Trump protagoniza el arranque del G-7 con su promesa de un «gran acuerdo comercial» con Reino Unido tras el Brexit - ATLAS

BrexitJohnson avisa que no pagará la factura de 43.000 millones de euros a la UE

Trump y su homólogo británico presumieron de gran relación después de que Washington ofreciera a Londres un acuerdo comercial rápido y ventajoso

ParísActualizado:

Donald Trump, Emmanuel Macron, Angela Merkel y el resto de los miembros del G-7, consagraron lo esencial de sus encuentros, bilaterales y colectivos, durante todo el santo día del domingo, a trabajar de «bomberos», intentando desactivar o diluir los más inflamables incendios y campos de minas: efectos «cataclismáticos» de un posible Brexit duro, ambiciones nucleares de Irán e internacionales de Rusia, y el alcance planetario de la crisis ecológica en Amazonia.

Como es tradicional y corresponde a su personalidad, Trump fue un protagonista privilegiado, matizando y puntualizando y «corrigiendo» todas las ocurrencias de sus colegas y los medios de comunicación o «incomunicación» de masas.

Angela Merkel, Emmanuel Macron y Donald Tusk, presidente saliente del Consejo Europeo (CE), fueron los primeros en entrevistarse con el primer ministro británico, Boris Johnson, para insistir y repetir, con diplomática firmeza, que no es posible negociar ningún nuevo acuerdo entre el Reino Unido y la UE.

«Aliado enemigo», como lo califica el último informe de la Brookings Institution consagrado a las relaciones trasatlánticas, Donald Trump no dudó en sacar los pies del plato diplomático, para recordar su apoyo entusiasta a un Brexit duro, a finales de octubre: «Tras el Brexit, negociaremos un gran acuerdo comercial, el más importante de la historia del Reino Unido y los EE.UU.». Johnson reaccionó encantado ante tales propósitos, diciendo, en voz baja, que bien le gustaría que las exportaciones ingleses fuesen «mejor tratadas» en el mercado norteamericano. La declaración del presidente de los EE.UU. es un torpedo dirigido contra la línea de flotación de los aliados europeos, apoyando una ruptura histórica y previsiblemente catastrófica para todas las partes. El resto de los miembros del G-7 prefirieron responder con un silencio intachable.

En ese marco, volátil, las fuentes diplomáticas inglesas filtraron, en Biarritz y Londres, horas más tarde, otro proyecto inflamable de Johnson: consumar un Brexit duro y negarse a pagar los 43.000 millones de indemnizaciones a los aliados europeos o buena parte de esa cantidad, tras ese Brexit duro.

Se trata de un punto tan grave como temible. Si el primer ministro británico llegase a consumar su doble amenaza, romper con la UE y no pagar las «facturas» pendientes y debidas, estallaría una guerra comercial, institucional y judicial entre el Reino Unido y los aliados europeos.

Las filtraciones inglesas fueron recibidas en los medios diplomáticos más diversos desde dos puntos de vista.

Los «optimistas» estiman que Boris Johnson estaría «gesticulando» para terminar convocando elecciones generales anticipadas, a mediados de octubre, a la espera de conseguir un nuevo mandato negociador. Los «pesimistas» temen que el apoyo de Donald Trump sea un «espaldarazo» a una ruptura amenazante para el proyecto histórico de la construcción política de Europa.

Encantado y siempre sonriente con sus propias «gracietas», el presidente de los EE.UU. no dudó en «poner en su sitio» a sus renuentes aliados en dos terreno sensibles de la actualidad internacional. Emmanuel Macron había decidido invitar oficiosamente al ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohammad Javad Zarif. Un portavoz oficial de Trump se apresuró a confirmar que «no era el momento» de recibir ni entrevistarse con un enviado especial de Teherán.

Por el contrario, Trump defendió con aparente «vigor» la «vuelta» de Vladímir Putin al G-7, del que fue expulsado, el 2014, tras las intervenciones militares del ejercito ruso en Crimea y el este de Europa. Macron también «milita» por alguna forma de «reintegración» de la Rusia de Putin en el concierto europeo. Sin embargo, el presidente saliente del Consejo Europeo recordó que «todavía es pronto» para esa «vuelta» no deseada por muchos aliados europeos.

Acuerdo del Mercosur

Durante la tarde y noche del domingo, los siete grandes celebraron una reunión de trabajo y una cena de «hermandad» con los representantes de países de varios continentes, Europa incluida: España, Australia, Chile, la India, Burkina Faso, Egipto, Senegal, Ruanda y África del Sur.

A juicio de Emmanuel Macron, siempre «creativo» y voluntarista, el diálogo entre Europa y África es esencial. Y es más urgente que nunca trabar relaciones, iniciar diálogos, promover proyectos… retórica diplomática convencional, que los distintos participantes pueden interpretar libremente. Sin que sea posible olvidar la ruda competencia de los EE.UU., China, y Europa en un continente demográficamente en «explosión».

Preparando la jornada de trabajo de este lunes, consagrada al cambio climático, esencialmente, Emmanuel Macron siguió intentando coordinar, pactar, negociar, alguna fórmula de «acción común» ante la gran crisis ecología de la cuenca del Amazonas, Amazonia. Angela Merkel comenzó por «enfriar» los proyectos originales del presidente francés: «romper» el acuerdo entre la UE y Mercosur, para «protestar» contra la política del Gobierno del Brasil. Macron no ha encontrado aliados de peso en ese terreno.

En opinión del presidente francés, por el contrario, quizá sea posible esperar alguna declaración y proyecto de acción común, en forma de ayuda a todos los países afectados… «El G-7 está de acuerdo en ayudar con rapidez a los países más afectados», llegó a declarar Macron. Está por ver qué proyectos serán aceptables para Donald Trump y la UE. Quedaría por negociar el costo financiero preciso de las posibles ayudas.