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Antonio WeinrichterAntonio Weinrichter

Crítica de «La espía roja»: Agente simple

«Por eso resulta frustrante que con todos estos elementos a su favor la narración resulte tan fría, tan decepcionante.»

Escena de La espía roja»
Escena de La espía roja»
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Las películas de espionaje de cuando la Guerra Fría conforman un subgénero fascinante, para sus fans fatales. Y aunque esta arranque un poco antes, hacia 1938, son similares los agentes en juego (la Unión Soviética intenta captar a una «informante» británica) y la intriga (grandes secretos en juego que podrían cambiar el curso de la Historia). Por eso resulta frustrante que con todos estos elementos a su favor la narración resulte tan fría, tan decepcionante.

La acción se inicia en 1999: un grupo de policías detiene a Joan, una anciana, acusándola de alta traición. Como su comportamiento y el interrogatorio posterior son tan agresivos, y como ella es nada menos que Judi Dench, enseguida nos ponemos de su lado. Mal hecho: Judi no ocupa ni el cuarto de hora de cortesía de las dos horas de metraje, y sus palabras solo sirven para desencadenar un largo «flashback» que es el que no da la talla de un microfilme mal liado. Nos vamos entonces a Cambridge, universidad en su momento asociada a un célebre escándalo de espionaje real, el caso Kim Philby. Pero no se nos habla de eso sino de las relaciones con una red de agentes soviéticos de la joven Joan, encarnada de forma mayúscula por Sophie Cookson.

No es problema de las actrices, por tanto, hay una tercera que encarna a la amiga que tiende el primer lazo a Joan, y su presencia se echa en falta en cuanto hace mutis: no cabe mayor elogio. Los actores son otra cosa: no nos convencen, no nos importan apenas, ni el joven de pelo ensortijado que seduce, figurada y literalmente, a Joan para la causa roja; ni el físico con el que trabaja desarrollando la versión inglesa de la bomba atómica.

El toque revisionista feminista de subrayar cómo los hombres menosprecian el talento físico, de física teórica, queremos decir, de la joven Joan no sirve para redimir la medianía de la trama. Ni aclara algunas preguntas esenciales. La vemos conectar con sus enlaces desde vistosas cabinas rojas, hacer algunas microfotografías… pero si lo hace solo por amor al rizos o en favor de la «dètente» es una agente (demasiado) simple. La espía real en la que se basa esta Joan tan poco roja lo era de verdad, ¿por qué se nos escamotea esa información?