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First Dates El colosal error de previsión de un comensal: «Quiere empezar una relación conmigo»

David estaba seguro de que Noemí querría una segunda cita con él, pero su decisión fue muy distinta

CUATRO
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En el programa de «First Dates» de este jueves, los comensales tuvieron que sentarse a cenar con una venda cubriéndoles los ojos que solo podrían quitarse una vez que dijesen si querían una segunda cita con su pareja o no. De este modo, se pretende poner a prueba a los solteros del programa y demostrar si realmente el físico no importa en el amor. «Las primeras miradas pueden mentir, y por eso es mejor mirar con los ojos cerrados y ver solo con los de corazón», explicó Carlos Sobera.

El primero en entrar fue Manuel, un alicantino de 22 años que estudia filología y sueña con ser escritor. «No sé lo que es el amor», reconoció el joven, «mi experiencia no ha sido muy buena». Sobera le contó que debía taparse los ojos durante la cita y a Manuel le gustó la idea: «Me interesa el formato, está chulo». El alicantino dijo estar buscando a una chica «formada, que sepa lo que busca y que luche por ella».

Algo más joven que él era Irene, su pareja, una estudiante de diseño de 20 años que llegaba desde Albacete. «Lo que más me gusta del mundo es el arte», contó en su presentación, «y también estoy escribiendo un libro». El presentador ya se olió que por ahí iba a haber una conexión, y le preguntó a la chica que buscaba en una persona: «Soy bisexual, por lo que me da igual que sea hombre o mujer. Pero que sea simpático y gracioso».

Se sentaron a cenar y empezaron a hablar sobre sus pasiones en común: la literatura y el arte. A los dos les gustaba mucho el género de terror, tanto los libros como las películas. Estuvieron largo rato hablando sobre sus películas favoritas, y coincidió que también en eso tenían muchas coincidencias. Luego le tocó el turno a la música, un campo en el que tenían cantidad de gustos comunes.

Tras un largo rato empezaron a hablar sobre sus relaciones pasadas, y ella confesó que «no había tenido demasiada suerte». Luego le contó a Manuel que era bisexual y él no le puso ningún problema. La cita siguió con muy buena sintonía y llegó el momento de darse una respuesta. Los dos dijeron que querían tener una segunda cita y, tras quitarse la venda, ambos mantuvieron su decisión.

Más adelante llegó al restaurante David, un comercial zaragozano de 44 años que dijo buscar «a una chica que me lo ponga difícil y que sea abierta». Para definirse aseguró estar «como una regadera». Su pareja esa noche iba a ser Noemí, una carnicera de 36 años que llegaba desde Tarragona. «Soy una chica independiente», contó, «y busco a un hombre divertido, bondadoso y ocurrente».

La conversación no empezó muy bien, porque Noemí le confesó que «los comerciales suelen caerme mal, siempre les cierro la puerta». Hablaron luego sobre música y sus gustos no pudieron ser más opuestos. David es un amante del rock mientras que a Noemí le gusta más el flamenco y la salsa. Él también dijo que odiaba bailar, que es una de las grandes aficiones de Noemí.

Llegó luego la hora de hablar sobre su pasado amoroso, y a Noemí le «hizo sospechar que nunca haya tenido relaciones serias». Pese a todo, David ya se veía yéndose del brazo con Noemí, y se jugó en el confesionario una afirmación un tanto arriesgada: «Ella quiere empezar una relación, y creo que va a ser conmigo». La cena prosiguió con buen tono y mucho humor, pero el desenlance no iba a ser el aventurado por Víctor. «Creo que no tenemos casi nada en común y además estamos muy lejos», se explicó Noemí.