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Un wéstern desde los oestes del siglo XXI

Jacques Audiard revisa el mítico género de la mano de Joaquin Phoenix, Jake Gyllenhaal y John C. Reilly

Joaquin Phoenix y John C. Reilly, protagonistas de «Los hermanos Sisters»
Joaquin Phoenix y John C. Reilly, protagonistas de «Los hermanos Sisters»
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La justicia a golpe de gatillo fácil, los perfiles de las montañas desgastadas, el polvo en la boca de los vaqueros, el Dorado de un nuevo mundo en el horizonte del Oeste, el crepúsculo del viejo mundo que se acaba frente al imparable progreso… Los elementos del wéstern clásico se funden en los rostros de Joaquin Phoenix, Jake Gyllenhaal y John C. Reilly en «Los hermanos Sisters», una revisión de los tópicos del Oeste de manos del cineasta Jacques Audiard. Pero el director francés no se resigna a decir que su filme es una «subversión» del género, tal y como la crítica lo lleva definiendo desde que lo estrenó en Venecia. «La historia es un cuento, los hermanos son críos de cuarenta años que se pelean como niños y tienen conversaciónes de niños, no tenía la idea de subvertir el género», explica el cineasta durante su visita a Madrid.

Tampoco hay un homenaje a Sergio Leone ni al «Spaghetti Western» en esta historia de dos hermanos que trabajan repartiendo justicia en forma de balas a las órdenes del Comodoro, el hombre más rico de la última frontera civilizada. «Queríamos hacer una película histórica, no un wéstern. Contar unas vidas durante la primera fiebre del oro, cuando ni California ni Oregón eran todavía Estados Unidos… eso es la prehistoria casi», dice soltando un carcajada.

Los protagonistas, los dos hermanos Sisters, persiguen a principios del siglo XIX a un químico que va en busca del Dorado, pero no el de otras películas, sino uno simbólico, casi utópico, y al tiempo tan real como el de los cazafortunas de los años cincuenta. Porque esa ambición sobre la que se fundó Estados Unidos no ha desaparecido. «Cuando se hace una película de Wall Street está esa ambición. Pero aquí no se buscaba el oro por el oro, era para construir una utopía, y esa idea la hemos añadido porque era muy poderosa. La historia de unos hombres persiguiendo a otros hombres que persiguen una idea. Eso es lo diferente aquí», presume Audiard.

Al director de «Un profeta», «De óxido y hueso» y «De latir, mi corazón se ha parado», donde ya daba varias vueltas a los conservadurismos del thriller y del drama romántico, se lanzó al wéstern por encargo, pero lejos de perder el aura de cineasta de culto en Europa, apostó por hacerlo suyo. «Entendí muy tarde que era una historia personal, una película que me tocaba más de lo que creía», confiesa el francés, que de pronto se encontró escribiendo y dirigiendo una historia casi biográfica: «Llegó un día y lo vi: perdí a mi hermano mayor cuando él tenía 25 años y yo 22. De pronto pasé a ser hijo único y el primogénito. Y al final, la historia de la película es que el hermano mayor volverá a ser el hermano mayor, una ascendencia que perdió por los avatares. El nexo dramático era ese, el tema de volver a ser el mayor», desgrana Audiard.

El Oeste, en España

Tiene Audiard fama de ogro, de seco en sus respuestas, pero en Madrid está relajado y divertido. Antes de comenzar la entrevista, se enciende un cigarro, se levanta de la silla, relaja los brazos y lanza sus puños amables contra el estómago de su productor español, Enrique Lavigne. Porque la primera película del francés dirigiendo a nombres de Hollywood de la talla de Phoenix y Gyllenhaal no hubiera sido posible sin capital privado español. Además de Lavigne y sus apaches, han participado Movistar y Atresmedia, y el rodaje ha tenido lugar en los Pirineos y, sobre todo, en esos pueblos de Almería donde Sergio Leone hizo grande a Clint Eastwood. Pese a rodar en esos poblados, pese a los créditos iniciales, a algunos momentos de la banda sonora y a algunos planos, Audiard rechaza cualquier idea de homenaje. «Como mucho habré robado esas cosas, soy un ladrón», comenta entre risotadas. «No era un homenaje, era que ya existían esas ciudades y como teníamos una coproducción española muy buena rodamos ahí. Queríamos hacer una peli europea con actores americanos», sentencia.

John Wayne hoy

La batalla externa que viven los hermanos Sisters termina por desembocar en una batalla interna entre el hombre de progreso y el que no quiere cambiar. Y llega una secuencia que, en palabras del director y guionista, resume la película. A un lado del río, Eli (John C. Reilly) se cepilla los dientes, un invento reciente, al otro lado, el personaje de Joaquin Phoenix mira con pena ante la convicción de que no hay hueco para él en el futuro. La pregunta es obvia: «¿Qué le hubiera dicho John Wayne a estos personajes?» «No lo sé», responde el director, que se declara ajeno al mundo de aquel wéstern. «Voy a ponerte el ejemplo de John Wayne desde otro lado. El cine es educación, y educó a mi generación porque copiábamos lo que veíamos. Con 14 años, el cine me enseñó a comportarme como un hombre, pero no fue John Wayne sino Trintignant, y aprendí a hablar a las mujeres, a ligar. John Wayne no me sirvió para nada, no me enseñó nada», confiesa.

Al final, este cuento de niños que juegan con pistolas, con más influencia de «La noche del cazador» que de John Ford, se despliega como una película del oeste imprescindible para los amantes del género y los neófitos: «Hemos pasado por muchas fases… Pero planteando el proyecto la pregunta siempre era: ¿Cómo hacer una película moderna y entretenida? Por eso hay dentro comedia, acción, aventura… La cuestión era llevar esta cosa del wéstern hacia nuestros tiempos».