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La extraña enfermedad que apartó de la televisión a Miriam Reyes

La candidata a Miss España en 1991 fue toda una celebridad en la pequeña pantalla, pero una anómala dolencia la separó del medio

Miriam Reyes en un evento en el año 2003
Miriam Reyes en un evento en el año 2003 - ÁNGEL DE ANTONIO
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En 1991 el certamen de Miss España estaba viviendo uno de sus momentos dorados. Múltiples rostros del concurso se convertían, rápidamente, en estrellas que copaban la pequeña pantalla. En el año 1991, Sofía Mazagatos se hizo con la ansiada corona patria, pero una finalista, Miriam Reyes, también consiguió dar el salto a la fama.

Desde ese momento, su carrera televisiva empezó a despegar por todo lo alto. Se convirtió en azafata de Jesús Hermida, e incluso en presentadora en «El turista habitual», un programa que compartió con Jordi González. Sin embargo, su predilección por la alta costura en las pasarelas la llevaron de nuevo de vuelta al mundo de la moda, e, incluso, se convirtió en la imagen de Don Algodón.

Sin embargo, la modelo se topó con un problema que le ha cambiado su vida hasta la fecha: en 2005 le fue encontrado un tumor cerebral. Aunque finalmente logró superar este bache en su camino de éxitos, su peregrinación por los médicos no había hecho más que empezar. Y es que, a raíz de dicho tumor, le provocó una enfermedad extraña, denominada como el mal de Cushing, con el que convive a día de hoy.

Esta extraña dolencia se desencadena por el uso de corticoides orales, aunque también puede aparecer a consecuencia de la producción natural del organismo de cortisol en grandes cantidades, tal y como informa El Español. Las principales dolencias de esta enfermedad es la aparición de llagas, cicatrices en la piel, aumento de peso e hipertensión y taquicardias.

Según confesó la propia finalista a Miss España de 1991, había llegado a ganar «20 kilos» de peso, además de tener que estar acudiendo con regularidad al médico. A pesar de estas incomodidades, la modelo reconoce saber que su vida no está en peligro. «No me voy a morir», reveló, pero además asegura que, aunque en la piel se noten los estragos de su mal de Cushing, «no estoy hecha un monstruo».

Con lo que más sufre es con los problemas coronarios que sobrevienen con la enfermedad. «En ocasiones el corazón se te desboca y parece que vas a sufrir un infarto». Además, todo esto provoca que pierda mucha fuerza física, y tareas cotidianas se convierten en todo un reto para el intento de Miss Espaaña: «abrir una botella» es un desafío para ella. «Cada uno tiene su carga, a algunos les llegan problemas económicos, y yo tengo que lidiar con mi salud», confesó.