ES NOTICIA EN ABC

En realidad, nunca estuviste aquí Joaquin Phoenix, el héroe que quiso huir

El actor da vida a un justiciero atormentado y lleno de traumas en «En realidad, nunca estuviste aquí», un papel hecho a su medida

Lynne Ramsay y Joaquin Phoenix conversan en el set de «En realidad, nunca estuviste aquí»
Lynne Ramsay y Joaquin Phoenix conversan en el set de «En realidad, nunca estuviste aquí» - ABC
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

No hay actor en Hollywood que encarne mejor la idea de icono atormentado que Joaquin Phoenix (Puerto Rico, 1974). Su imagen lacónica, casi como un ser doliente que levita desesperado entre los mortales, ha traspasado la pantalla y parece habitarle. «Todo lo que hace es gracioso, sensible o tormentoso», asegura la directora Lynne Ramsay, que convenció al actor para que se sumase a su última película, «En realidad, nunca estuviste aquí», que se estrena hoy.

La película es un viaje que apenas pellizca la superficie de una de las maldades que llena de oscuridad el planeta, la pederastia, y sin embargo Joaquin Phoenix pelea para salvar, dentro de sus posibilidades, a las niñas que caen en manos de una red de políticos que pedófilos. Combate solo, con su rabia y sus traumas y sus continuos instintos suicidas. Su única maleta es la experiencia que le dio ser marine de EE.UU. y una madre que le ancla a la realidad del día a día.

«Joaquin es un tío de una sola toma. Está por encima de los ensayos»
Lynne Ramsay, Directora de En realidad, nunca estuviste aquí

Nada sabe el espectador de la red criminal a la que se enfrenta Joaquin Phoenix, como nada sabe su personaje de dónde se mete en cada una de sus incursiones salvadoras. No importa, porque aquí no hay denuncia ni profundidad sobre una realidad que desconocemos. Tan solo la historia violenta y radical de un hombre violento y radical que quiere preservar el último rastro de inocencia que queda en su mundo. Y quizá por eso –y por economía en el presupuesto, reconoce la directora– el espectador no ve esas escenas de extrema crueldad a las que acostumbra Hollywood. «Vivimos en un mundo explícito, pero lo que imaginamos es más aterrador que lo que vemos. Hoy en día consumimos una violencia de dibujos animados», asegura la directora, que no quiso mostrar «una violencia enajenada». «Prefiero darle humanidad, y Joaquín consigue transmitir esos matices».

Una sola toma sin ensayos

No hay reportaje, crónica o entrevista sobre Joaquin Phoenix que no recuerde aquella broma infinita que fue «I’m Still Here», en la que donde destrozaba al Hollywood autoconsciente de su poder. En aquel falso documental se jugó su reputación y su carrera (la productora que creó junto a su cuñado Cassey Affleck se llamó «They Are Going to Kill Us», «Nos van a matar») y demostró que era algo más que el mejor actor de su generación. Pero desde entonces se ha asentado. Ya no quiere demostrar nada, solo actuar en lo que elige. Y eligió una película de una directora escocesa de la que no entendió ni una sola palabra en la primera conversación que tuvieron. Imposible con el cerrado acento escocés de Lynne Ramsay. Pero no importó. Quería trabajar con ella. Y gracias a la colaboración se llevó el premio en Cannes a mejor actor. Claro, que Ramsay le devuelve el cumplido: «Joaquin es un tío de una sola toma. Está por encima de los ensayos», explica, y recuerda una escena en la que Joaquin Phoenix pega un puñetazo a un camello. No estaba en el guión. Ni el pobre actor se esperaba el golpe. «Le dije: ¿podrías avisarme la próxima vez? No quiero que nos demanden», asegura riendo la cineasta.

El héroe que aquí encarna Phoenix sería el antihéroe de cualquier película. Tosco, rudo, maleducado. «No es James Bond», dice irónica Ramsay, a quien el personaje le recuerda más al Jorobado de Notre Dame o a la Bestia de «La bella y la Bestia». «Quería alejarme del prototipo de tío con cuerpo escultural, tableta de chocolate y que siempre dispara a matar. Joe es lo contrario», cuenta.

El pasado de Joe, un marine que vivió el horror de la guerra, se refleja en las cicatrices que adornan su cuerpo. En el alma tiene las heridas de un padre que maltrataba a la madre que ahora él cuida cada día. Una vida dura que cuenta a través de flashbacks brevísimos, lo suficiente para imaginar la crudeza.

Como no podía ser de otra manera, Joaquin Phoenix mimetizó ese dolor. Y aquí Ramsay cuenta otra anéctoda de rodaje. Joaquin Phoenix con la cara ensangrentada que se arranca una muela él mismo con unos alicates. Tampoco estaba en el guión original, es evidente, si no hubiera sido más fácil. «Tranquilos, esta vez sí que era un diente de mentira», confiesa la directora.