ES NOTICIA EN ABC

First Dates Las parejas más polémicas de «First Dates»: «¿Qué hago yo con alguien que no tiene un duro?»

Recordamos algunas de las citas que más han dado que hablar en los últimos meses del programa de citas de Carlos Sobera

CUATRO
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

«No voy a hablar más»

A finales de este mes de enero se sentaron a cenar la gallega Iria, de 27 años, y el barcelonés David, de 34 y al que no se le veía mucha experiencia en el trato con mujeres. Ella ya avisó desde el primer momento que se consideraba a sí misma una persona rara y que buscaba a un hombre tan extraño como ella. Y en eso no se equivocó el equipo de Sobera, aunque tal vez sí que se pasaron de frenada.

David, aunque se le veía un buen chico y era una persona agradable, no cesó de monopolizar la conversación, hablando continuamente de sí mismo y de su propia vida. En ningún momento se molestó por preguntarle sobre su vida a Iria, hasta que esta de hartó y tomó una drástica decisión: «A partir de ahora, que hable él solo porque total, no escucha...Ya no voy a hablar más». Así, los últimos minutos fueron un tanto incómodos y el deselance el esperado: cada cual a su casa tan soltero como había llegado.

Pareja de reptilianos

La de Angi y Andoni fue una de las citas más delirantes que se recuerdan en «First Dates». En primer lugar hablaron sobre su común afición al deporte, aunque pronto descubrieron que no les unía solamente el culto al músculo y que la comunión era mucho más espiritual, hasta el punto de contarse entre los escasísimos humanos elegidos para conocer la verdad. La conversación viró hacia temas esotéricos y trascendentales, hasta que Angi confesó su gran secreto: «Soy reptiliana». «Qué casualidad, yo también», replicó Andoni.

«Somos de otro planeta, entonces. Alguien nos ha traído aquí», fue la conclusión de Angi, que ya pareció convencida de estar enamorada del bilbaíno. «De pequeños nos insertan un chip en la cabeza y nos hacen creernos todas las mentiras. ¿Has visto Matrix, no? Pues esto es lo mismo, vivimos en un mundo de engaño». El vizcaíno, que hasta el momento se había limitado a asentir como un autómata, se soltó con un discurso que gustó mucho a Angi: «Nos echan cosas en la comida, en el aire...para que no evolucionemos como seres humanos».

«Eres muy interesante», fue la respuesta de Angie. Sobera, perplejo con el cariz que estaba tomando la cita, se resignó a constatar que «han entrado en otra dimensión». No hizo falta ni formular la pregunta de «¿tendrías una segunda cita con...?», pues ya habían acordado volver a verse tras salir del programa.

Amor por dinero

Eloísa apareció en el restaurante con unas preferencias un tanto chocantes: «Yo busco a un hombre que no quiera sexo, ya tuve sexo de sobra. ¿Tú sabes lo que es estar casada y hacerlo seis veces al día? Estoy harta de hacer el amor, por eso quiero un hombre mayor y con dinero». El equipo de «First Dates» tuvo buen ojo para emparejarla, y le plantó delante a Benjamín, un modesto coruñés de 77 años que vive feliz con su huerta y su gallina.

Al poco rato de sentarse a la mesa, Eloísa demostró que las buenas maneras no iban consigo. A bocajarro, le disparó a Benjamín: «¿Y tú cuánto cobras?». El gallego contestó sin problema: «Pues 800 euros, y 200 se los paso a mi ex». Eloísa no quedó satisfecha con la cifra, que quedaban por debajo de sus aspiraciones.

«¿Y con eso te arreglas?», se sorprendió ella. «Pues claro, ¡de sobra!», dijo Benjamín. Desde ese momento, la cita fue en picado al no poder la cartera del gallego satisfacer las demandas de Eloísa. Ante las cámaras explicó los motivos de su falta de interés y reflejó su pobre catadura moral: «¿Qué hago yo con un hombre que no tiene un duro?, ¿para qué iba a aguantarlo? Si al menos tuviese dinero...Yo he tenido relaciones con gente de dinero, empresarios y así, que por lo menos tenían dinero y podías soportarlos».

Encantados de conocerse

Kevin es un veinteañero que apareció en «First Dates» para cumplir con la premisa de «un programa, un chulo». El joven llegó enfundado en su camisa blanca, pajarita y horrendo tupé, amén de trabajar en lo que se llama «el mundo de la noche». Según se plantó en la barra, tras describirse con elogiosas palabras, se pidió un vaso de agua pues una de sus «aficiones» es lo que describió como «el mundo del fitness». Su pareja, dijo, tenía que ser una chica que se cuidase, entregada a su rutina de gimnasia y a la dieta de proteínas y pechuga de pollo.

Su pareja fue Marlene, una modelo de 22 que también tiene en muy alta estima su propio ego. Al poco de inicarse la cita, a la modelo le surgió una duda razonable respecto a la edad de Kevin, que decía no pasar de los 20. El macho disipó las dudas con evasivas, explicando que la pregunta de Marlene se debía a que estaba acostumbrada a relacionarse con gente más mayor.

«La verdad, que a mí me encanta ir por la calle y que me miren, me siento guay. Me gusta ser el centro de la atención», le contó Kevin. «Pues me pasa lo mismo, la verdad», se sorprendió Marlene. Tras una conversación sin mayor interés ni trascendencia, los dos figurines se encontraron en la sala final con la respuesta que iban a darse bastante clara. Los dos se dieron el sí sin titubear porque, como dijo Marlene. «aunque no seas perfecto, hay cosas tuyas que me interesan».