El ministro de Justicia brasileño prefiere morir a ser un preso en su país
Reos de la Penitenciaría del Estado de Sao Paulo, tras un intento de fuga en 2003 - efe

El ministro de Justicia brasileño prefiere morir a ser un preso en su país

José Eduardo Cardozo, responsable de las cárceles, admite que sus condiciones son «medievales» y que en ellas se violan los derechos humanos

corresponsal en sao paulo Actualizado:

El ministro de Justicia de Brasil, José Eduardo Cardozo, calificó las condiciones de las cárceles brasileñas de «medievales» y dijo que preferiría morir a ser preso en Brasil. Las cárceles brasileñas, bajo la responsabilidad de su ministerio, son conocidas en el mundo por las graves violaciones a los derechos humanos, entre ellos el hacinamiento.

«Los presidios brasileños necesitan ser mejorados. Entre pasar años en un presidio brasileño y perder la vida, yo tal vez prefiriese perder la vida», declaró Cardozo durante una conferencia ante trescientos empresarios. «(El sistema) no permite lo que es más importante en una acción penal, la reinserción social de quien fue privado de libertad», agregó. A su juicio, el sistema brasileño viola los derechos humanos.

En el cargo desde hace casi dos años, Cardozo fue nombrado por el Partido de los Trabajadores (PT, oficialista). El número de presos se ha duplicado en el país durante la década que el PT lleva en el poder. Brasil tiene casi 500.000 presos en un sistema en el que caben 300.000 reos, según datos oficiales. Casi el 40 por ciento se encuentra a la espera de juicio por la lentitud de la Justicia.

Celda inhumana en Paraíba

El pasado septiembre, el Consejo de Derechos Humanos del estado de Paraíba, en el norte del país, denunció que en una celda de la prisión de máxima seguridad Romeu Gonçalves de Abrantes sobrevivían prácticamente amontonados ochenta hombres desnudos entre baldes llenos de excrementos y de orines, sin colchones ni agua potable. Las fotos de la celda muestran una absolutafalta de humanidad.

En 1992 se registró en Brasil una de las peores matanzas de la historia, cuando la Policía Militar de São Paulo entró en la prisión de Carandirú para apaciguar una rebelión y mató a 111 detenidos. El cineasta Héctor Babenco realizó una película en 2003 que lleva el nombre de la prisión y da su versión sobre la tragedia.