Imagen de turistas tratando de abandonar Indonesia. - EFE

Españoles en Indonesia: «Esto es un desastre total, aquí todo el mundo ha perdido todo»

Unos 200 españoles esperan salir de Lombok, la isla indonesia en la que el domingo se produjo un seísmo de magnitud 6,9 y que ha dejado 98 muertos y 20.000 desplazados

MADRIDActualizado:

Pilar García Udaondo lleva nueve meses en paradisíaca isla de Lombok en la que el pasado domingo un seísmo de magnitud 6,9 se cobró la vida de, al menos, 98 personas.

Debido a los destrozos, Pilar vive ahora en la selva. Ha perdido su hotel, que iba a inaugurar dentro de dos semanas. «El terremoto fue horrible. Estamos todos muy asustados y nerviosos porque no sabemos qué va a pasar». Pese a la magnitud del suceso, recalca que lo más importante es seguir con vida «esto es un desastre total, aquí todo el mundo ha perdido todo. Lo único que tenemos es la vida, menos mal».

La prioridad es quitarse el miedo y el susto del cuerpo. Después toca volver a la normalidad del día a día. El problema es que está prácticamente incomunicada, sin agua ni luz. «Las líneas de teléfono están colapsadas, y para colmo, estamos sin luz y sin agua» relata Pilar. La única forma de comunicarse es a través del teléfono móvil, que cargan con un generador.

El gobierno indonesio está haciendo lo posible para ayudar entregando tiendas de campaña, lonas y colchonetas para dormir. Pero la ayuda está tardando en llegar. Y es que hace tan solo una semana, el pasado 29 de julio, otro seísmo de de magnitud 6,4 se cebaba con la isla cobrándose la vida de 17 personas.

«Estamos acostumbrados a los temblores pero lo de ayer fue increíble»

Marta Cerezal, residente en el sur de la isla, también sufrió el temblor. «Estamos acostumbrados a que la tierra tiemble, pero se trata siempre de temblores pequeños, el de ayer fue increíble».

De hecho, los locales están tan consternados como los turistas que están intentando abandonar la isla. «Las autoridades están tratando de tranquilizar a la población, ayer fue uno de los días más horribles de nuestras vidas», lamentó Cerezal a ABC.

Ana y Alberto estaban de vacaciones en Gili Meno cuando comenzó el terremoto. Esta isla, junto con Gili Trawangan y Gili Air forman un archipiélago que se encuentra muy cerca de Lombok. Estas islas estarán cerradas hasta septiembre y, ahora mismo, no tienen agua ni electricidad.

«Comenzó a temblar todo, se cayeron los hoteles. Tras el temblor, los locales nos llevaron a una explanada para que no nos cayera nada encima porque no dejó de haber réplicas durante toda la noche y, además, había riesgo de tsunami», relata Ana.

Ahora están en el aeropuerto esperando coger un vuelo. «Todo el mundo se quiere ir hoy y no hay vuelos. Ha estado el cónsul aquí y nos ha dicho que tenemos suerte los que ya tenemos billetes reservados de antes»

Paula Iwasaki lleva cuatro días en Indonesia. Lo que empezó como un ilusionante viaje de amigos se convirtió en una pesadilla (aunque breve) cuando Paula sintió por primera vez que su vida corría peligro. «Sentí que el corazón se me celeraba, que el suelo temblaba bajos mis pies. Miré hacia arriba cuando intentaba salir del local donde estaba y tenía una viga de metal en mi cabeza», relata.

Paula no estaba en Lombok, sino en Bali. Allí también se sintió el temblor. Estaba con sus amigos tomando cervezas en la primera planta de un local cuando, de repente, empezó a sentir movimiento. Jamás pensó que sería un terremoto. «Tardamos en reaccionar, la sensación fue extraña, durante los primeros tres segundos pensé que se acercaba una banda de música en la calle».

Paula Iwasaki en Ubud, Bali
Paula Iwasaki en Ubud, Bali - ABC

La consciencia de lo que estaba ocurriendo se la dio a Paula la cara de los locales. «Se les desencajó el rostro, una camarera lanzó las copas al suelo mientras que otro nos gritó que saliésemos del restaurante, en ese momento, se sembró el caos».

Paula empezó a correr para salir de allí mientras veía cómo un turista norteamericano se lanzaba desde la terraza.

Cuando consiguieron salir del restaurante una «masa de turistas» se agolpó en la calle y lo que más se comentaba era el deseo de volver a casa. «Creo que los occidentales tenemos la sensación de que nunca nos va a ocurrir nada y esto demuestra lo vulnerables que somos».

Seis veces más por un billete para escapar

Alfonso Carrasco también vive en Bali y es responsable del turismo español en Catur Expediciones. «Estaba en una fiesta y el sonido de la música me generó confusión, no daba crédito de que fuera un terremoto. Al ver el movimiento me di cuenta».

Carrasco cuenta que su familia estaba en su casa cuando se produjo el seísmo: «Me contaron cómo temblaban las paredes y el agua de la piscina se movía».

Carrasco y su familia se preparan para lo peor: «Tenemos una mochila con agua, algo de comida, ropa, linternas, dinero y los pasaportes por si acaso. Todos los vecinos de la urbanización estamos organizados y nos avisamos unos a otros en el caso de notar réplicas que nos sorprendan dormidos».

Carrrasco junto a su familia
Carrrasco junto a su familia - ABC

La situación es tan desesperante que los vuelos de Lombok a Bali están llenos y está pidiendo hasta seis veces más por un billete, cuenta Carrasco.