Un policía enmascarado y una experta forense, en la escena del atentado en Lieja (Bélgica) - Reuters / Vídeo: Un acto terrorista deja tres muertos en Lieja (Bélgica)
Internacional

De «camello» belga a terrorista suicida islamista

El asesino de Lieja, Benjamin Herman, aprovechó un permiso carcelario para acabar con la vida de dos policías y un civil

Corresponsal en BruselasActualizado:

Dos mujeres policías y un civil murieron y otros cuatro agentes resultaron heridos, uno de ellos de gravedad, por el ataque ocurrido este martes en la ciudad belga de Lieja a manos de un delincuente que al parecer se había convertido recientemente a la facción más violenta y radical del islam y que fue a su vez abatido en la operación.

El ministro federal del Interior, Jan Jambon, dijo, sin embargo, que las características de este atentado «no son evidentes» y por ello el organismo encargado de decidir el nivel de alerta antiterrorista no modificó la situación en el país.

El jefe de la policía de Lieja, Christian Beaupère, indicó en una rueda de prensa en la tarde del martes que, según su información, «es evidente que el objetivo del asaltante era atacar a la policía, ya que se había escondido detrás de las agentes» a las que luego asesinó. El delincuente «quería atacar al Estado belga» aseguró.

La prensa local ha difundido un vídeo en el que el atacante puede ser visto gritando «Alá es Grande», el grito característico del terrorismo islamista, pero en todo lo demás la actuación del asesino no se corresponde con los gestos y los símbolos habituales de los yihadistas que podrían considerarse como clásicos.

El atacante, un belga de 36 años llamado Benjamin Herman, era un delincuente habitual que disfrutaba de un permiso penuitenciario y que habría reaccionado con violencia contra las dos policías a las que primero atacó por la espalda con un cuchillo y después remató a tiros con sus propias armas. Las dos agentes de policía muertas eran de origen inmigrante. Soraya Belkacemi, de 53 años, era viuda de un policía. Lucila García, de 45, acababa de casarse hace un mes con un comisario.

Ambas patrullaban este martes por la mañana por la céntrica Avenida de los Agustinos cuando se cruzaron con su asesino, de quien se sospecha que el lunes por la noche, justo después de salir de la prisión, había matado a martillazos a un vagabundo en Rochefort, su ciudad de origen.

Una vez que había acabado con la vida de las dos agentes, también disparó contra un joven de 22 años que pasaba con su coche y que probablemente se quedó helado ante la escena del crimen. Cyril Vangriecken, que así se llamaba, estaba a punto de terminar sus estudios de profesor. Después, el asesino se refugió en una escuela cercana, el centro «Léonie de Waha», e intentó tomar rehenes.

Pero para entonces ya había llegado la unidad de asalto de la policía de Lieja que rodeó el perímetro. Herman los recibió a tiros e hirió a cuatro de ellos. Uno de los agentes recibió un impacto de bala en la arteria femoral y según los informes médicos se encontraba en estado grave. El cuarto, por suerte, no tenía más que un rasguño. Los otros dos, heridas de bala en las piernas. En todo caso, ante la contumacia del criminal, los policías acabaron con él en el acto.

«Viveros de terroristas»

El diario « La Libre Belgique» se apresuró a publicar un editorial denunciando que las prisiones belgas se han convertido «en un vivero de terroristas» pero el ministro de Justicia, Koen Geens, ha precisado que el autor de los hechos estaba detenido desde 2003 para cumplir pena hasta 2020 y que ya había sido autorizado a salir de la prisión durante algunos días en 13 ocasiones anteriores. No se trataba de que lo hubieran dejado en libertad bajo fianza, sino que son una especie de «vacaciones penitenciarias» utilizadas para preparar su reinserción futura. En 13 permisos había regresado sin novedad, el decimocuarto ha sido el último.

El ministro del Interior por su parte, dijo que el criminal debía volver este mismo martes a prisión y que la decisión de autorizarle a salir «no se ha tomado a la ligera», por lo que consideraba inadecuado hablar de un error por parte de la administración penitenciaria y los servicios de seguridad.

Sin embargo, según la prensa belga, el personaje en cuestión había sido considerado como potencialmente peligroso desde el año pasado y tenía una ficha especial en los servicios de seguridad del Estado, lo que indicaría que este tipo de medidas penitenciarias debería hacer sido más vigilada.

También se cita en la prensa a un antiguo compañero de celda que asegura que Benjamin Herman se había convertido al islam radical y que había un corán y una alfombra de oración entre sus pertenencias. Pero, por otro lado, ni el asesinato del vagabundo que se le atribuye ni el hecho de atacar a mujeres (aunque sean policías) encaja con el comportamiento de los yihadistas encuadrados en las corrientes más frecuentes del terrorismo islámico.

Si fuera cualquier otro país europeo, el debate no habría tenido lugar. Pero los belgas viven a veces traumatizados por sus propios -y frecuentes- errores en la administración penitenciaria y por su delicado equilibrio sociológico entre una inmigración musulmana no siempre bien integrada y los efectos de haber ignorado durante décadas los problemas que se han ido gestando y que les han estallado ahora.

Los fantasmas de los atentados de Bruselas, la reputación de barrios como Molembeek o la pesadilla de la sucesión de errores trágicos para las vícticimas del asesino pedófilo Marc Doutroux pesan mucho sobre la política belga. Las cárceles no funcionan bien, los funcionarios de prisiones hacen frecuentes huelgas que han llamado la atención del tribunal europeo de derechos humanos y la política en realidad está prisionera de la amenaza de los nacionalistas flamencos. La realidad de la amenaza yihadista es el peor horizonte para los belgas.