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INFORME DE AMNISTÍA INTERNACIONAL

La abolición de la pena de muerte en el mundo, ¿cada vez más cerca?

Las ejecuciones descendieron un 31% en 2018, pero en la actualidad hay casi 20.000 personas condenadas a la pena capital en todo el mundo

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Amnistía Internacional (AI) se muestra moderadamente optimista sobre la disminución de la aplicación de la pena de muerte en el mundo. La hace tras los datos recogidos el año pasado, según los cuales se habrian producido 690 ejecuciones en un total de 20 países. Este número representaría un 31% menos de las llevadas a cabo en 2017, que ascendieron a 993, y supondría la cifra más baja producida en los últimos diez años.

«El drástico descenso de las ejecuciones demuestra que, incluso los países más insospechados, están empezando a cambiar sus prácticas y a darse cuenta de que la pena de muerte no es la solución», ha subrayado el secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo, con motivo de la presentación del informe de 2018 sobre este tema. En opinión de Naidoo, el descenso «considerable» en «el número de ejecuciones consumadas por varios de los peores verdugos del mundo» constituye «una señal esperanzadora que indica que es solo cuestión de tiempo que este castigo cruel quede relegado al rincón de la historia, donde debe estar», afirma en un comunicado.

Las cifras ponen de manifiesto «el avance de la tendencia mundial hacia la abolición de la forma más extrema de pena cruel, inhumana y degradante», señala en su último informe AI, en el que recoge los datos sobre ejecuciones y condenas a pena de muerte en todo el mundo a lo largo del año pasado.

En el lado positivo, el texto se refiere a los países que avanzaron hacia la abolición plena de la pena de muerte, como Burkina Faso, que en junio de 2018 abolió la pena de muerte en su Código Penal. Por su parte, en febrero de 2018, el presidente de Gambia estableció una moratoria de las ejecuciones y ese mismo mes el país se convirtió en Estado Parte en el Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, destinado a abolir la pena de muerte. A su vez, el gobierno de Malasia estableció una moratoria de las ejecuciones en julio y, en octubre, anunció que iba a reformar su legislación sobre la pena de muerte. Ese mismo mes se declaró inconstitucional el estatuto de pena de muerte del estado estadounidense de Washington.

Según el estudio de AI, que se ha hecho público hoy, al concluir el año 2018 106 países (más de la mitad de los Estados del mundo) habían abolido la pena de muerte para todos los delitos; y 142, dos tercios del total, en la ley y en la práctica.

En el lado negativo, la aplicación de la pena capital se sigue concentrado en un mismo grupo de países, encabezado por China, Irán (253 ejecuciones), Arabia Saudí (149), Vietnam (al menos 85) e Irak (al menos 52). Aunque, AI matiza que las ejecuciones, tanto en Irán como en Irak, descendieron de manera notable (más del 50%) respecto al año anterior. Nuevamente el gigante asiático lidera este triste ránking, aunque paradójicamente no se incluyen sus datos -que AI cifra en miles de personas- ya que están clasificados como un secreto de Estado.

La tendencia a la baja en la aplicación de la pena de muerte también se puede aplicar al número de condenas, que se redujeron ligeramente respecto a 2017, pasando de 2.591 a 2.531 (en 54 países). Al concluir el año 2018, según AI, había un total de 19.336 personas condenadas a muerte en todo el mundo.

Una reducción que no se puede aplicar a regiones como Oriente Próximo y el Norte de África, donde ha aumentado un 89% el número de condenas a muerte, con un total de 1.170, siendo Egipto el país que encabeza el ránking, con 717 condenas en 2018, frente a las 402 de 2017.

Reanudación y aumento de la pena de muerte

El punto negro de este informe lo representan aquellos países que han reanudado la aplicación de la pena capital, como es el caso de Botsuana, Sudán, Tailandia y Taiwán; y también aquellos que la han implantado, como es el reciente caso de Brunéi, que acaba de aprobar una ley que castiga con la muerte por lapidación las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.

«Las buenas noticias de 2018 se han visto empañadas por el hecho de que un reducido número de Estados haya decidido, para su vergüenza, ir en contra de la tendencia general», lamenta Kumi Naidoo. «En Japón, Singapur y Sudán del Sur se registraron los niveles más altos de ejecuciones desde hacía años, y Tailandia reanudó las ejecuciones después de casi 10 años; sin embargo, esos países constituyen una minoría menguante. Reto a todos los países que aún recurren a la pena de muerte a actuar con valentía y poner fin de inmediato a ese aberrante castigo.»

El informe destaca el ligero incremento de ejecuciones en Estados Unidos, «que por décimo año consecutivo volvió a ser el único país de la que región que llevó a cabo ejecuciones», aunque reconoce que en los últimos años la tendencia es a ir reduciéndose. En 2018, EE.UU. llevó a cabo 25 ejecuciones y dictó 45 condenas de pena de muerte. Del medio centenar de estados que conforman el país, destaca el de Texas, queduplicó las ejecuciones en 2018, que pasaron de 7 a 13.

Según los datos publicados por el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, señala AI, el número de órdenes de ejecución emitidas en 2018 (62 en 8 estados) fue considerablemente inferior al del año anterior (81 en 12 estados). Sin embargo, los gobernadores de los estados conmutaron menos penas y concedieron menos aplazamientos de ejecuciones, con lo que el número de ejecuciones pospuestas o detenidas fue inferior al de 2017 (60% frente a 72%)

Menores de edad

El informe también se refiere a las siete ejecuciones llevadas a cabo en Irán contra jóvenes que habían cometido los delitos cuando eran menores de 18 años, como el caso de la joven Zeinab Sekaanvand, acusada de matar a su marido maltratador cuando tenía 17 años. A pesar de las peticiones para evitar que fuera llevada a cabo la sentencia, esta fue aplicada.

Afortunadamente no sucedió lo mismo con otra joven sudanesa, Noura Hussein, que mató a su marido cuando tenía 16 años tras haberla violado el día anterior y cuando iba a volver a intentarlo. La condena pudo ser conmutada por una pena de cinco años, aunque el fiscal ha vuelto a pedir que se le aplique la pena de muerte, y el caso se sigue estudiando.

«Cuando el juez me dijo que me habían condenado a muerte, me sentí completamente conmocionada -declaró Noura Hussein a Amnistía Internacional-. No había hecho nada para merecer morir. No podía creer semejante grado de injusticia, sobre todo para las mujeres. Hasta ese momento, nunca se me había ocurrido que me pudieran ejecutar. Lo primero que pensé fue: ‘¿Cómo se siente una persona a la que van a ejecutar? ¿Qué hace?’. Mi caso era especialmente duro, porque cuando me condenaron, mi familia me había repudiado. Me enfrentaba sola a mi propia angustia».

A pesar de la reanudación de la aplicación de la pena de muerte en algunos países, parece que la tendencia va en la dirección contraria: su abolición. «Desde Burkina Faso hasta Estados Unidos, se están tomando medidas concretas para abolir la pena capital. Es hora de que los demás países sigan su ejemplo. Queremos que todas las personas vivan en sociedades seguras, pero las ejecuciones nunca son la solución. Con el apoyo continuado de la población mundial, podemos —y lograremos— poner fin de una vez por todas a la pena de muerte», concluye Kumi Naidoo.