada marca su desnivel y su carácter. Bravo y serrano en su descenso por la cara norte hasta Granada, a partir de esta emblemática ciudad se tranquiliza hasta llegar a la presa de Iznájar, la más grande de Andalucía; pero solo para recuperar el aliento y volver a animarse a partir de aquí. Desde la suelta del embalse, saliendo de Cuevas de San Marcos, hay un primer tramo de unos 4 kilómetros relativamente tranquilo que conduce a un cañón, a la altura de la central eléctrica de Carreira, que encajona las aguas y las acelera, aunque en general, se puede disfrutar de unas aguas tranquilas y cristalinas, con unos pequeños rápidos para ir calentando. Este primer tramo se extiende desde Cuevas de San Marcos hasta Cuevas Bajas y recorre unos 15 kilómetros, para lo que se necesitan unas dos horas, pero hay un segundo tramo, que se puede unir a la anterior si se llega con ganas, y que comienza en «El Tejar», pedanía de Benamejí.

    El embarque se hace en la Fuente de la Ecilla, y el punto de salida se encuentra en Palenciana, en un lugar conocido como «la casa de la barca». Al salir de la Fuente de la Ercilla, hay unos rápidos de grado II + muy divertidos pero con su emoción; después, toca relajarse mientras superamos el puente de Benamejí y la aceña árabe, para, 4 kilómetros después enfrentarnos al «Agujero negro», unos escalones con rebufo (grado III) que aceleran el pulso pero no tienen peligro porque no es enganchón.

    En total son otros 9 kilómetros (hora y media) que añadir a nuestros brazos y riñones. Eso sí, cuidado con pasarnos de Palenciana, porque en «la casa de la barca» cuando se quitó la barca y el cable que se usaba para cruzar el río se construyó una estructura de hormigón para vadear el cauce, y cuando el nivel del agua sube, este paso artificial origina un rebufo muy peligroso. Si llegas a Palenciana y ves el puente, salte inmediatamente.