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¿Por qué muchos abuelos no ven a sus nietos?

El fallecimiento de uno de los padres, un divorcio conflictivo y las rencillas entre abuelos y progenitores son casi siempre los motivos por los que los más mayores de la familia no ven ni disfrutan de sus nietos.


MADRIDActualizado:

Los abuelos ya no sufren en silencio el hecho de no ver a sus nietos.Por el contrario, cada día resulta más habitual que acudan a los juzgados para obtener un régimen de visitas que les permita mantener esa relación. El fallecimiento de uno de los padres, un divorcio conflictivo y las rencillas entre abuelos y progenitores son casi siempre los motivos por los que los más mayores de la familia no ven ni disfrutan de sus nietos. Aunque, como explica, Julia Clavero, abogada especializada en Derecho de Familia del despacho ABA Abogadas, «lo que prima es el interés del menor, tener una relación con los abuelos es también un derecho del niño. Es algo enriquecedor y fundamental para su desarrollo».

No existen datos concretos, pero a los despachos de abogados y a los juzgados cada día llegan más casos como estos, según afirman diversos profesionales consultados por ABC. «Han aumentado exponencialmente —asegura Clavero—, primero porque la gente tiene más acceso a la información y ahora los abuelos saben que pueden emprender un procedimiento para visitar a sus nietos. Y segundo porque hay tantos tipo de familia (reconstituidas tras un divorcio, viudos con hijos...) que los abuelos son siempre los grandes perjudicados».

Lo que dice el Código Civil

Desde 2003 el artículo 160 del Código Civil recoge que «no podrán impedirse sin justa causa las relaciones personales del menor con sus hermanos, abuelos y otros parientes y allegados». Sin embargo, esas relaciones están condicionadas a una serie de criterios.

El régimen de visitas entre abuelos y nietos no puede obstaculizar las visitas que ya existan entre padres e hijos, como recoge otro párrafo de ese mismo artículo 160. «En un divorcio hay que repartir el tiempo entre los progenitores y a veces los abuelos quedan fuera», añade Clavero.

Las malas relaciones entre padres y abuelos no se consideran «causa justa» para que estos últimos no vean a los nietos

Y la relación abuelo-nieto se puede suspender o limitar en virtud de «una causa justa», algo que también regula la ley. Es decir, está condicionada a «todo aquello que perjudique al desarrollo y la salud mental y física del menor», explica Clavero. Por ejemplo, un abuelo con una enfermedad mental, que sufra alcoholismo o tenga condena por maltratar a los hijos difícilmente lograría visitar a sus nietos. Lo que no se considera «una causa justa», según una sentencia del Tribunal Supremo, son las malas relaciones entre padres y abuelos, que ya no son motivo para que estos últimos no puedan ver y comunicarse con sus nietos.

Pero a veces se producen otras situaciones perjudiciales para el menor. «Cuando existen conflictos en la familia, un abuelo puede intoxicar a un niño hablándole mal de sus padres o puede intentar asumir un rol de progenitor que no le corresponde. Esto último ocurre sobre todo cuando ha fallecido uno de los padres», señala Sol Palacios, socia abogada Federis Abogados.

Aunque en su opinión, «los juzgados españoles valoran mucho la figura de los abuelos, siempre que no se demuestre que sean perjudiciales para el niño. Son un principio de solidaridad y transmiten valores a los niños». De hecho, esta abogada cuenta que la crisis ha puesto en valor el papel de los abuelos a quienes se les ha encomendado gran parte del cuidado de los nietos. «Los han llevado a la guardería o han cuidado ellos mismos a diario de los nietos, les llevan al colegio, al parque, les dan comidas, cenas y hasta los niños duermen en casa de los abuelos.. Y cuando se enfadan los padres, los abuelos salen perdiendo y no les dejan visitar a los nietos».

El abuelo extorsionado

Y es que los conflictos de familia se dan circunstancias muy diversas que destierran a los abuelos de la vida de sus nietos. Guadalupe de La Fuente es presidenta de la Asociación de Abuelos Separados de sus Nietos, una organización que surgió en 2007 precisamente para echar una mano en la resolución de esta problemática. Ella cuenta cómo van aumentando y complicándose estas situaciones. «En los divorcios muy conflictivos, mientras se investiga si existe violencia o maltrato, normalmente es el padre quien no ve a sus hijos y los abuelos paternos tampoco. Si le dejan verlos en un punto de encuentro, los abuelos no podemos. Hay rupturas que la madre o el padre se va a trabajar a otra ciudad. Y los abuelos, muchas veces, por motivos por salud no podemos acompañar cada quince días a nuestro hijo o hija para ver a los nietos».

«Hay abuelos que por discusiones con los hijos a causa de motivos económicos no ven a sus nietos»

Cuando estallan graves enfrentamientos entre abuelos y progenitores las cosas son peores. «La crisis ha incorporado la figura del abuelo extorsionado —señala De La Fuente— que por discusiones familiares a causa de motivos económicos sus propios hijos les prohiben ver a los nietos, utilizados como arma arrojadiza. Si en una discusión familiar das la razón a un hermano y no al otro surge el conflicto. El hermano que se siente desplazado se enfada y dice al abuelo que no le vuelve a ver y los niños van en el mismo paquete».

Las familias reconstituidas tras un divorcio o el fallecimiento de uno de los padres, que con el tiempo pierden los lazos con la familia del desaparecido, son otras situaciones que apartan a los abuelos de sus nietos.

Sin embargo, los abuelos son considerados una figura fundamental a la hora de otorgar una custodia compartida, por ejemplo. «Son un apoyo familiar, si un padre o una madre llega a las siete de la tarde a casa y no puede recoger a sus hijos del colegio a las cinco, el niño puede estar esas dos horas con sus abuelos como estaría con un cuidador», añade Clavero.

Régimen de visitas

Las abogadas Palacios y Clavero explican que para conceder este tipo de régimen de visitas se tienen en cuenta varias circunstancias: la edad de los nietos y abuelos, la relación anterior entre ellos, si el menor ha pernoctado en casa de los abuelos, la cercanía de los domicilios, estado de salud de la persona mayor... Un régimen amplio sería un fin de semana al mes (de viernes a domingo); dos días en Navidades, sin coincidir las fechas señaladas que son para los padres; dos días en Semana Santa y una en verano. Un régimen más restringido: la misma frecuencia de días pero sin pernocta y unas horas un fin de semana al mes.

En estos procedimientos siempre se puede solicitar la intervención del equipo psicosocial del juzgado para realizar una valoración de la situación. «Cuando se acude a las a medidas judiciales, los psicólogos intentamos mediar para no judicializar estos conflictos, que están aumentando en los juzgados», afirma Mónica Díez, psicóloga forense y codirectora del Centro Integral de Especialidades Psicológica, que en ocasiones actúa como perito en los juzgados. «Lo más frecuente son abuelos que no ven a sus nietos por el fallecimiento de uno de los padres. Al final la relación se enfría, hay menos visitas, menos llamadas de teléfono... hasta perder todo contacto. Y los abuelos lo viven con verdadera angustia y ansiedad. No llegan a comprender por qué se les prohibe tener una relación normalizada con sus nietos como la que antes vivían».

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