Trump se lanza a por la reelección centrado en ataques a los demócratas

Cuatro años y dos días después de presentar su candidatura a las presidenciales de 2016, el magnate dio este martes por la noche el inicio oficial a su campaña

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Cuatro años y dos días después de presentar su candidatura a las presidenciales de 2016, Donald Trump dio este martes por la noche el inicio oficial a su campaña de reelección.

Fue en un mitin multitudinario, en el Amway Center de Orlando, un estadio de la NBA -aquí juegan los Orlando Magic- con capacidad para 20.000 personas que se quedó pequeño. Según el propio Trump, hubo peticiones de más de 120.000 personas para asistir. Es imposible corroborarlo pero es innegable que había colas para coger sitio desde el día anterior y que ningún candidato demócrata podría emular una entrada en la confrontación electoral con este baño de masas.

El mitin en Florida -un estado clave, de los que dan y quitan elecciones- no supuso un regreso de Trump a la campaña electoral, porque nunca la ha abandonado. Pero fue un desembarco a lo grande, un macrofestival «trumpiano», desbordado de asistencia y teñido del color rojo republicano en gorras y camisetas.

El vicepresidente de EE.UU., fue el encargado de calentar al respetable: «Estamos aquí por una sola razón: EE.UU. necesita cuatro años más de Donald Trump», proclamó sobre el presidente, «un líder que creyó en vosotros».

Pero lo que de verdad desató la euforia fue la presencia de Trump, que celebró la enorme presencia de seguidores y se lanzó a un discurso largo, más allá de la hora y cuarto, con entradas y salidas constantes del guión que tenía preparado.

Trump trató de defender los progresos conseguidos por su Administración, en su particular estilo hiperbólico: «Tenemos quizá la mejor economía de la historia de nuestro país», «el sueño americano es ahora mejor, más grande y más fuerte», «hemos conseguido más que cualquier otro presidente y en el medio de una caza de brujas», dijo en referencia a las investigaciones en su contra sobre la trama rusa, obstrucción a la justicia y otras que los demócratas impulsan en el Congreso. «Ningún presidente debería pasar por ello», dijo sobre las investigaciones, que retrató como un ataque contra su electorado, más que contra él.

La tónica de su discurso -y quizá lo que queda por delante en la campaña- fueron los ataques duros contra los demócratas. «Esta elección no será un veredicto sobre el progreso que hemos hecho, sino un veredicto sobre la conducta anti americana de aquellos que han tratado de destruir a nuestra democracia y a vosotros», dijo sobre la oposición.

«¿Os imagináis un presidente y un Congreso demócratas en 2020?», preguntó, con una respuesta preparada, en la que pronosticó que «os quitarán vuestros derechos constitucionales mientras llenan EE.UU. de inmigrantes ilegales para ampliar su base de votantes».

Con los demócratas, amenazó, llegará el «socialismo radical y el fin del sueño americano» y, en un guiño a la tendencia izquierdista de la mayoría de candidatos demócratas, entre ellos candidatos que no rechazan la etiqueta de socialista, proclamó, como en el discurso sobre el estado de la unión, que «EE.UU. nunca sera socialista».

Durante su intervención, Trump recuperó algunos de los grandes temas -todavía muy lejos de solucionarse- de su campaña de 2016, como la guerra comercial con China («tendremos un gran acuerdo o no habrá acuerdo»), el muro con México («avanza muy rápido, a finales del año que viene tendremos unos 650 kilómetros») o la reforma sanitaria de Obama, que, aunque ha eliminado en parte, no ha conseguido que el Congreso acabe con ella.

A pesar de ser un discurso importante, de inicio de campaña, en un escenario espectacular, Trump no ofreció grandes novedades en su mensaje, que sigue anclado en el lema populista de «Make America Great Again» (Hacer EE.UU. grande otra vez), reconvertido ahora en «Keep America Great» (Mantener la grandeza de EE.UU.). Tampoco dedicó ataques contundentes a ninguno de sus posibles contrincantes en la elección del año que viene y que dentro de unos días se medirán en los primeros debates de las primarias demócratas. Seguro que habrá tiempo para eso.