Colegio electoral en Estabul durante las elecciones presidenciales turcas
Colegio electoral en Estabul durante las elecciones presidenciales turcas - AFP
«Revolución islámica»

Cómo Erdogan ha transformado a Turquía de un país «laico» a «islamista»

En sus más de diez años en el poder, el islamista ha aprobado paquetes de «medidas democratizadoras» que han alejado al país euroasiático del laicismo de Ataturk

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El pueblo turco ha vuelto a elegir a Recep Tayyip Erdogan. Esta vez presidente, como ya en tres ocasiones anteriores (2002, 2007, 2011) lo hicieran como primer ministro. Desde el partido Justicia y Desarrollo (AKP), Erdogan ha tenido tiempo de sacudirse la herencia laica de la Turquía de Kemal Ataturk y ha dirigido el país hacia una «democratización», que muchos opositores han visto como una islamización.

El pasado de Erdogan, claramente islamista, ha marcado algunas de sus reformas sobre Turquía y parece guiar al país, como él mismo ha afirmado, a una «nueva Turquía». En un discurso en el IV Congreso del partido que encabeza (AKP), Erdogán llamó a los turcos a recordar la batalla de Manzikert, uno de los hitos del Imperio Otomano y por lo que muchos analistas señalan que el político pretende dirigir el país a lo que sería un régimen «neo-otomano». Dentro de esta línea, Erdogan ha dado un brusco giro a la política exterior turca: si bien Ataturk se enfocaba a Europa y Occidente, Erdogan ha preferido dirigirse al resto de «territorios musulmanes».

En ese proceso de islamización de Turquía, Erdogan ha tocado los siguientes puntos claves: limitar el poder del Ejército, potenciar las escuelas islámicas y la construcción de mezquitas, restringir la venta de bebidas alcohólicas (cuyo consumo está vetado en el islam) y lograr la normalización del velo islámico -antes prohibido en la Turquía laica- en las cámaras del Gobierno.

Limitar al Ejército

El militar Ataturk modernizó una Turquía casi enclavada en la Edad Media, pero para ello limitó las manifestaciones públicas de las religiones (abogando por un país laico) y dio al Ejército un enorme poder sobre las insitituciones. Una vez Erdogan contó con el apoyo del pueblo en las distintas elecciones, revirtió esa situación. Acotó la influencia de los militares sobre los poderes públicos y aprobó una ley que hizo que altos cargos del Ejército -antes casi intocables- pudieran responder ante tribunales civiles.

Potenciar la religión

En 2012, Erdogan aumentó un 20 por ciento el presupuesto destinado a «Asuntos religiosos», un Directorado cuyas funciones, en el momento de su fundación hacia 1924, eran las de atender a los asuntos referidos a la religión islámica, resolver dudas sobre cuestiones religiosas y gestionar los lugares de culto. Desde la llegada de Erdogan al poder en 2002, el número de mezquitas se ha disparado, hasta superar las 82.000, una décima parte de las cuales se han construido en la última década. Paralelamente, ha crecido en Turquía el número de clérigos, de religión suní, para atender esas mezquitas y a la cada vez más practicante ciudadanía turca.

Para potenciar la educación en escuelas islámicas, Erdogan además ha equiparado los estudios obtenidos en ese tipo de centros a los realizados en escuelas laicas. Antes de estas reformas, los estudios religiosos no permitían acceder a puestos de funcionario, mientras que ahora estos puestos en la Administración turca están siendo acaparados por egresados de centros religiosos.

Velo islámico en instituciones

En una medida altamente polémica, el Gobierno de Erdogan permitió a las funcionarias turcas llevar el velo islámico en las instituciones públicas, algo que hasta entonces tenían vetado, dada la laicidad impuesta por Ataturk.

Restricción del alcohol

Las medidas de Erdogan para recuperar el islamismo en Turquía pasan también por encima de elementos como el alcohol, prohibido en el Corán. Aunque no ha vetado su consumo, las licencias para poder comerciar con él son cada vez más complejas de conseguir, gracias a la Ley del Alcohol. Entre otras restricciones, se ha establecido que ningún establecimiento puede vender alcohol si se encuentra en un radio de 100 metros de una mezquita, lo que, debido al incremento en el número de éstas, limita en gran manera el comercio de bebidas alcohólicas.