Trump agita el fantasma del fraude electoral en varios estados de EE.UU.

Cuatro días después de las elecciones, sigue el recuento en Florida, Arizona y Georgia por la escasa distancia entre demócratas y republicanos

Corresponsal en Nueva York Actualizado: Guardar
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Donald Trump reavivó ayer las especulaciones de que la oposición demócrata utiliza juego sucio para cambiar resultados electorales que le favorecen. Varias elecciones claves celebradas el pasado martes, inclinadas hacia el lado republicano, todavía no se han decidido por la escasa diferencia de voto. Ante la posibilidad de recuentos, cambios de ganadores o segundas vueltas, Trump se ha adelantado con acusaciones de fraude, aunque sin aportar pruebas. «Los votos siempre van para el mismo lado, para los demócratas», dijo ayer desde la Casa Blanca, antes de subirse al helicóptero presidencial para iniciar su viaje hacia París, donde acude para asistir a la conmemoración del Armisticio de la Primera Guerra Mundial.

Agitar el fantasma del fraude electoral ha sido una tónica habitual en Trump. No le sirvió ganar las elecciones presidenciales de 2016, en las que, sin ninguna evidencia, dijo que hubo «millones» de votos ilegales. Era una reacción a un dato molesto: Hillary Clinton obtuvo casi tres millones de votos más que él en aquellas elecciones (el presidente no se elige por el voto popular, sino por electores de cada estado que forman el Colegio Electoral). Trump llegó a establecer con pompa y circunstancia una comisión para investigar el fraude electoral, que acabó disuelta sin ofrecer conclusiones.

Durante la campaña ya avisó que habría fraude, ante la certeza de que varias elecciones, como ha ocurrido, estarían muy empatadas y podrían dar lugar a batallas legales. Un escaño de senador por Florida, otro en Arizona y el de gobernador de Georgia están en el centro de la polémica.

Florida es un escenario habitual en estas batallas poselectorales. Es un estado bisagra, donde las fuerzas demócratas y republicanas están muy igualadas, como se ha vuelto a demostrar este año. La batalla por el gobernador cayó por escaso margen de lado republicano: Andrew Gillum, una de las sensaciones demócratas y que prometía ser el primer gobernador negro del estado, concedió la victoria ante el republicano Ron DeSantis.

No ha ocurrido lo mismo con el escaño para la cámara alta, disputado entre el republicano Rick Scott, hasta ahora gobernador de Florida, y Bill Nelson, actual senador. Dos condados de fuerte implantación demócrata y mucha población todavía están contando votos y reduciendo el margen para Scott, que apuntaba como ganador el martes por la noche. El asunto ha enfurecido a los republicanos, empezando por Trump. «Rick Scott ganaba por más de 50.000 votos el día de las elecciones, y ahora han “encontrado” muchos votos y solo está arriba por 15.000», acusó en Twitter. «¿Cómo es que nunca encuentran votos republicanos?», se preguntó.

Segundo recuento por ley

El asunto es una batalla política que ya se ha convertido en legal. La norma exige que si hay una diferencia entre candidatos de menos del 0,5% de los votos totales, hay que hacer un recuento oficial en todo el estado y Scott ha presentado dos demandas contra las autoridades electorales.

En el centro de la polémica está el condado de Broward, que ha vivido guerras electorales de todos los colores. La más importante, la batalla legal en las presidenciales de 2000, en las que el Tribunal Supremo acabó brindando la victoria a George W. Bush frente a Al Gore. Pero también ha habido luchas cainitas entre demócratas: el candidato de Bernie Sanders en las primarias de 2016 acusó a las autoridades electorales de fraude.

En Georgia, la demócrata Stacey Abrams, que buscaba convertirse en la primera gobernadora negra del país, no acepta todavía la declaración de victoria de su contrincante, Brian Kemp. La campaña del republicano acusa a Abrams de querer «robar» la elección, y la demócrata se defiende en la escasez del margen y en que quedan muchos votos por correos que contar. De momento, Kemp ha obtenido el 50,3% de los sufragios, pero si el resultado cae por debajo del 50%, la ley de Georgia impone una segunda vuelta. Durante la campaña, Abrams acusó a Kemp, que controlaba el sistema electoral desde su cargo de secretario de Estado de Geogia, de suprimir el voto de la minoría negra.

En Arizona, el conteo de votos de última hora ha llegado a dar la vuelta a la tortilla. El martes por la noche, todo apuntaba a que la ganadora del escaño para el Senado sería Martha McSally. El jueves por la noche, sin embargo, Cinema se ponía por delante y ayer por la mañana guardaba una ventaja de 9.000 votos. Ante esta situación, los republicanos han acusado a la autoridad electoral del condado de Maricopa, Adrian Fontes, de «destrucción de pruebas» e «irregularidades en las votaciones».

Trump buscó ayer enturbiar todavía más los recuentos y las acusaciones de fraude. «¡Culpemos a los rusos y exijamos una disculpa inmediata del presidente Putin!», dijo con sorna.