«Decir con frecuencia "no sé" es una muestra clara de que no sabe qué hacer en cada momento», según Pérez

«Hay señales inconfundibles, y que no sospechabas, de que tu hijo tiene baja autoestima»

La Trabajadora Social, Beatriz Pérez, expone varios trucos para que los niños ganen en seguridad en ellos mismos

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En primer lugar hay que diferenciar entre lo que es el autoconcepto y la autoestima. Al menos así lo considera Beatriz Pérez, Trabajadora Social y creadora de Va de Cuentos, quien matiza que el autoconcepto es es la imagen que tenemos (somos altos, bajos, delgados, morenos...) y la autoestima es la valoración de esa imagen y que siempre dependerá del modelo de belleza que tengamos establecido.

Esta experta explica que hay muchas señales que indican que un niño tiene baja autoestima y que los padres no podrían imaginar. «Existe una tendencia a pensar que es cuando el pequeño da muestras de estar triste, camina con la cabeza agachada, es parco en palabras... Y no —señala—, hay mucho más».

Entre los indicadores más habituales de la baja autoestima destaca los siguentes:

—Actitud agresiva. Se comporta de este modo porque es su manera de defenderse ante el gran miedo que siente ante la no aprobación de los demás.

—Dice muy amenudo «no sé». No sabe tomar decisiones por sí mismo, en muchas ocasiones «como consecuencia de que los padres le protegen en exceso y son ellos los que dicen en cada momento qué y cómo hacer las cosas. Son muy indecisos. El peligro es que, según va creciendo en edad, no sabrá enfrentarse a ciertas situaciones y decidir por él mismo, ante lo que dirá repetidamente "no sé". Sin papá y mamá se sentirá perdido», matiza.

—Tienen dificultad para expresarse ante los demás. No saben, o no se atreven, a decir exactamente lo que les gustaría por su gran inseguridad.

—Intentan complacer todo el tiempo. No saben decir que no. «Es un error muy grave porque no se ponen límites ellos mismos y acceden a situaciones que les hace sentir incómodos».

—Son muy perfeccionistas. Tienen miedo a equivocarse. No saben naturalizar el error.

—Tienen ánimo triste, sonríen poco y su motivación es limitada.

—Muestran dificultad para relacionarse con sus amigos. No entienden el placer de estar jugando con otros niños por miedo e inseguridad.

Ante estas señales, Beatriz Pérez recomendó a los padres —durante la presentación del Festival de la Familia, organizado por la Escuela Sprinter y que tendrá lugar el próximo 6 de octubre—, que hagan un esfuerzo por ver a los hijos de otra manera «para descubrir sus verdaderas potencialidades al margen de los cánones o modelos establecidos socialmente en los medios de comunicación, las redes sociales... porque, si no se cuida la autoestima, su desarrollo como persona adulta se verá muy afectado.

Para facilitar esta labor hay dos claves ineludibles: el respeto y el amor. «Vivimos en una sociedad en la que parece que los padres tenemos la razón de todo y los hijos deben obeceder, pero es necesario también hacer una escucha activa para saber lo que sienten, lo que piensan... y ponerlo en valor. También debemos escucharnos a nosotros mismos porque no nos damos cuenta de los mensajes que les transmitimos en casa —cuando somos presa del estés y las prisas de la rutina diaria— y que, si paramos a pensarlo, a veces son verdaderas barbaridades que dañan su autoestima».

Reconoce que cuando resulta más fácil gritar a los niños y castigarles «es por la falta de dominio de otras herramientas que cuesta más trabajo poner en práctica, «pero que resultan más útiles porque se basan en el respeto y no dañan su autoestima».

Hay trucos muy sencillos para ayudar a estos niños. Uno de ellos es cambiar el «ser» por el «estás» para no encasillar ni etiquetar a los pequeños. «Resulta muy diferente decir a un niño "eres muy travieso" o "eres muy nervioso" a "parece que hoy estás travieso" o "parece que estás nervioso". Si se le dice lo primero, "eres nervioso", el niño lo reconoce como algo definitivo que no se puede cambiar y se apuntará esa etiqueta en su registro, pero al decirle "esás un poco nervioso", pensará que el algo transitorio y que puede cambiar en un rato, o mañana», matiza Beatriz Pérez.

Un sencillo juego

También se le puede invitar a que participe en un sencillo juego. Consiste en fijarse en una persona y decir sobre ella «¿qué veo?» —por ejemplo: tiene las uñas pintadas, el pelo largo, viste de negro...— y, depués, pensar «¿qué imagino?» Como viste de negro imagino que no le gustan los colores y es una persona triste; como lleva las uñas pintadas es que es muy presumida y muy vaga porque no hace nada para no estropearse las uñas. «Posteriormente, si hablamos con esa persona, lo más seguro es que la realidad sea muy distinta y el niño apreciará que nada es lo que parece y que cada uno imagina una cosa por lo que no hay una verdad absoluta sobre la imagen que proyectan las personas, y todas son respetables».

Beatriz Pérez añade que los cuentos también son una herramienta estupenda para ayudar a los pequeños a que aumenten su autoestima. «Hay libros muy sencillos, atractivos e interesantes con personajes que permiten que los niños se identifiquen con ellos y que son modelos de la sociedad actual. Con una lectura rápida y conjunta permiten que aprecie muchos valores que hay en ellos y que, en muchos casos, desconocían», concluye.

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