Familia

¿Por qué discuten tanto algunas parejas?

Existen estrategias que pueden ayudar a encontrar de nuevo la armonia en la relación

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Según Clara de Cendra Núñez-Iglesias, psicóloga y coordinadora de la Unidad de Terapia de Pareja y Familia de la consulta del doctor Carlos Chiclana, es muy sano en las parejas que el enamoramiento vaya cediéndole paso al amor, «que es mucho más sereno, profundo y estable». Desde ahí la pareja necesitará ir creciendo en intimidad, compromiso, cohesión y estabilidad. 

En su opinión, todo esto no se puede lograr si no es «dejando un poco de lado lo que uno esperaba» que fuera la pareja, para permitir que la relación «vaya siendo lo que ambos necesitan».

¿Por qué del amor se pasa fácilmente a la discusión?

Es la crisis que se denomina «del sistema familiar ideal al sistema familiar real». Las personas se enfrentan a situaciones desconocidas y a momentos de miedo e incertidumbre. No van a entender conductas, reacciones, toma de decisiones o emociones del otro, y eso les asusta y desconcierta.

Ante el temor de sentir que el rumbo de la pareja no sigue el camino esperado, se desencadenan las discusiones. Al contrario de lo que puede parecer, una pareja que discute es una pareja en la que los miembros están buscando formas de que la situación no empeore, de que la pareja no fracase. Buscan la forma de acomodarse mutuamente. Las discusiones suponen una forma de no perder el control de lo que les está ocurriendo.

¿Cuándo se desencadenan entonces las discusiones?

Cuando las personas se enfrentan a lo distinto, a lo novedoso, a lo desconocido. A un "otro» distinto a ellos. Ante el miedo que provoca lo "inesperado» las parejas discuten para sentir que tienen el control, para tener la sensación de que pueden gestionar la situación para no sentirse indefensos frente a lo que les amenaza.

Las discusiones, que van poco a poco subiendo de frecuencia e intensidad, se terminan convirtiendo en una continua lucha de poder. Las personas han dejado de escucharse para intentar convencerse y, si eso no funciona, entonces intentarán doblegar la voluntad del otro.

La discusión se convierte entonces en una situación en la que ninguno cede para no sentir que el otro le anula y le hace desaparecer. Para conseguir existir a los ojos del otro. Sin embargo, la discusión supone una amenaza para ambos y un camino que no va a encontrar un final feliz. 

Las parejas necesitan aprender a hablar de lo que temen y aprender a escuchar lo que teme el otro.

¿Cuáles son los aspectos que más hacen discutir a la pareja?

Depende de en qué ámbitos las personas se sientan especialmente amenazadas. Los miedos personales suelen proyectarse fácilmente en la pareja generando discusiones por una sensación de que el otro no «llena».

Esto tiende a derivar en muchas discusiones que suelen compartir un fondo común: uno de los dos hace responsable de su felicidad al otro, y no llega a asumirla como responsabilidad propia. ¿Qué hago yo por ser feliz yo? ¿Me conozco? ¿Me cuido? 

En el plano de la pareja también habrá discusiones por motivos frecuentes como cuando las familias de origen (padres y hermanos) son muy intrusivas y la pareja no ha asentado bien los limites con ellos. Éste puede ser un ámbito recurrente de discusiones. Otra causa habitual es no haber establecido una buena comunicación profunda, por lo que seguramente uno de los miembros de la pareja tenderá a discutir sobre la sensación de abandono y poco amor o atención que recibe del otro.

También cuando no se han establecido unas metas de relación, cada uno discutirá por imponer sus propias prioridades y repercutirá en la educación de los hijos que, al no haber forjado bien la relación, llevará a buscar imponer distintos criterios educativos.

¿Cómo lograr salir del círculo vicioso cuando hay tendencia a discutir por todo, aunque no tenga la mínima importancia?

Existen distintas estrategias que pueden ayudar a que ambos se vayan encontrando mejor. El primer punto es aprender a darse cuenta de cuándo están discutiendo y querer pararlo. Sin una actitud de querer frenarlo, de tener gobierno sobre uno mismo, y no sobre el otro, no puede darse el cambio.

También es clave tener la actitud de erradicar y acabar definitivamente con los comentarios críticos hacia el otro. No hacer críticas al otro pues es de las cosas más dañinas que pueden darse en la pareja. Aunque el otro las haga, uno puede frenarlas para que se vaya dando el cambio en la pareja.

Otra herramienta es esperar cuando uno esté enfadado, dolido, estresado o triste. Es muy beneficioso gestionar la propia emoción y después, si uno quiere, compartirla con el otro. Tener muy presente el no «buscar al otro» cuando uno se note inestable emocionalmente. 

Puede ayudar que las personas entiendan que a menudo no es necesario que ninguno de los dos cambie. Es decir, ambos pueden centrarse en hacer cosas distintas y no en ser distintos.

¿Quiere decir que el amor ya no existe?

El enamoramiento es lo que deja de existir. Es así porque con el paso del tiempo ha dado paso al amor. Que es un sentimiento mucho más suave, más estable, duradero y profundo.

A diferencia de lo que ocurre en el enamoramiento, cuando una pareja que se ama está en crisis predominan emociones que hacen sentir que no se tienen ganas de estar con el otro, que no se le echa de menos o, incluso, que su mera presencia molesta e incomoda.

Sin embargo, estas sensaciones se pueden tener al mismo tiempo que existe el amor. Son ellas justamente las que reflejan que la pareja está en crisis, pero no por ello no se tiene amor por el otro. Crisis indica que es necesario cambiar algo, pero no indica que haya que cambiar a la persona o cambiar de relación.

La mayoría de las parejas que están en crisis se aman, se sienten atrapadas en las discusiones y en el malestar que viven. Esto se produce porque no tienen estrategias para salir de la situación de crisis en la que se encuentran.

Son estrategias que se pueden aprender y están al alcance de la mayoría de estas parejas.

¿Se puede volver a recuperar la armonía?

Seguramente sí. Dependerá de la predisposición que tengan los miembros de la pareja hacia la búsqueda de soluciones. Así como también del grado de compromiso que hayan adquirido.

Será importante que cada uno se plantee cuáles son sus miedos principales y que se pregunte de qué cosas está haciendo responsable al otro.

También podrían valorar cómo hicieron la «forja de la pareja»: limites con familias de origen, metas en la relación, niveles profundos de comunicación y modos de encuentro entre ambos.

Existen profesionales que les pueden ayudar en esos momentos, tanto a llevar el dolor de la situación que viven, como a desarrollar estrategias y habilidades específicas para su relación de pareja.

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