Una de las marchas pacíficas de las Damas de Blanco por la Quinta Avenida de La Habana
Una de las marchas pacíficas de las Damas de Blanco por la Quinta Avenida de La Habana - Efe

El castrismo realizó más de 5.000 arrestos por motivos políticos en 2017

Dos organizaciones disidentes publican las elocuentes cifras de la represión en Cuba

MadridActualizado:

Para la disidencia cubana, 2017 volvió a ser otro año negro. En coincidencia con la visita a la isla de la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, dos organizaciones opositoras han publicado su informe anual de la represión en Cuba. Precisamente el año en que la Administración Trump ha revertido la apertura hacia La Habana de Obama. A pocos meses de la supuesta entrega del poder de Raúl Castro, después de 59 años de dictadura, la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (Ccdhrn) denuncia que en 2017 se produjeron al menos 5.155 detenciones por motivos políticos, con un promedio de 430 arrestos al mes. La mayor parte de los casos son de corta duración, unas horas o unos días.

El pasado diciembre hubo 316 detenciones de opositores, una cifra «ligeramente superior» a la de noviembre. Cada caso aparece con el nombre del disidente y las circunstancias del acto represivo. La Comisión Cubana, con sede en La Habana, hace además un balance del número de arrestos entre 2010 y 2017. En esos ocho años documentó al menos 51.833 detenciones. El aparato represivo de la isla ha dado un contundente salto: de 2.074 casos en 2010 a 5.155 en 2017. Sin embargo, 2016 fue aún peor, con 9.940 arrestos.

El balance del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) es similar: el año pasado documentó 4.821 detenciones arbitrarias, con «un descenso de alrededor del 50% con respecto al año anterior (unos 13 arrestos diarios)». Elías Amor, presidente del OCDH, recalcó a ABC que «las detenciones y la represión siguen siendo lo habitual». A lo largo del último año, «cuentapropistas» (incipiente empresariado), artistas, periodistas o activistas «han padecido esa represión por falta de libertades», de modo que se traslada a la población un miedo que «frena la protesta civilizada». Calificó además de «farsa» las recientes elecciones municipales.

Presos políticos

El castrismo tiene 53 cárceles de «máxima severidad» a lo largo de la isla, 48 de «mínima severidad» y 192 centros correccionales, con una población penal de 146.000 personas, según datos del OCDH. Esta organización subraya que en 1958, en tiempos del dictador Fulgencio Batista, había una quincena centros de detención. La Ccdhrn estima por su parte que en este país que no llega a los 11 millones de habitantes existen entre 65.000 y 70.000 presos. De ellos, entre 100 y 110 son prisioneros políticos, precisa a ABC Elizardo Sánchez, portavoz de la Ccdhrn.

Unos 45 pertenecen a la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu). Otro de ellos es Eduardo Cardet, líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL, de Oswaldo Payá). Varias Damas de Blanco son presas políticas. El «think tank» independiente Centro de Estudios Convivencia fue especialmente objetivo de la represión el año pasado: la economista Karina Gálvez fue condenada a tres años de arresto domiciliario por supuesta evasión fiscal. El Observatorio Cubano incluye la «fabricación de delitos penales comunes» entre la «nueva estrategia represiva consolidada» el año pasado. Además de las detenciones de corta y larga duración, explica que la policía política recurre cada vez más a métodos como la confiscación o robo de bienes personales o medios de trabajo; impide salir del país a ciudadanos cubanos invitados a foros internacionales o les prohíbe salir de sus propias casas, así como presiona o agrede a los hijos de los opositores y otros familiares.

A corto plazo, la Comisión Cubana de Derechos Humanos no advierte «ninguna señal indicativa de que el Gobierno esté dispuesto a introducir las urgentes reformas jurídicas, económicas y políticas necesarias» para los cubanos «puedan salir de la actual situación de pobreza y desesperanza». Es la Cuba que no vio la responsable de la política exterior de la Unión Europea que, pese a la ausencia de cambios en el régimen, tiende la mano a La Habana.