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Game of Thrones La importancia de Aerys II Targaryen, el padre de Daenerys, en el final de «Juego de Tronos»

Los últimos acontecimientos de la serie de HBO incitan a pensar en el Rey Loco y en los orígenes de la «khaleesi»

Daenerys Targaryen, en el último episodio de «Juego de Tronos» - HBO
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[¡Alerta! ¡Este texto contiene «spoilers» sobre los cuatro primeros capítulos de la octava temporada de «Juego de Tronos»! ¡Lea bajo su propia responsabilidad!]

El cuarto capítulo de la octava temporada de «Juego de Tronos» no pudo ser más nefasto para Daenerys Targaryen (Emilia Clarke). En los poco más de 70 minutos de episodio, la «khaleesi» fue víctima de traiciones y hostilidades de todo tipo, que culminaron con la muerte de Missandei de Naath (Nathalie Emmanuel), su mejor amiga y consejera, a manos de la maquiavélica Cersei Lannister (Lena Headey) y de su monstruoso lacayo Gregor Clegane, «La Montaña» (Hafthór Júlíus Björnsson), en última instancia brazo ejecutor de la decapitación de la joven.

Pocos minutos antes, la «Rompedora de Cadenas» asistió impotente al asesinato a quemarropa de Rhaegal, uno de sus «hijos» que fue aniquilado a traición por el malévolo Euron Greyjoy (Pilou Asbaek) y la Compañía Dorada. El dragón, que contra todo pronóstico logró sobrevivir al Rey de la Noche, no pudo lidiar con la destreza con la ballesta del amante de Cersei, que terminó con su existencia de un plumazo. Una vez más, a la serie no le importó acabar con un personaje que, aunque alado, llevaba en la ficción de HBO casi desde sus inicios.

La mirada de Daenerys al final del episodio, después de asistir a la muerte de Rhaegal y de ver rodar la cabeza de Missandei, parecía decirlo todo. La joven, que no se había recuperado aún del gran coste que para ella tuvo la Gran Guerra de Invernalia, en la que perdió a su más fiel guerrero, Jorah Mormont (Iain Glen), y a casi todo su ejército de Inmaculados y dothrakis –incluyendo al líder de este último grupo, el bravo Qhono (Staz Nair)– afrontaba así un nuevo revés, no menos duro que el anterior. Aunque con un aliciente: que su poder en Poniente parece cada vez más limitado.

Daenerys abraza al cuerpo inerte de Jorah Mormont
Daenerys abraza al cuerpo inerte de Jorah Mormont - HBO

A pesar de servir con sus tropas a la cruzada de Jon Nieve (Kit Harington), Davos (Liam Cunningham) y compañía contra los Caminantes Blancos, la «khaleesi» no despierta simpatía en el Norte. Así lo dejó claro la malograda Lyanna Mormont (Bella Ramsay) en el primer capítulo de esta octava temporada y no ha dejado de pregonarlo Sansa Stark (Sophie Turner), al igual que su ahora inseparable hermana Arya (Maisie Williams). Especialmente, ahora que ambas saben que la identidad real de Jon convierte al exbastardo de Ned Stark (Sean Bean) en el auténtico sucesor al Trono de Hierro. Una revelación que las dos conocen por deseo del propio Jon, que traiciona así su lealtad hacia Dany al descubrir sus hermanas que su verdadero nombre es Aegon Targaryen. Llama la atención lo rápido que ha propagado la confesión, por la que Ned Stark puso en peligro su indudable honor, pero que en manos de sus hijos se ha convertido en un polvorín.

El factor Jon Nieve

De nada sirvió que Daenerys intentase ganarse el cariño de Poniente al nombrar a Gendry (Joe Dempsey) como heredero legítimo de la casa Baratheon y como el Señor de Bastión de Tormentas, poniendo así al herrero de su parte y «descartándole» de la lucha por el Trono. Porque la reputación de Dany en los Siete Reinos cae al mismo ritmo que se debilitan sus tropas. Sin Missandei, sin Jorah, sin Rhaegar y sin su poderoso ejército, la «khaleesi» es más vulnerable que nunca. Su debilidad la perciben incluso dos de sus consejeros más avezados, Tyrion (Peter Dinklage) y Varys (Conleth Hill). Y no solo eso, sino que el segundo incluso comenta sus dudas acerca del estado mental de la joven y no esconde sus intenciones de desertar de su causa para apostar por Jon cuando conoce el secreto peor guardado de los Siete Reinos. «Yo solo debo mi lealtad al pueblo», le dice «La Araña» a Tyrion, después de enterarse de que Jon es en realidad hijo de Rhaegar Targaryen (Wilf Scolding) y Lyanna Stark (Aisling Franciosi), fruto de una relación que ambos tuvieron cuando la segunda estuvo cautiva por la familia de Daenerys.

Aunque más allá de sus mil y un problemas, la obsesión de Dany por el Trono de Hierro ya es una auténtica realidad. «Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa por conseguirlo», llega a confesar en este último episodio la «Rompedora de Cadenas», ante la atónita mirada de su Consejo. En la cabeza de la «khaleesi» no hay sitio para nada más, algo que recuerda y mucho a lo que sucedió con su padre: Aerys II Targaryen (David Rintoul), el archiconocido como Rey Loco.

Únicamente ha aparecido en la serie como remotos recuerdos de Bran Stark (Isaac Hempstead-Wright), el Cuervo de Tres Ojos, pero la relevancia de Aerys en la trama se antoja crucial ante lo que se viene en los dos capítulos que restan. En las ocho temporadas de la serie, los habitantes de todo el universo de «Juego de Tronos» no han dudado en hablar del Rey Loco como el monarca más tirano y cruel que han conocido los Siete Reinos. Un hombre que se casó con su propia hermana, Rhaella, pero que no dudó en violar a cientos de mujeres en Desembarco del Rey.

Una de las muchas teorías sobre la serie, de hecho, señala que el padre de Tyrion no sería Tywin Lannister (Charles Dance), sino el propio Rey Loco, que se cuenta que abusó de Joanna Lannister incluso bajo conocimiento de Tywin. Un detalle que, por otro lado, explicaría la desmedida aversión que Tywin sentía hacia el enano, a pesar de ser su hijo. Más allá de ello, Aerys, al igual que Daenerys, disfrutaba mucho con el fuego, seña de identidad de los Targaryen. Aunque no a grito de «¡Dracarys!», sino con ingentes cantidades de fuego valyrio.

Aerys II Targaryen, el Rey Loco de «Juego de Tronos»
Aerys II Targaryen, el Rey Loco de «Juego de Tronos» - HBO

El Rey Loco... y su fuego valyrio

En el tiempo que duró su reinado, el monarca no dudó en quemar a todo aquel que se opuso a sus intenciones. Chamuscó vivos a Rickard (Wayne Foskett) y Brandon Stark, padre y hermano de Ned, cuando estos marcharon a Desembarco del Rey para rescatar a Lyanna. Algo que sucedió poco antes de que Aerys quisiera hacer arder a todos los habitantes de la capital de los Siete Reinos, y que únicamente impidió Jaime Lannister (Nikolaj Coster-Waldau) cuando acabó con su vida al apuñalarle por la espalda. Desde entonces, a Jaime se le conoce como «El Matarreyes», un apodo que le viene dado de manera despectiva. Tiene gracia que así sea después de que, en un acto de lo más heroico, salvase las vidas de millones de personas.

En las ocho temporadas de «Juego de Tronos», no han sido pocos quienes han recordado a Daenerys la tiranía de su padre. Uno de los mayores ejemplos de ello fue el honorable Ser Barristan Selmy (Ian McElhinney), que sirvió a Aerys y dio buena cuenta de su locura, a pesar de que después juró su lealtad a la «khaleesi» en Essos.

-Serví en su Guardia Real. Estuve a su lado desde el principio. Tus enemigos no mienten al hablar sobre él. Cuando el pueblo se alzó contra él, tu padre ordenó quemar sus casas y castillos. Mató a hijos delante de sus padres. Asesinó a hombres vivos con fuego valyrio. Y se reía mientras gritaban y ardían. Sus esfuerzos para aniquilar a sus disidentes terminaron en una rebelión contra los Targaryen. Todos murieron, excepto dos [Daenerys y Vyseris (Harry Lloyd)], le dijo Ser Barristan a Dany, acerca del Rey Loco

-Yo no soy mi padre, contestó la joven, a la defensiva

-No, no lo eres. Gracias a los Dioses. El Rey Loco condenaba a sus enemigos con la justicia que él creía que merecían. Por ello se vio poderoso, justo e invencible hasta que murió, contestó el caballero

La «Locura de los Targaryen»

Aunque tal y como se cuenta en la serie, los comienzos de Aerys en el Trono de Hierro no fueron tan malos. Al contrario, empezó gobernando con serenidad, hasta que fue poseído por la denominada como «Locura de los Targaryen». Entonces, se encomendó al macabro Gran Maestre Pycelle (Julian Glover) y comenzó a desoír los consejos de Varys, Jaime, Sir Barristan y compañía, hasta que la situación se le fue de las manos. «Locura y grandeza son dos caras de la misma moneda. Cada vez que un Targaryen nace, los Dioses lanzan la moneda al aire y el mundo aguanta la respiración para ver de qué lado caerá», reza una antigua máxima en Poniente.

En el caso de Aerys, al que, en palabras de Jaime, «le gustaba ver arder a la gente hasta que se chamuscaban del todo», el sino de la moneda estaba claro. Pero, ¿seguirá su misma inercia Daenerys? Su sed de venganza es tan clara como lo fueron las «últimas palabras» que Cersei dejó pronunciar a Missandei antes de ordenar a «La Montaña» que rebanase la cabeza de la muchacha, ante la triste mirada de su novio, Gusano Gris (Jacob Anderson). «¡Dracarys!».

Quizá el siempre espontáneo (y queridísimo) Tormund (Kristofer Hivju) diera una pista de lo más reveladora en el cuarto capítulo de la octava temporada, cuando habló sobre la destreza de Jon montando a Rhaegar ante la atenta mirada de Davos y Daenerys. «¿Quién puede montar a un dragón? ¡Solamente un loco o un Rey!». Un chascarrillo de lo más inocente, pero que quizá también sea una profecía con mucho que decir en el futuro de los Siete Reinos. Más en una serie como «Juego de Tronos», que nunca deja nada al azar. Aunque sí a las monedas.