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Desde una batea a la lata de conserva

Día 14/04/2014 - 08.47h
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Visitar fábricas que rezuman tradición y espacios naturales únicos en La Coruña es posible con la «Ruta Conservera»

Turismo industrial: una forma de turismo cultural que tiene como objetivo principal difundir el patrimonio industrial —tanto el antiguo como el actual—, relacionado íntimamente con la tecnología y el trabajo. Un tipo de turismo que representa los rasgos más característicos de la historia y la cultura de una sociedad. Es el novedoso concepto con el que la provincia de La Coruña está poniendo en valor algunos de sus más desconocidos rostros.

La «Ruta Conservera» es ejemplo de ello. Visitar empresas legendarias que rezuman tradición, descubrir los vestigios de su historia, acercarse a museos que representan la memoria de un pueblo dedicado al mar y recorrer espacios naturales únicos es solo parte de lo que ofrece este proyecto impulsado por la Diputación de La Coruña.

Y es que en Galicia, donde se localizan el 50 por ciento de las empresas españolas dedicadas a la industria conservera —uno de los sectores más pujantes de la economía gallega—, «es necesario poner en valor lo que es nuestro, lo que tiene nuestra tierra», ensalzaba ayer el presidente del ente provincial, Diego Calvo, durante la presentación de esta iniciativa turística.

Tradición e innovación

De norte a sur, en el litoral gallego convive un amplio abanico de empresas centenarias con firmas de reciente creación dedicadas a la explotación del mar. En particular, en la comarca coruñesa del Barbanza emergen un gran número de compañías relacionadas con la industria conservera.

Desde astilleros, que construyen los barcos que hacen posible que el pescado y el marisco llegue a las fábricas, hasta conserveras que tratan estos productos para ofrecerlos al consumidor. Así, en la comarca del Barbanza se puede visitar el astillero Triñanes, en el ayuntamiento de Boiro, y la fábrica de conservas Luís Escurís Batalla, en A Pobra do Caramiñal, entre otras visitas que plantea la «Ruta Conservera».

El astillero Triñanes se dedica a la reparación de embarcaciones tradicionales de madera. Su andadura se remonta al 1978, fecha en la que el maestro carpintero de ribera don José Triñanes Domínguez alquiló una nave y empezó a construir diferentes embarcaciones como dornas, lanchas o pesqueros utilizando las técnicas tradicionales aprendidas en la niñez. Técnicas que heredaría su hijo Gerardo, que continúa hoy por hoy dirigiendo el astillero. Los «creadores de formas» de Triñanes, como se refiere Gerardo a sus trabajadores, pueden confeccionar un barco «al gusto de cada armador». Es su baza para competir con la industria del poliéster, el material estrella para las embarcaciones de ahora.

Y del astillero boirense a la conservera Luís Escurís Batalla, ubicada en el ayuntamiento vecino de A Pobra do Caramiñal. Luís Sánchez lleva 25 años al frente de la fábrica. Forma parte de la tercera generación de un negocio heredado de padres a hijos, transmitiendo los secretos de la elaboración artesanal para conseguir unos berberechos, mejillones o atunes enlatados de calidad excepcional. Son las manos de las mujeres que conforman la plantilla de Escurís las que miman, de manera mecánica, el tratamiento de estos géneros. Productos que mantienen una posición destacada en las mejores tiendas de España y del mundo. Un lujo para el paladar que, ahora, lo es también para los sentidos.

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