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Me quedo contigo

«Me quedo contigo», el programa para encontrar el amor en el que (casi) nadie se marcha acompañado

Veinte madres eligen al que creerán que será el chico ideal para sus hijas

TELECINCO
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«Me quedo contigo», el nuevo programa de Telecinco presentado por Jesús Vázquez, es un dating show muy peculiar. Pues, al contrario de lo que suele suceder, en «Me quedo contigo» no son las interesadas las que eligen a su pareja, sino que son las madres las que eligen al chico ideal para su hija. Este jueves se emitió la quinta entrega de un formato que está teniendo unos datos de audiencia bastante discreta, con una media que apenas alcanza el 10% de cuota de share.

«Aquí se conoce antes a la madre que a la hija», avisó el presentador antes de dar paso a las veinte madres con sus veinte hijas. Algunas de ellas eran novatas en el programa, como María y su hija Jennifer. «No sé lo que vengo buscando, pero sé que me lo voy a pasar bien», explicó la segunda.

También eran nuevas Salud y Marina, que quería enamorarse de alguien «divertido y aventurero». El requisito de Jenny era que el chico «no fuese soltera», mientras que Marina acudió a plató junto a su madre para encontrar a un hombre que «me lleve a hacer deportes de riesgo y a vivir locuras».

Tras las presentaciones llegó al plató el primer chico, que saltó a escena bailando frente a las madres. Mientras tanto las hijas, en una sala aparte, comentaba qué les parecía el chico. «Soy Sergio González, vengo de un pueblo de Salamanca y quiero encontrar a la chica ideal». Vázquez dijo sobre él que era «el soltero más serio que hemos tenido hasta la fecha». Tras esta primera impresión, las madres a las que no les había «entrado por los ojos» pulsaron el botón rojo, quedando así trece madres interesadas.

Luego pusieron un vídeo en el que Sergio se presentaba y mostraba cuál era su «despacho». En él se veía al salmantino trabajando en el campo junto a sus vacas, ovejas y caballos. Al ver esto empezaron a encenderse luces rojas hasta que solo restaban cinco madres interesadas en que Sergio conociese a sus hijas. Su tercera prueba fue cantar una canción, y cuando hubo acabado solo dos madres seguían convencidas.

Sus hijas salieron a escena y se presentaron. La primera, Sandra, tenía 19 años y estaba estudiando las oposiciones para policía nacional. La otra Jenny, de 29 años, dijo que le encantaba el deporte y que «a mí de la ciudad no me mueve nadie». El salmantino decidió quedarse con Sandra. De ahí pasaron a una sala aparte en la que mantuvieron una conversación más personal en la que Sandra le dijo que no era «mi prototipo de chico».

El presentador anunció la llegada de un segundo soltero, que apareció ofreciendo croquetas caseras a todas las madres, que quedaron encantadas con su gesto. «Me llamo Álvaro, soy de Toledo y busco a una chica con la que salir de fiesta, aunque también me gusta el plan casero». Dijo que sus aficiones eran el gimnasio y cocinar y que trabajaba en una discoteca. Unas cuantas madres pulsaron el botón rojo, pues no querían para su hija un novio que trabajase en la noche. De entre todas las madres candidatas, Sergio se quedó con dos. Las hijas eran Jenny, una vez más, y Amanda, que se presentaron ante el aspirante. La elegida fue esta última, pero ella no quiso seguir conociendo al soltero.

El tercer soltero era un heavy metal que lucía unas largas melenas y vestía un chaleco vaquera y una camiseta negra sin mangas. Doce descartaron a José Luis de primera, por lo que solo quedaban ocho candidatas. Tras ver el vídeo de presentación solamente quedó una en pie, cuya hija era Vevi. Tuvieron una breve conversación, pero una vez más el soltero fue rechazado por no era exactamente lo que Vevi buscaba.

El cuarto soltero fue Alberto, un castellonense que había llegado para buscar «una relación llena de aventura». Solo una madre le descartó de primeras, pero tras el vídeo una buena espantada y quedaron solo siete en pie. El soltero eligió a dos de las madres para conocer a sus hijas: Sandra e Irene. Alberto se quedó con la primera, con quien tuvo una cita personal que salió más o menos bien, lo justo para que decidiesen seguir conociéndose un poco más.