Efectivos de Salvamento Marítimo han rescatado esta mañana a un total de 289 inmigrantes cuando intentaban alcanzar las costas españolas a bordo de dieciséis pateras en aguas del Estrecho de Gibraltar y del mar de Alborán
Efectivos de Salvamento Marítimo han rescatado esta mañana a un total de 289 inmigrantes cuando intentaban alcanzar las costas españolas a bordo de dieciséis pateras en aguas del Estrecho de Gibraltar y del mar de Alborán - EFE

Cumbre de urgencia para salvar a Merkel y frenar el populismo italiano

Buscan una postura común, con el refuerzo de las fronteras, para salvar la cita oficial del 28 y 29 de junio

Corresponsal en BruselasActualizado:

Ningún alto funcionario europeo negará que en estos momentos la Unión atraviesa uno de los momentos más graves. La crisis migratoria ha afectado a lo que sería el equivalente al sistema nervioso central del organismo comunitario. Nunca antes se había producido una situación tan grave. Ni siquiera el Brexit, que por su propia naturaleza es un fenómeno que se circunscribe a los propios británicos y que en el fondo había tenido una especie de efecto vacuna. La cumbre extraordinaria de emergencia convocada para hoy es la prueba más evidente de que las cosas han llegado a un punto en el que no hay ningún peligro que se pueda descartar, incluyendo los más graves.

La cumbre de emergencia, convocada en domingo y cuatro días antes de un Consejo Europeo formal, tiene dos objetivos. El primero, tratar de evitar que el jueves se haya producido un alineamiento completo sobre la cuestión de los refugiados entre el Gobierno italiano y los reticentes cuatro países de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia). El segundo -que depende del primero- es salvar el pellejo político de la canciller alemana Angela Merkel, que se ha convertido en rehén de su propia política de apertura y que tiene que apagar el incendio en el seno de su propia coalición, en las filas mismas del centroderecha. La discusión ha provocado una brecha inédita en un aspecto que afecta a los valores fundamentales, pero a su vez está extendiendo una ola de descontento que se manifiesta en las sucesivas victorias electorales (o en las encuestas) de los partidos que defienden pura y simplemente el fin de la política de tolerancia con la inmigración. Por encima de los datos que arrojan las pirámides demográficas de no pocos países, la llegada masiva de inmigrantes del sur, musulmanes o africanos, ha creado una atmósfera de rebeldía en todas partes.

La Comisión anunció el viernes que un total de 16 países habían confirmado su participación en una reunión «de la que no se ha excluido a nadie», aunque de forma espontánea se han establecido dos bandos claramente opuestos. Primero se unieron los grandes, Francia, Alemania, España más los mediterráneos, Grecia y Malta además de Bulgaria, que es la actual presidencia y Austria que toma el relevo en agosto. La posición de Italia estuvo planeando con una sombra de fracaso, sobre todo porque el polémico ministro del Interior, Matteo Salvinoi puso como condición que hubiera «una propuesta útil sobre la defensa de las fronteras o de lo contrario habría que atreverse a decir que no» a «los deberes preparados para los demás por los franceses y los alemanes».

Llamada al orden

Hizo falta una llamada al orden de la canciller Merkel en persona expresando su «inquietud» ante la posibilidad de que Italia estuviese ausente. Una vez confirmada su participación, Bélgica, Países Bajos, Croacia, Eslovenia, Dinamarca, Finlandia, Suecia y Luxemburgo decidieron sumarse a este encuentro informal en Bruselas, que para evitar suspicacias ni siquiera se celebrará en la sede del Consejo Europeo, sino que será albergada en el edificio de la Comisión.

Los disidentes

Lo que si está claro es que los cuatro de Visegrado no van a participar. Y lo han dicho además de forma casi violenta. Hungría aprobando este jueves una legislación que prohíbe a las organizaciones humanitarias ayudar a los inmigrantes ilegales. El Gobierno húngaro envió a los corresponsales europeos una explicación de estas nuevas medidas de «protección reforzada» que Viktor Orban considera «necesarias porque la inmigración en masa que llega a Europa continúa mientras que las redes que promueve Soros (El millonario George Soros, al que considera su mayor enemigo) y las políticas pro-inmigración de Bruselas provocan la amenaza de inundar nuestro país de inmigrantes».

En otras circunstancias, este mero enunciado habría desencadenado una reacción bastante más aguda por parte de la Comisión, pero en estos momentos se limita a «examinar su compatibilidad con los valores europeos» -como si no fuera evidente- para no agravar la situación. En todo caso, los cuatro países de Visegrado han dicho abiertamente que no quieren participar en la reunión de este domingo.

En ausencia de los países «rebeldes», lo más probable es que los participantes se comprometan a establecer una posición conjunta para la cumbre del jueves en la que haya un elemento indiscutible de refuerzo de las fronteras exteriores, que es el elemento en el que en estos momentos está todo el mundo de acuerdo, envuelto en una mayoría clara de países decididos a arrinconar a los rebeldes. La idea de volver a externalizar el control de los flujos, a través de los campos de acogida en países terceros, será la base de la receta para intentar para el golpe. Como sucedió hace dos años con los refugiados sirios, cuya responsabilidad fue transferida a Turquía a cambio de seis mil millones de euros. Están pensando ahora en Libia, aunque en realidad confían que el dinero haga cambiar de opinión a otros países más presentables.