Vladimir Putin y Emmanuel Macron en una reunión en Turquía
Vladimir Putin y Emmanuel Macron en una reunión en Turquía - Reuters

Macron con Putin, charletas y dieta mediterránea cuando los sondeos están por los suelos

Según todos los sondeos del último trimestre, Macron no sale del hoyo del 70 al 75 % por ciento de opiniones negativas

Corresponsal en ParísActualizado:

Emmanuel Macron recibirá la tarde/noche de este lunes a Vladimir Putin en el Fuerte de Brégançon (Var), residencia veraniega de los presidentes de Francia, cinco días antes de la cumbre del G7 (EE. UU. Alemania, Reino Unido, Canadá, Japón, Italia y Francia), intentando restaurar o confirmar, la «autonomía estratégica» de Francia y su propia estatura nacional e internacional, cuando el 70 o el 75 % de los franceses tienen mala o muy mala opinión de su presidente.

Durante la pasada campaña de las elecciones europeas, Macron intentó en vano presentarse como líder internacional de las democracias liberales, ante la ascensión de los populismos y las democracias «iliberales», comenzando por las de Europa del Este, a su modo de ver.

A finales de junio, todavía bien reciente la campaña europea, Vladimir Putin declaró a «Financial Times» que, desde su punto de vista, «el liberalismo es algo obsoleto». Hace un largo quinquenio que los siete grandes occidentales que controlan el G7 decidieron expulsar a la Rusia de Putin, tras la anexión de Crimea, en el marco de la afirmación militar bonapartista de la «gran Rusia».

A pesar de tales antecedentes y del apoyo político y bancario de Putin a las extremas derechas de Francia y otros países europeos, Emmanuel Macron desea reafirmar su independencia y autonomía estratégica, en la más absoluta soledad, nacional e internacional. En la escena francesa, solo Marine Le Pen afirma a diario su solidaridad política con Putin. En la escena internacional, ni Washington ni los aliados europeos consideran oportuno levantar el veto / sanción de Putin en el cónclave del G7.

Los portavoces oficiales y oficiosos de Macron justifican la iniciativa presidencial por un rosario de razones de este tipo: «Es más indispensable que nunca activar las relaciones franco soviéticas, cuando las tensiones entre Washington, Teherán, Damasco y Moscú son un polvorín inquietante». «Siempre es urgente intentar el diálogo en momentos de crisis».

Se trata, desde esa óptica, oficial, de contener a Moscú/Putin intentando evitar que la Rusia putiniana prefiera privilegiar sus relaciones con China.

Thomas Gomart, director del IFRI (Institut français des relations internationales), comenta al vespertino «Le Monde»: «Deseando afirmar ese papel de intermediario, intentando relanzar las relaciones bilaterales, a largo plazo, Macron corre el riesgo de hacer el juego de una potencia que ha erigido su pragmatismo internacional en ideología antioccidental».

Prudentes, los portavoces de Macron se apresuran a matizar que, en verdad, «no es posible solucionar las crisis de Siria y Ucrania con una cena informal». ¿Qué puede esperarse de la reunión de trabajo de los presidentes de Francia y Rusia? Buenas palabras y gran cocina mediterránea, con gestos simbólicos que no apreciarán forzosamente los aliados tradicionales de Francia, comenzando por la Alemania conservadora de Angela Merkel y sus renuentes sucesores y sucesoras.

Desde otra óptica, el encuentro Macron/Putin también tiene un objetivo puramente nacional: restaurar la deteriorada imagen del presidente de la República, que sigue estancada y muy mal parada en los sondeos.

Según todos los sondeos del último trimestre, Macronno sale del hoyo del 70 al 75 % por ciento de opiniones negativas. Siendo Francia el país más presidencial entre todas las democracias liberales, es tradición que los presidentes intenten dar lustre a sus desventuras nacionales a través de la gesticulación internacional. Es el caso de Emmanuel Macron, en vísperas de una «rentrée» previsiblemente caliente y un G7, en Biarritz, de resultados harto imprevisibles.