Los turistas vuelven a la playa de Niza, delante del Paseo de los Ingleses - AFP

Atentado en Niza«Estamos muy preocupados. El 40% de los clientes ha anulado; el verano ha terminado»

Los numerosos hoteles y restaurantes que jalonan la zona tratan de volver a la rutina

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Niza reabrió ayer parcialmente la travesía junto al mar, escenario hace dos días de carreras llenas de pánico de los que lograron escapar del camión terrorista. El carril de tráfico más cercano al mar -el otro está abierto desde el viernes-, el mismo por el que circuló el camión del asesino, solo es accesible a pie. Los homenajes se repiten con flores, velas y dedicatorias a las víctimas. La policía trasladó los improvisados mensajes a un recinto lleno ya de lemas como «no más masacres» y «ningún miedo puede con la vida, para proteger la memoria de estos mártires». La multitud se agolpa donde, durante en una noche aciaga, cientos de personas huían de un desequilibrado que mató a 84 personas y a quien Daesh lo ha reconocido como «soldado del califato».

Una decena de personas firman nuevas dedicatorias a las víctimas, congregadas ante las velas y una pancarta, frente al punto de Bulevar de la muerte -como tituló «Nice Matin»-, donde fue abatido Mohamed Lahouaiej Bouhlel. Poco más adelante Rebecca y Sherazade recogen las mesas y sillas de una «brasserie» vacía de clientes: decenas de personas están en su puerta haciendo fotos a las flores del homenaje a las víctimas. «Por esa misma puerta entraron doscientas personas para refugiarse. Estuvieron aquí hasta las 00.30 o 1 de la madrugada», cuentan a ABC. No sabían qué ocurría al ver tanta gente correr. Se asustaron cuando otra camarera escuchó los primeros tiros. «Estamos muy preocupados. Para nosotros el verano ha terminado. El hotel de enfrente ha visto cómo el 40% de sus clientes han anulado sus reservas. Ahora solo hay periodistas. Y nosotros hemos perdido a una camarera suiza, que tras el atentado decidió volver a su casa».

Niza vive en gran parte del turismo de verano. Este empezó a florecer a partir de los años veinte, impulsado por ilustres expatriados estadounidenses como el escritor norteamericano John Dos Passos. Cuatro de cada diez personas en los Alpes Marítimos trabajan en el sector turístico, que supone el 40% del PIB de la región. Niza es, tras París, la ciudad francesa que más turistas recibe, según su portal de turismo. «Francia seguirá liderando Europa en cuanto al número de visitantes. Y como mucho, bajará un puesto, a menos que haya una ola de atentados sin precedentes», comenta el director de la consultora en seguridad Stractegia, Barah Mikail.

En el casino frente al lugar donde murió el conductor no tienen permitido hablar con los periodistas sobre la tragedia. Pese a la restricción de sus superiores, una de las azafatas describe cómo la gente se agolpó a la entrada, huyendo y escondiéndose donde podía. En un hotel cercano tampoco quieren comentar mucho más. Consternados y preocupados por lo vivido y por las consecuencias, tratan de volver a la normalidad.

Mensajes a los muertos

Pauline y Sabrine, dos jóvenes de 16 años, se afanan en firmar los mensajes a los muertos. Salieron ilesas del atentado. «Llegamos a esta parte del paseo y fuimos a ese restaurante (unos metros más adelante), empezamos a escalar para quedarnos en los balcones hasta que pasara todo. Estuvimos hasta la una agazapadas», relatan.

Zona de homenaje a las víctimas en el Paseo de los Ingleses
Zona de homenaje a las víctimas en el Paseo de los Ingleses - F. J. CALERO

Entre el Paseo de los Ingleses y la plaza Massena, adonde huyeron la mayoría de los presentes, uno de los principales enclaves de la ciudad, la italiana Simona regenta una hamburguesería junto al puesto de crepes y pizzas de Rudolf, donde buscaron refugio decenas de personas. Ambos vivieron el atentado desde sus locales, y ambos tenían a familiares en el paseo marítimo. Sufrió más Simona, cuyo hijo de 14 años había acudido a presenciar los fuegos artificiales. «Vi que tras los fuegos mucha gente corría y no sabía qué pasaba hasta que entraron en el local y me comentaron. Me asusté muchísimo, mi niño no se había llevado el móvil ni nada. No sabía qué hacer. Desde que supe qué ocurría hasta que apareció con magulladuras en el brazo, tras caer empujado por la multitud, pasaron los peores 30 minutos de mi vida. Desde el 14 de julio no piso el paseo, me da miedo, no paraba de llorar», dice a ABC. Al contrario que la mayoría, es optimista y no cree que el turismo empeore a partir de ahora, por su propia experiencia. «Tenía programadas vacaciones para Túnez, de donde es mi novio, y para Turquía tras atentados, y fui sin miedo. Así debemos actuar todos».

Si ayer al mediodía el paseo estaba atestado de turistas, locales y periodistas, la medianoche del 15 de julio, apenas 24 horas después de la peor tragedia de Niza que se recuerda, el silencio a la luz de las velas mostraba una ciudad en shock. «Todo el mundo corría a Massena, no he visto nunca nada así», afirmaban unos veinteañeros a la entrada del restaurante de comida rápida Quick, en plena calle de Jean Médecin, una de las principales arterias que conecta el Paseo de los Ingleses con el corazón de la ciudad.

Entre las furgonetas policiales y de las televisiones de medio mundo, las barreras para impedir el paso, vecinos y periodistas coincidían en otro de esos homenajes florales. Dos locales debatían sobre si era posible o no terminar con estos atentados y con el caos que estaban viviendo: venían de enterarse del golpe de Estado en Turquía. Todo se resumía en: «No es culpa del Gobierno, que por ahora ha puesto cámaras por todas partes que no sirven para nada mientras haya guetos y grupúsculos radicales. Cualquiera puede hacer lo que hizo este idiota». Al final del paseo, donde no llegó el camión, jóvenes de múltiples nacionalidades seguían sus vidas: volvían a jugar al fútbol, «ligar», y a tocar la guitarra, como cualquier otra noche en esta ciudad.