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Desenterrando Sad Hill Clint Eastwood, mil soldados de Franco y un cementerio: los secretos del mítico Sad Hill

El documental Desenterrando Sad Hill, que se estrena hoy, recoge el trabajo para recuperar los escenarios de «El bueno, el feo y el malo»

Lee Van Cleef y Clint Eastwood charlan con un Guardia Civil en una pausa del rodaje de El bueno, el feo y el malo en Burgos
Lee Van Cleef y Clint Eastwood charlan con un Guardia Civil en una pausa del rodaje de El bueno, el feo y el malo en Burgos
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Santo Domingo de Silos. Burgos. 1966. Mil soldados españoles se despliegan sobre una llanura virgen rodeada de montañas. Parece un escenario imposible, sin rastro de que ningún humano haya pisado por allí jamás: no hay una casa en todo lo que da la vista, ni siquiera se ve un poste de la luz en kilómetros. El destacamento pronto recibe la orden de vestirse con ropas de indios y vaqueros para ponerse a las órdenes de un italiano que charla de explosivos con la Guardia Civil. Y... ¡Acción! Sergio Leone ya rueda el momento más épico de «El bueno, el feo y el malo» en el cementerio de Sad Hill.

Ese duelo de miradas entre Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach cerraba «La trilogía del dólar» -«Por un puñado de dólares», «La muerte tenía un precio» y «El bueno, el feo y el malo»- con la que Sergio Leone pasó a comer en la mesa de los grandes directores de la historia. Y lo más importante, hizo huella en varias generaciones de amantes del cine. Tanto es así que unos cuantos de esos seguidores se empeñaron en buscar la localización exacta donde el trío de cazarecompensas cruzaba miradas y balas durante veinte minutos.

A esos fervientes seguidores sigue el director Guillermo Oliveira en el documental «Desenterrando Sad Hill», que llega hoy a los cines después de triunfar en el Festival de Sitges y en un buen puñado de certámenes internacionales. «Si no has visto la película y no sabes nada de espagueti wéstern, no pasa nada, te lo vamos a contar y va a ser un viaje muy divertido», explica el cineasta, que narra en dos tiempos el rodaje del wéstern y su millón de anécdotas con las vivencias de este grupo de fanáticos que reconstruye el escenario. «Esta película es su historia, no la de Eastwood o Morricone, la premisa es qué lleva a alguien que no había nacido cuando se estrenó ”El bueno, el feo y el malo” a entregar parte de su vida a honrarla. Qué te da el cine para querer devolverle tanto de un modo tan hermoso», reflexiona Oliveira.

«Desenterrando Sad Hill» está plagado de entrevistas con nombres como Ennio Morricone, Joe Dante, James Hetfield (cantante de Metallica), montadores, figurinistas, militares que hicieron de extras y construyeron (y volaron) el famoso puente... pero la estrella que todos esperan es Clint Eastwood, al que también entrevistaron para la ocasión. «Le convecimos desde la emoción. Le emociona que le cuentes que algo que hicieron hace 50 años ha dejado huella y sigue marcando la vida de algunas personas», presume Oliveira, que ha dedicado tres años al documental. «En este tiempo, Eastwood ha rodado tres películas y Morricone ha recibido un Oscar», ríe con ironía Oliveira.

Una explosión sin filmar

La escena más imponente de «El bueno, el feo y el malo», salvando el duelo a tres bajo el sol, es la explosión que tumba el puente. Para dotar de más verosimilitud a la escena, Sergio Leone pidió ayuda al militar al cargo de los más de 1000 soldados que Franco había enviado para ayudar en el rodaje. Los militares, para que nada fallara, cargaron hasta los topes de dinamita los cimientos del puente de madera y metal que antes habían ayudado a levantar. Cuando todo estaba dispuesto, el militar de mayor rango le pidió al director que le permitiera dar la orden para hacer saltar todo por los aires.

Leone accedió. Estaba todo calculado al milímetro. A través de unos rudimentarios walkie talkies de la época, el director pediría motor a las cámaras y después daría la orden de que comenzaran a rodar. En aquella época de celuloide había que cuidar cada rollo con cariño, y a diferencia de hoy con el digital, no se grababa un segundo de más que no fuera imprescindible. Una vez que las cámaras estuvieran rodando, desde el puesto seguro donde estaba el director y los altos mandos agitarían un pañuelo y en otro extremo alguien presionaría la palanca que activaba la dinamita. «¿Así que cuando agite este pañuelo el puente estallará?» No le dio tiempo a acabar la frase. Todo saltó por los aires. Por supuesto, todavía no había ninguna cámara rodando.

La mezcla de inglés, italiano y español que se hablaba en Sad Hill hizo que el militar se quisiera asegurar de que lo había entendido bien. No sospechaba que al otro lado de la colina, la persona que estaba para activar la carga vio un pañuelo agitarse y pensó que era el momento. Cuenta la leyenda que Leone, aguantando las lágrimas y los insultos, no se quiso girar a ver el resultado de la catástrofe.

A su vez los militares, entre la vergüenza y el orgullo, le dijeron a Leone que no se preocupara, que en dos días el puente estaría reconstruido. Leone se fue el día siguiente a Almería para rodar las escenas de desierto que le quedaban por filmar y volvió a la semana. El puente y la dinamita volvían estar preparados. Esta vez las cámaras estaban listas cuando se agitó el pañuelo y para la posteridad queda esa impresionante explosión.

Otra anécdota de la voladura que se cuenta en el documental viene de parte de Clint Eastwood. El actor, al ver que los soldados ponían dinamita para tumbar varios puentes habló con Leone. «¿Dónde vas a estar cuando todo explote?», le preguntó el actor. «Allí arriba», respondió el cineasta, que pidió a Eastwood que se pusiera en una cueva donde los dos protagonistas se refugiaban en el filme. Desde allí la cámara grabaría la caída del puente con ellos de espaldas. Clint Eastwood se echó a reír. Dijo que mandara a un doble al agujero, que él se subía a lo alto de la montaña al lado del puesto del director. No se fiaba. De hecho, en la escena se ve cómo las piedras y los troncos de madera sobrevuelan la cabeza de los dobles, que salvan la vida de milagro.