Mourinho consigue que el Bernabéu cante a favor y en contra durante 90 minutos
Mourinho fue aplaudido en su despedida, y silbado cuando los Ultra Sur se adjudicaron su defensa monopolística - EFE
REAL MADRID

Mourinho consigue que el Bernabéu cante a favor y en contra durante 90 minutos

Los Ultra Sur entregaron al luso una placa cuando el estadio estaba ya vacío; después, el técnico se marchó al instante en coche

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Fue una despedida única en la historia del Real Madrid. Aplausos, pitos, cánticos y división de opiniones en el adiós de Mourinho en el Bernabéu. Salió dos veces a saludar al fondo sur, que le entregó una placa de recuerdo en la segunda ocasión, ya con el campo vacío de espectadores. Luego, no hubo rueda de prensa de ningún entrenador madridista, ni de Mou ni de Karanka. El portugués fue llevado inmediatamente en un coche y se fue del estadio. Todavía no habían salido a hablar ante la prensa Jesús, Arbeloa e Higuaín.

En la hora del adiós solo se despidió de sus incondicionales del fondo sur, que siempre le han jaleado con la oposición de medio estadio, que nunca se sumó a ese apoyo sin fisuras. No saludó al resto de los simpatizantes, muchos de los cuales también estaban de su lado, pero rechazaban ser teledirigidos por esos ultras que una vez rompieron una portería contra el Borussia Dortmund y consiguieron una dura sanción para la entidad. Amigo de sus amigos, enemigo de sus enemigos, José Mourinho (Setúbal, 1963) nunca ha admitido medias tintas. O estás conmigo o estás contra mí. Por eso, se despidió dos veces de los radicales. La primera, nada más finalizar el partido. La segunda, cinco minutos después, cuando la mayoría del público había abandonado las gradas del Bernabéu. El entrenador se dirigió de nuevo a sus acérrimos del sector Concha Espina, acompañado de Karanka, Rui Faria y Silvino Louro. Les dio las gracias por su ayuda eterna. Y recibió una placa de recuerdo de unos forofos que coparon su zona de fotos del portugués y de carteles que decían: «Te queremos Mou, gracias Mourinho».

Un apoyo que ha provocado la división del Bernabéu desde el mes de enero. Los ultras cantaban «José Mourinho, la, la, la, la, la la!» y muchos sectores de la afición protestaban por ese intento de controlar el ambiente del madridismo por parte de los radicales.

No eran silbidos dirigidos estrictamente contra él, sino contra ese grupúsculo. Una división que ayer vivió su tarde más cruda. Los «hermanos de Mou» animaron a su jefe durante los noventa minutos y obligaron a la mayoría silenciosa a romper esa condición, que también respondían con pancartas como esta: «Hasta nunca, Mourinho».

Al principio del partido contra el Osasuna triunfaron los pitos. Progresivamente, a medida que el personal se calentaba, muchos miles de simpatizantes se sumaron a las loas al portugués con aplausos y cánticos. Por primera vez en estos meses, los «mourinhistas» vencieron.

Antes del partido, cuando el luso fue anunciado como técnico del Real Madrid, hubo más silbidos que palmas. Después, cien fotógrafos le rodearon cuando se sentó en el banquillo, de tal manera que no podía presenciar el encuentro. Se colocó al borde de la línea del campo, para que el árbitro acudiera y echara a los redactores gráficos. Así sucedió.

Luego se vivió esa parafernalia de apoyos y críticas populares en pleno partido. Essien brindó su gol al míster. Y después del encuentro, Arbeloa tomó el mando. «Me da pena que Mourinho se vaya porque se ha dejado la vida por el Madrid. Se ha partido la cara por este club, y se la han partido. Siempre ha pensado primero en el Madrid antes que en sí mismo, a costa de su imagen. No se sí alguien en este club, incluidos jugadores, pueden decir lo mismo. Hubo gente a la que le ha faltado madurez. Hay algunos que no nos preocupamos de tener buena imagen ante la prensa. Otros sí se han preocupado de su imagen pública».

Higuaín, con un discurso menos críticos, anunció su marcha: «Llevo siete años aquí y quiero jugar en otro club. Costé doce millones y me venderán por el doble. Nadie me regaló nada, Todo me lo gané yo. Lo he decidido con mi familia, es la hora de irme».