Pablo Ibar, durante una de las sesiones de este cuarto juicio
Pablo Ibar, durante una de las sesiones de este cuarto juicio - EFE

La hora de la verdad para Pablo Ibar

Comienzan las conclusiones finales en el cuarto juicio del español que estuvo dieciséis años en el corredor de la muerte. Por primera vez tiene una defensa sólida, pero el veredicto es una incógnita

ENVIADO ESPECIAL A FORT LAUDERDALE (FLORIDA)Actualizado:

Apenas hay que cruzar una calle para llegar de la cárcel del condado de Broward, en Fort Lauderdale, en el Sur de Florida, a los juzgados donde se celebra el juicio a Pablo Ibar. Han pasado 24 años y medio desde que el español, hijo de un pelotari vasco emigrado a EE.UU., fuera detenido por un incidente entre pandilleros y trapicheadores, la gente con la que el entonces veinteañero se relacionaba. Su rostro era muy parecido al de uno de los dos asesinos que una cámara de seguridad capturó en un triple homicidio pocos días antes, el de un conocido empresario de la noche y dos chicas jóvenes que le acompañaban en su casa. Acabó siendo acusado de ese crimen, condenado a la pena capital y colocado en el corredor de la muerte durante 16 años.

Hoy quizá sea la última vez que Ibar recorra ese pequeño trayecto para defender, por medio de sus abogados, su inocencia. Lo ha hecho con rotundidad el cuarto de siglo en el que ha estado privado de la libertad, una pesadilla interminable plagada actuaciones policiales cuestionables, irregularidades procesales y una defensa, la de su anterior abogado, catastrófica. El juicio llega a las conclusiones finales después de semanas de presentación de pruebas ante las doce personas que forman el jurado y que decidirán su suerte. Si el resultado es negativo, ese corto viaje será solo el primero de una nueva maraña judicial.

En el entorno de Ibar, nadie quiere hablar de optimismo sobre la decisión del jurado. «Nos hemos llevado tantos chascos en estos dieciocho años de apelaciones que ya no funcionamos en clave de optimismo-pesimismo», dice Andrés Krakenberg, principal impulsor de la Asociación contra la Pena de Muerte Pablo Ibar. «Funcionamos en clave de determinación. Si sale culpable, a seguir batallando, porque con esas pruebas no se le puede condenar».

Krakenberg se refiere a la debilidad de las evidencias presentadas por la fiscalía: el parecido físico en el vídeo del triple asesinato, la declaración del único testigo visual –un vecino que aseguró ver a Ibar y al otro acusado en un coche tras el crimen– y un mínimo rastro de ADN en la camiseta con la que el asesino se tapó la cara.

La defensa de Ibar –un grupo de abogados penalistas de prestigio sufragados con apoyo público y privado desde España– ha desmontado en las últimas semanas esas pruebas.

Prueba contaminada

El rastro de ADN es la única nueva prueba que ha traído la fiscalía para este juicio, pero resulta inverosímil que le relacione con Ibar: el asesino llevaba la cabeza tapada con la prenda, una noche de verano, en Florida y durante décadas, no se encontró rastro de ADN en sudor, pelo, sangre, saliva o cualquier otro trazo de Ibar. La defensa ha defendido que es una prueba contaminada. «Un rastro así en España no llegaría ni a ser considerado por el tribunal», asegura Krakenberger. Pero, en el juicio de Ibar, podría condicionarlo todo. «Por desgracia, esa prueba poco fiable podría tener efecto en el jurado», asegura a ABC Joe Nascimento, uno de los abogados de Ibar. «Solo espero que, con los dos expertos que hemos presentado, y mi interrogatorio a los seis expertos de la fiscalía, se demuestre que tanto el ADN como la comparación facial prueban que Pablo es inocente».

La defensa tiene muchos otros elementos en los que apoyarse: se ha demostrado que la policía pagó a testigos para que señalaran a Ibar, no hubo rastro suyo entre las cien huellas dactilares que se encontraron en la escena del crimen y el único testigo que le reconoció ha dicho en el juicio que lo hizo «para no meterse en líos». Los argumentos todavía podían haber sido más contundentes pero, de forma sorprendente, el juez no ha permitido a la defensa que mencione al jurado varios aspectos clave del caso: entre otros, que Seth Peñalver, acusado de ser el otro asesino, fue exonerado de la pena de muerte en 2012 por una falta de pruebas similar a la de Ibar; o que dos vídeos de cámaras de seguridad grabados la noche anterior al crimen en la discoteca de una de las víctimas desaparecieron bajo custodia policial.

«No puedo dar mi opinión sobre si Pablo está teniendo un juicio justo esta vez», asegura Nascimento, después de que en 2000 fuera condenado a muerte con la defensa de Kayo Morgan, un abogado inoperante. «No podemos cambiar esas decisiones del tribunal, pero estamos haciendo todo lo posible para asegurarnos de que tiene un juicio lo más justo posible».