Salvini dinamita el Gobierno ideal de la internacional nacional-populista

La arriesgada apuesta de Salvini, entre fiesta y fiesta con su torso desnudo en las playas italianas, ha coincidido con el enésimo episodio de su principal filón electoral: la inmigración

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Una de cal y otra de arena para la internacional nacional-populista europea. Si la victoria de Boris Johnson en las primarias conservadoras británicas sumaba un primer ministro de peso más a su internacional identitaria, la bicefalia populista de Italia se ha quebrado por las ambiciones del ministro del Interior italiano Matteo Salvini.

Envalentonado por su gran victoria en las europeas y los sondeos en torno al 38 por ciento, el líder leguista ha planteado una moción de censura para adelantar las elecciones. Hasta hace unos días Italia era el modelo del populismo perfecto para Steve Bannon, ex asesor estrella de Donald Trump, y el analista ruso Aleksandr Dugin, teórico estrella del neo eurasianismo y que reconocía el pasado otoño en la revista « Política Exterior» que el italiano era su Gobierno ideal: dos partidos, el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga, que se identifican con el pueblo y contra las élites aunando identidad, rechazo a la inmigración, a favor de políticas económicas proteccionistas y especialmente cercanos a la Rusia de Vladimir Putin.

Bannon había instaurado su escuela populista en un monasterio italiano para inspirarse y unificar en torno a su influencia a los partidos semejantes a la Liga. Pese a las expectativas y el triunfo inapelable del partido ultraderechistas, la influencia de los euroescépticos no sólo no aumentó exponencialmente en las elecciones europeas del pasado 26 de mayo, sino que las fuerzas europeístas se reforzaron con la irrupción de liberales y verdes para sostener la mayoría decadente de democristianos y socialdemócratas. Días después de aquella decepción, el Gobierno de Italia revocó los derechos de propiedad, que fueron entregados al Instituto Dignitatis Humanae, un grupo de expertos afiliado a Bannon, aduciendo que la organización no había pagado las tarifas de concesión ni realizado trabajos de mantenimiento en el claustro.

Con el anuncio de la moción, Salvini buscaba dar un golpetazo electoral junto a los ultras de Fratelli d’Italia y el moribundo Forza Italia del penúltimo líder carismático del flanco derechista: Silvio Berlusconi. Sin embargo, «Il Cavaliere», reconvertido en un caricaturesco eurodiputado, ha rechazado disolver su partido para honor y gloria de una lista única para Salvini.

Entretanto, aunque hace un año parecía imposible, el «viejo» social liberalismo del aún influyente Matteo Renzi y los antisistema «grillini» (por el fundador Beppe Grillo) quieren evitar el desastre electoral de ver por primera vez a un partido de extrema derecha como líder absoluto de un miembro fundador de la Unión Europea.

Los senadores del Partido Democrático afines a Renzi y los del Movimiento 5 Estrellas, furiosos contra Matteo Salvini que rompió sin advertir su alianza el 8 de agosto, votaron el pasado martes unidos contra la propuesta del líder de la Liga de derrocar esta semana al gobierno de Giuseppe Conte. Acordaron pedirle al jefe del ejecutivo, cercano al M5S, que asistiera para un discurso el 20 de agosto en el Senado e intente resolver la crisis política.

La arriesgada apuesta de Salvini, entre fiesta y fiesta con su torso desnudo en las playas italianas, ha coincidido con el enésimo episodio de su principal filón electoral: la inmigración. Más de 500 migrantes esperan desembarcar de dos barcos de rescate en el Mediterráneo, uno operado por Médicos Sin Fronteras el otro por los españoles de Open Arms.

A Salvini poco le ha afectado en estimación de voto las informaciones que le relacionan financieramente con el Kremlin -por la que la Fiscalia ha abierta una investigación-, o que en los primeros siete meses del año 2019 el número de llegadas de inmigración irregular por el Mediterráneo haya descendido un 30%. Con el rosario en el puño y besándolo apasionadamente ante la multitud, Salvini se ha enfrentado otra vez al Papa Francisco por el salvamento de los inmigrantes y por la batalla por la verdadera identidad católica en el país. «Es un choque entre el catolicismo institucional y el catolicismo como identidad étnica. Y Salvini podría ganar», ha tuiteado el profesor de la Universidad Johns Hopkins Yascha Mounk, autor del libro «El pueblo contra la democracia» (Paidós).

Chalecos amarillos

Una elección sólo puede ser convocada por el presidente de Italia, el jefe de estado, Sergio Mattarela. Si los populistas se asocian con los socialdemócratas, es posible que se forme un nuevo Gobierno de coalición sin la Liga, y la apuesta de Salvini habrá fracasado espectacularmente. Para Stefano Folli, editorialista del periódico Repubblica citado por la agencia France Press, «un gobierno restringido al PD y M5S, que nacería con la ambición de durar una legislatura hasta 2022, es la hipótesis más realista, siempre que encuentre una base para un programa coherente».

El acercamiento táctico de Renzi y los antisistema parecía impensable hace tan solo unos meses, con insultos de un lado a otro del arco parlamentario y en las redes sociales. Uno de los momentos de mayor confrontación ideológica y política fue cuando el vicepresidente Luigi Di Maio, líder del M5E, apoyó públicamente a los chalecos amarillos en Francia, reuniéndose el pasado invierno con un grupo de manifestantes. «Di Maio está con chalecos amarillos contra las instituciones francesas y agrega que Macron sería responsable de la muerte de los migrantes. ¡Es estúpido! Su búsqueda de enemigos está ridiculizando a 70 años de la política exterior de Italia. ¡Viva la amistad italiano-francesa!», tuiteó el ex primer ministro italiano en febrero. Seis meses después de aquello, Renzi y el partido de Di Maio se baten para evitar las elecciones anticipadas anheladas por Salvini, la crisis amarilla en Francia se desvanece y paradójicamente una de sus franquicias, la portuguesa «Coletes Amarelos», ha anunciado esta semana su disolución.