Un estudio permite a tres niños probar en sus casas el primer exoesqueleto infantil - ATLAS

El primer exoesqueleto infantil del mundo y un éxito «made in Spain» no encuentra financiación pública

Múltiples y prometedoras aplicaciones chocan, en la realidad, con la falta de ayuda. La mejor ingeniera del año en España y creadora del pionero robot Atlas comenta sus usos terapéuticos para diversas patologías

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A Elena García Armada (Valladolid, 1971) la han elegido este año mejor ingeniera de España. Un título que recibió recientemente de manos de la ministra de Industria, Reyes Maroto, y que ha colocado junto a otros reconocimientos, como el que le otorgó en 2016 ABC Salud. Pero ni todos los galardones acumulados le han granjeado financiación fácil para un proyecto, el suyo, pionero en el mundo. Esta científica titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas ( CSIC) llevaba veinte años trabajando con su equipo, confiesa, en desarrollar un exoesqueleto para adultos cuando una niña tetrapléjica, Daniela, y sus padres, se cruzaron en su camino.

Los de Daniela fueron pasos mágicos. «Trabajábamos en idear robots caminantes, y habíamos iniciado una línea para amplificar la fuerza humana, orientada a la industria y a mejorar las condiciones laborales de los trabajadores». Todos adultos, claro. «Las empresas que comercializaban exoesqueletos para adultos con lesión medular no tenían entre sus planes a quince años abordar el sector pediátrico, así que aceptamos el reto. En tres años teníamos funcionando el primer prototipo, que probamos en aquella niña», comenta la doctora a ABC. Nació Atlas. Luego vinieron otros chavales con toda una vida por hacer, como Álvaro, de 7 años, en la imagen, y con distintas enfermedades paralizantes, como la paraplejia y la atrofia muscular espinal.

Elena García Armada, en el centro, flanqueada por el presidente de Talgo (empresa que la distinguió como la mejor ingeniera del año 2019) y la ministra de Industria
Elena García Armada, en el centro, flanqueada por el presidente de Talgo (empresa que la distinguió como la mejor ingeniera del año 2019) y la ministra de Industria - ABC

Para los legos en la materia, desgrana esta doctora en Robótica por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), «un exoesqueleto es una armadura robotizada que se viste desde el tronco hasta los pies para una persona que no puede caminar. Las articulaciones motorizadas de esta herramienta operan en paralelo a las del paciente, aportando la movilidad y la fuerza que les falta». «Les llena de energía», resumen algunos padres de niños beneficiados por la terapia «personalizada». «Adicionalmente, esta enorme motivación les incita a realizar ejercicios físicos, por lo que se aprecia de inmediato una mejora en su rango articular y disminuyen las complicaciones musculo-esqueléticas causadas por la sedestación permanente», se explaya.

Uso doméstico y particular

Y va más allá con sus cálculos. «Aunque inicialmente el exoesqueleto se ofrece como una herramienta para la rehabilitación y la medicina física, la evolución de la tecnología permitirá que en los próximos años se incorporen paulatinamente a las actividades para uso doméstico y particular», vislumbra la profesora, pero antes deben sortear la principal barrera que han encontrado en los últimos años: la falta de financiación. Incluso, se queja, para abordar proyectos que ya tienen «una gran demanda, como la parálisis cerebral infantil y la espina bífida». De hecho, en la actualidad, el exoesqueleto se usa para investigación clínica en dos hospitales, el San Joan de Déu de Barcelona, y La Paz de Madrid, junto al Raymond Poincaré de París.

Tal es la carencia de ayudas y la negativa del Sistema Nacional de Salud a incluir la tecnología como cobertura que se está buscando la colaboración empresarial para apadrinar a los niños que participen voluntariamente en el proyecto, cubriendo los costes de su terapia.

García se retrotrae a los primeros compases del proyecto, en 2013, cuando crearon el primer prototipo de investigación desarrollado en el Centro de Automática y Robótica (CSIC-UPM) y médicos y asosiaciones no tardaron en llamar a sus puertas. «La nueva tecnología resolvía una necesidad. Se trabajó en dos líneas: por un lado, en su evolución hacia nuevas enferemedades, y por otro, en la transferencia, en un proceso de industrialización y certificación de los exoesqueletos que los pudiera llevar al mercado y que la sociedad los usara». Pero ese esfuerzo aún no tiene salida.

La ingeniera fundó la empresa Marsi Bionics en Alcalá de Henares para vender el exoesqueleto. Francia, Alemania, Dinamarca y Suecia son sus clientes. En España, «a punto de obtener el marcado de la Comisión Europea que lo acredite como producto sanitario, seguimos en activa búsqueda de ayuda pública», dice.