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First Dates «No tengo amigas, porque me tienen envidia por mi físico. Ser guapa es perjudicial para la salud»

Susana dejó muy claro desde el principio que buscaba a un hombre «con solvencia» y le desagradó mucho que Pablo Alberto tuviese «solo 1500 euros»

CUATRO
Actualizado
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Este lunes «First Dates» estrenó julio con la esperanza de que este fuese un mes del amor para los solteros de nuestro país. El espacio de citas presentado por Carlos Sobera lleva ya más de dos años ejerciendo de celestino todas las noches en Cuatro. La primera en aparecer por el restaurante fue Susana, una valenciana de 45 que trabaja como azafata de eventos y que tenía una idea muy elevada de sí misma.

«He vivido de mi imagen y me he cuidado mucho», presumió en su presentación, «además, la genética me ha hecho un favor». En el amor se definió como una mujer «romántica, incluso chapada a la antigua» y en ese sentido bucaba a un hombre «afín». Pero había una condición mucho más importante que debía tener su pareja: «Un nivel económico importante, con solvencia. Mi sueño sería tener un marido rico y que nos podamos comprar un yate para navegar».

Le advirtió que ella tenía «solvencia, pero nunca han estado conmigo por dinero. Aunque lo que me da rabia es que estén conmigo solo por el físico, y me pasa mucho». Siguió alardeando ante Sobera de su supuesta belleza: «No tengo amigas, porque me tienen envidia por mi físico. Me siento rechazada, fuera de la sociedad. Al final, ser guapa es perjudicial para la salud mental».

La pareja que le habían asignado en «First Dates» resultó ser Pablo Alberto, un alicantino de 56 lleno de tatuajes y que trabajaba como técnico vertical. «Busca a una mujer que se cuide y sea elegante», contó en su presentación. Se sentaron a cenar a la mesa y Susana empezó a interrogar al alicantino: «¿Cómo te gustan las chicas?, ¿eres tradicional?». Las respuestas de Pablo Alberto satisfacieron a Susana, que contó luego en el confesionario que «ha habido magia».

Siguieron charlaron y él contó que no tenía hijos, algo que Susana se alegró de oír. «No quiero hijos ni quiero tenerlos», aclaró ella. Luego empezaron a leer preguntas de una tarjeta. Primero le preguntó él si creía en extraterrestres. Susana dijo que «no, en principio, aunque no me cierro a que puedan existir». Pablo Alberto también dijo «tener dudas, pues una vez vi una cosa en mi pueblo que me dejó pensativo».

La siguiente pregunta la leyó ella y aguardó la respuesta con interés: «¿Cuánto dinero tienes en el banco?». Al alicantino se le vio incómodo teniendo que responder, y contestó que «alrededor de 1500». Susana reaccionó: «¿Solo eso? ¡Con eso no podemos casarnos!». Luego en el confesionario dijo que «si él tiene 1500 euros yo tengo mucho más, y eso me frenaría un poco». A Pablo Alberto le soltó a la cara que buscaba «a una persona con un buen nivel económico, como el mío, y no sé si es tu caso». En ese momento la cita parecía sentenciada, aunque al final los encantos del alicantino pesaron más y ella le concedió una segunda cita.