Familia

«Las mujeres nunca dejamos de analizarnos, somos las peores juezas de nosotras mismas»

La escritora y periodista Paulina Vieitez asegura que es imposible atender a todo y cumplir los roles estereotípicos. «No somos perfectas, ni tenemos por qué serlo»

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La escritora y popular periodista Paulina Vieitez acaba de presentar en España su primera novela «Helena. Cuando el pasado ya no pesa, el hoy es para siempre» donde narra el traslado a Madrid de esta mujer mexicana que acaba de cumplir los 40 años para hacer un doctorado. No se trata tan solo de un viaje a otro país, sino a lo más íntimo y auténtico de su ser y deseos.

¿Por qué resulta tan complicado romper con el pasado? ¿Miedo o pereza?

Por miedo. Por estar acostumbrados a una vida que implica una seguridad, un piso, un sueldo... Si eso desaparece sientes que te quedas «volando», temes caer y perderlo todo. Sin embargo, creo que la mayoría de las veces «perder es encontrar». En ocasiones, romper con el pasado es abrir una nueva oportunidad en la vida. Creo que viajamos con demasiado peso.

¿Qué asusta más, el pasado o el futuro?

El futuro es incertidumbre, y a veces da vértigo. El pasado, aunque pese, ya ha sido vivido.

¿Qué debe hacer una mujer para pasar página y reinventarse?

Creo que lo más importante es encontrar la fuerza interior para ser congruente y despojarse de las máscaras que las demandas sociales nos imponen (madres, esposas, nueras…). Deberíamos aprender a vivir de acuerdo con nuestra propia esencia, con sentido de libertad y siendo tal como una quiere ser.

¿Es la maternidad un inconveniente?

Jamás. La maternidad es lo más increíble que le puede ocurrir a una mujer en su vida. Sin embargo, ser madre no está exento de un peso que a veces se nos hace complicado llevar.

¿Hay un punto de inflexión en la vida de las mujeres cuando cumplen los 40?

A los 40 años una mujer tiene la madurez suficiente para afianzar lo mejor que tiene. Se conoce más a fondo y, por tanto, va tomando decisiones con un bagaje adquirido y con la seguridad que solo dan los años vividos.

¿Nos analizamos mucho las mujeres sobre nuestro propio ser, o al contrario, nos obsesionaron con analizarnos?

Las mujeres nunca paramos de analizarnos y somos las peores jueces de nosotras mismas. Nos juzgamos como nunca lo haríamos con los demás. Sin embargo, interiorizamos poco. Ese proceso es mucho más exigente, demanda mucha más conciencia emocional y eso no es fácil de conseguir. Ojalá no estuviésemos tan obsesionadas con cómo somos. Ojalá no nos dejásemos influir tanto por las exigencias de los otros. Ojalá siempre fuéramos simplemente nosotras mismas con todo lo que ello implique.

¿Por qué cuesta tanto reconciliarse con la propia imagen con el paso del tiempo?

Porque no somos capaces de comprender que la percepción de lo que es la verdadera belleza tiene que transformarse. Que las cicatrices son huellas de una vida que ha dolido, pero que también ha conseguido superar lo adverso. Hay cicatrices preciosas como las de los partos o las que deja el paso por enfermedades que se han superado.

¿Por qué las mujeres hacen suyas culpas que no les corresponden?

Porque su sensibilidad hace que asuman las demandas sociales con absoluta facilidad, y esos estándares tan exigentes de ser la madre, hija, amiga, esposa y trabajadora perfecta, solo consiguen hacer que se sientan, que nos sintamos, frustradas. Es imposible atender a todo y cumplir los roles estereotípicos. No somos perfectas, ni tenemos por qué serlo. En la imperfección está la inagotable posibilidad de ir transformándolo todo para ser, simplemente, una misma.

¿Qué significó su nombramiento como «Súper Mamá Selecciones 2015»? ¿A qué se debió?

Me hicieron esa distinción junto a un grupo de mujeres extraordinarias por haber ejecutado un proyecto de Fundación que se llama Quiérete y que procura el bienestar de las personas de bajos recursos que están en tratamiento contra el cáncer, para que comprendan que a pesar de estar en ese duro proceso, pueden preservar su autoestima y dignidad.