El rincón del hostal La Torre, en Cap Negret
El rincón del hostal La Torre, en Cap Negret

La otra cara de Ibiza

El invierno es la estación perfecta para conocer las singularidades de una isla que tiene mucho que ofrecer al viajero, lejos de las fiestas hasta el amanecer y de las abarrotadas playas de la época estival

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Lejos del bullicio de las grandes discotecas que cada año son asentamiento de cientos de rostros conocidos de todo el mundo, de las aguas cristalinas de sus playas paradisíacas de fina arena y del tumulto que reina sus calles en la época estival, se encuentra la Ibiza más desconocida. Fuera de la temporada de la leyenda tejida en torno al ocio nocturno a base de fiestas hasta el amanecer, se oculta un destino muy distinto con una cara mucho más apacible y aún por descubrir.

El invierno es la estación perfecta para conocer las singularidades de una isla que tiene mucho que ofrecer; la época en el que el turista deja paso al viajero para pasear por las empedradas calles del casco antiguo de Ibiza que dan acceso a la fortaleza de Dalt Vila, la zona más elevada de la capital pitiusa, y dejarse seducir por los increíbles parajes que se otean desde lo alto de la ciudad amurallada, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, y la ocasión de degustar uno de los sabrosos bocadillos del establecimiento con más solera del corazón de la isla, el bar Costa, en Santa Gertrudis, en cuyas paredes abarrotan los cuadros del pintor chileno Andrés Montreal y que un día fueron testigo de todo el fervor de la época hippie de los años 70.

«La mayoría de ellos eran jóvenes cultos, tanto americanos como europeos, que no querían alistarse en el ejército y por eso vinieron a Ibiza. Llevaban el pelo largo, tanto como el tamaño de los porros que se fumaban. Se llevaban muy bien con los labradores, que les alquilaban las casas baratas y ellos ayudaban en el campo o en la matanza a cambio. Había muy buen rollo», dice Pep Roig, dueño del local.

Tiempo de visitar las bodegas Can Rich, muy cerca de San Antonio, y de dejarse sucumbir por el remanso de paz que ofrece el hotel rural Casa Maca del Grupo Mambo, situado en las tranquilas colinas de Can Palau, a las afueras de la ciudad. El agroturismo se compone de una edificación principal: una antigua granja de 300 años de antigüedad, ahora restaurada con sumo mimo y en cuyo epicentro se halla una almazara en donde antaño se extraía el aceite de las aceitunas.

Casa Maca
Casa Maca - ABC

Desde las terrazas de las exclusivas casas payesas que conforman el hotel, las vistas son inmejorables: un horizonte de toda la isla al frente en el que el azul del mar y el del cielo se entremezclan; detrás una estampa singular de las colinas y a los lados, campos y campos de lavanda. La gastronomía es otro de sus pilares. Los mandos de los fogones corren a cargo del chef catalán David Reartes que, con gran maestría, se alza el gran baluarte de la fusión de cocina mediterránea e ibicenca con platos como el lenguado salvaje con verduras de temporada y algas marinas, el pollo payés acompañado de ensalada de remolacha y ricota o el pulpo asado marinado con crema de hinojo, aire de espárragos y rocoto.

Vistas desde Casa Maca
Vistas desde Casa Maca - ABC

Pero sin duda, uno de los estandartes con los que cuenta la isla de los eternos turquesas y blancos más famosa del Mediterráno son sus gentes. Javier Anadón, CEO del Grupo Mambo y dueño del hotel, su mujer y sus dos hijos, Christian y Alan, han conseguido hacer de su sueño de seguir manteniendo la esencia de Ibiza, una forma de vida con sus más de 20 negocios repartidos por todo el territorio insular.

Como el dueño del mercado de Las Dalias, Juanito, por cuyo suelo han pasado rostros tan conocidos como el de Naomi Campbell, Paris Hilton, Justin Bieber o Mick Jagger. Fue su padre el que abrió el centro en 1954 como lugar para que los payeses se divirtieran con clásicos grupos musicales, aunque no fue hasta 1985 cuando se creó el famoso mercadillo que hoy se ha convertido en una parada obligada. Todavía recuerda con nostalgia los tiempos de antaño cuando Ibiza era algo más que fiestas nocturnas y turismo abarrotado. «Me atrevería a decir que yo estoy muy descontento con lo que se ha hecho en la isla y el camino que ha tomado. Creo que hemos sobrepasado el techo, nos hemos sobrevalorado», explica Juanito sobre el camino que ha tomado el archipiélago.

Vistas desde el hostal La Torre
Vistas desde el hostal La Torre

En lo que sí coinciden estas dos caras opuestas de esta Ibiza cambiante a la época del año son en sus puestas de sol, codiciadas por famosos de todo el mundo, turistas y viajeros. Desde la terraza del hostal La Torre, a las afueras del municipio de San Antonio, en Cap Negret, el tiempo se detiene por un instante para quedarse maravillado con sus bellos atardeceres, ya sean los invernales o los de la época estival. En definitiva, una oportunidad única para redescubrir la verdadera Ibiza que se aleja de todos los tópicos preestablecidos.