«En la crianza no todo tiene que ser perfecto; siempre hay que renunciar a algo»

La campaña #IgualconMenos quiere hacer ver que el estrés no es un buen compañero de viaje, porque trae consigo numerosos problemas añadidos

MadridActualizado:

¿Qué pueden hacer los padres para mejorar la vida de los niños? Las prisas, la vuelta a la rutina y el quererlo tener todo siempre perfecto genera un estrés en las familias que se va prolongando con el tiempo. Los pequeños viven «acelerados» desde primera hora de la mañana y es algo que les acompaña al colegio, a las tareas extraescolares..., a su vida, en general.

«Los padres llegamos a dar entre 50 y 100 órdenes en una hora, algo verdaderamente estresante», apunta Úrsula Perona, psicóloga especialista en psicoeducación, en la presentación de la campaña #IgualconMenos, promovida por Kellogg. «En la crianza no todo tiene que ser perfecto; siempre hay que renunciar a algo», insiste.

La sobreprotección tampoco ayuda mucho al crecimiento de los niños porque «necesitan aprender por ellos mismos, saber cuáles son las consecuencias naturales de sus actos», comenta la especialista.

Úrsula Perona (izquierda) y Nuria Roca (derecha)
Úrsula Perona (izquierda) y Nuria Roca (derecha)

En el acto donde se expuso la campaña, Perona estuvo acompañada por Nuria Roca, escritora, presentadora y madre de tres niños. «Nadie te enseña a criar a un hijo. Vamos aprendiendo con el paso de los años, aunque tropezamos muchas veces con la misma piedra», asegura.

Decálogo para vivir menos estresados

Cada comienzo de curso vuelve con la exigencia de la rutina, los deberes y las prisas por la mañana. Estos diez consejos servirán para afrontar mejor los días.

1- Adelanta 15 minutos el reloj.

No solo el tuyo, también el de tus hijos. Eso os dará más tiempo para desayunar y arreglaros, y rebajará el estrés matinal. Acostumbraos a dejar preparado todo la noche anterior: mochilas, material escolar, ropa…, eso evitará nervios y prisas por la mañana.

2- Destina entre 15-20 minutos a desayunar en familia.

Es una de las comidas más importantes del día, y que sea adecuada nutricionalmente es tan importante como que se disfrute sin estrés. Mejorará la comunicación y el clima familiar, y todos os iréis al trabajo y al cole con otro ánimo.

3- No controles o supervises todo lo que hace tu hijo.

No asumas sus responsabilidades y permítele que experimente las consecuencias naturales de sus actos: si no lleva los deberes hechos, le pondrán un negativo al día siguiente, por ejemplo. Y así con una larga lista de pequeñas cosas que le enseñarán a ser autónomo y responsable.

4- No protejas a tus hijos de las emociones negativas.

Forman parte de la vida. Los niños necesitan aprender a experimentar las emociones negativas y a lidiar con ellas. Así se convertirán en adultos fuertes e independientes. Como padres debemos preparar a nuestros hijos para la vida y ello requiere que les demos la oportunidad de aprender.

5- Evita los extremos en educación.

La preocupación y la auto exigencia nos hace a veces perder la mesura. Ni es bueno no poner ningún límite ni supervisión y que el niño «aprenda por el mismo», ni todo lo contrario, controlar cada mínimo aspecto de su vida. Los niños necesitan una guía que les marque el camino, y un camino suficientemente ancho.

6- Respecto a la alimentación, el equilibrio también es importante.

Recuerda que no existen alimentos buenos o malos, sino dietas adecuadas o inadecuadamente ajustadas a las necesidades del individuo. Es decir: existen alimentos básicos que deben consumirse frecuentemente, y otros alimentos no esenciales que pueden ingerirse de forma menos habitual, como parte de una dieta variada y equilibrada.

7- Deja de sentirte culpable por todo.

Porque trabajas, porque pasas poco tiempo con tus hijos, porque a veces no tienes ganas de hacer cena y pides una pizza. Tus hijos no necesitan padres perfectos. Necesitan padres que les brinden amor incondicional, que disfruten de estar con ellos, y que cuando estén, estén de verdad. Apaga el móvil y habla un rato con tus hijos. Interésate genuinamente por sus cosas. Comparte alguna afición que os una. Muéstrate como eres y sé feliz, porque si tú no estás bien, no puedes educar bien.

8- Limita el uso de tecnología y adecúala a su edad.

Ese control solo lo puedes ejercer tú. Si les quitas la tecnología, pronto verás cómo se aburren y no les queda otra que buscarse entretenimiento: jugar, leer, escuchar música o salir a jugar.

9- Aprende a practicar el slowtime.

Hacer menos cosas, de manera más tranquila. Sin prisas, sin correr. Te sorprenderá ver cómo el hecho de hacer las cosas lentamente, poniendo toda la atención en ello, no hace que rindas menos o seas menos eficiente. Al final, el estrés y las prisas nos vuelven poco eficientes y solo sirven para generarnos malestar y estresarnos a nosotros y a nuestros hijos.

10- Elige tus batallas: aprende a ser flexible.

La perfección no existe. Y las expectativas poco realistas respecto a la crianza y la educación generan mucho estrés y nos producen frustración y culpa. No podemos llegar a todo, ser siempre perfectos, ni hacer siempre lo mejor y deseable. Ni nuestros hijos tampoco. Un día elige tú el desayuno, y otro día que lo elijan ellos. Si odia las espinacas pero come acelgas, tal vez de momento es suficiente. Que elija su ropa si eso os supone una batalla cada mañana.

«Cuando dudes de si algo es realmente prioritario ahora, tal vez te ayude preguntarte esto: dentro de cinco años, si miro atrás… ¿esto sería tan importante? Igual con menos… al final es más», concluye Perona.

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