las secuelas de los divorcios

Huérfanos de padre en vida

Cada año 300.000 niños en España son manipulados por sus padres durante los procesos de divorcio. La cifra real es mayor

madrid Actualizado:

«Si yo no tengo a mis hijos, tú tampoco». Así de tajantes se muestran algunas parejas cuando, tras romper su relación, uno de los progenitores no es capaz de superar el duelo de la separación o el divorcio. La venganza y el resentimiento imperan sobre cualquier otro sentimiento en defensa del bienestar de los hijos. El caso más extremo lo estamos viviendo aún en estos días con el tristemente conocido caso «Bretón», denominado así tras la desaparición de dos hermanos de Córdoba supuestamente asesinados por su padre tras conocer que su mujer quería separarse.

Pero, sin llegar a casos tan estremecedores, lo cierto es que, en nuestro país, el número de divorcios ha ido en aumento. Los últimos datos estadísticos publicados demuestran que en 2011 se produjeron 110.651 disoluciones de matrimonios —103.000 divorcios, 6.915 separaciones y 132 nulidades—, un 0,3% más que el año anterior.

Tras la separación, el cuidado de los hijos sigue siendo un compromiso común

No hay duda de que toda separación da al traste con las expectativas de dos personas por disfrutar de una vida en común, situación que se complica si hay hijos de por medio. En un divorcio se divide el hogar, los bienes materiales, pero los hijos no deben entrar en el reparto. Aunque uno de los progenitores se haga cargo de la custodia, las responsabilidades y el cuidado de los hijos seguirán siendo un compromiso común.

Educar al niño en el odio

Pero la realidad es bien distinta. Según la Fundación Filia, cerca de 30.000 menores se ven afectados por esta situación cada año, aunque la cifra es mucho mayor, ya que los niños no denuncian este tipo de maltrato. En muchas ocasiones, los padres que se divorcian realizan comentarios denigrantes y negativos sobre el otro progenitor en presencia de los hijos. Cuando esta situación se repite con el objetivo de educar al hijo en el odio hacia el otro progenitor, las consecuencias son nefastas.

Durante el verano se han realizado 2.700 consultas de manipulación

Lo que resulta aún más alarmante es que, según la Fundación Filia, cada vez existen más casos de menores manipulados y utilizados por uno de los progenitores para hacer daño al otro cónyuge. Solo durante los dos meses de verano esta fundación ha recibido 2.700 consultas sobre casos de manipulación parental. Una situación que se produce con independencia del nivel adquisitivo de los padres, cultura o duración de la relación.

«Los niños son utilizados como arma arrojadiza entre los padres —asegura Lucía Prado, presidenta de la Fundación Filia—, de tal manera que cuestiones materiales como el reparto de la vivienda o el coche pasan a estar muy por encima del interés por el bienestar del menor».

Destruir vínculos

El denominado Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un trastorno por el cual un progenitor transforma la conciencia de sus hijos mediante diversas estrategias con el fin de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor. Según Lucía Prado, este proceso de manipulación es lento.

Comienza cuando uno de los padres realiza comentarios malintencionados sobre el otro, denigrándole e injuriándole, hasta que consigue que el menor lo interiorice y lo exprese de manera espontánea por sí solo: «A papá lo único que le interesa es el trabajo y no le importa lo que hagan sus hijos».

Amenazas

«Puede incluso —explica Prado— que el progenitor alienador llegue a amenazarle: "Si no me llamas cuando estés con papá, te quedas sin la nintendo". Posteriormente, intentará hacer todo lo posible para que su hijo desprecie y odie al progenitor, lo que genera que el niño entre en un conflicto de maldades y sienta que tiene que despreciar a uno de sus padres para conseguir el cariño del otro».

El siguiente paso, por lo general, es que el progenitor alienador comience a mediar en los contactos de su hijo con el otro progenitor de manera que no le lleguen los regalos que le manda, interfiera en las llamadas teléfónicas, en el tiempo de convivencia de ambos... De esta forma el progenitor alienador consigue su propósito de que su hijo se aleje paulatinamente de su padre o madre, según el caso, con todo lo que ello supone para el correcto equilibrio y desarrollo del pequeño.

El niño manipulado también rompe los lazos con tíos, abuelos...

«Por si fuera poco —añade Francisco José Fernández, presidente de Anasap, Asociación Nacional de Afectados del Síndrome de Alienación Parental—, el alejamiento manipulado hacia uno de sus padres se amplifica a toda la línea de su familia extensa —abuelos, tíos, primos...—, con los que rompe todo tipo de contacto. Desaparece la comunicación, incluso ahora que vivimos en la era de las comunicaciones y que es más sencillo».

Cada año se producen cerca de 500 casos de incomunicación total de los hijos con su padre o madre y toda su línea familiar, según datos de Anasap, y la tendencia es que siga aumentando. Para el psicólogo forense José Manuel Aguilar, este tipo de actuación es claramente un «maltrato, pero, como es psicológico, en nuestro país se considera de segunda división».

Las consecuencias para un niño son muy graves, puesto que «vive inmerso en un conflicto y se le secuestra emocionalmente porque los padres juegan con él para que odie a uno u otro, lo que le genera la ansiedad y el miedo de ser infiel a uno de ellos».

Cuando el todo vale

Además, se le acostumbra a vivir en la mentira, el rencor, en el no respetar las normas ni límites, en el «todo vale» para conseguir un fin, «de manera que el maltrato se perpetúa porque el menor crecerá atormentado y, en un futuro, le costará mucho tener una vida familiar estable», asegura José Manuel Aguilar.

Si las consecuencias son tan nefastas para el hijo que sufre y para el progenitor que se ve privado de la compañía de su hijo y, además, el número de casos aumenta, ¿cómo se puede poner remedio?

No se aplican los preceptos del ordenamiento jurídico

Lucía del Prado del Castillo, presidenta de la Fundación Filia, asegura que en el ordenamiento jurídico español hay muchos preceptos, tanto en el orden civil como en el penal, para regular este tipo de situaciones dramáticas y, sin embargo, «no se aplican y ese es el motivo por que se pierden tantas relaciones entre progenitores e hijos».

Desde esta fundación y otras interesadas en evitar el Síndrome de Alienación Parental hacen un llamamiento para concienciar a la sociedad de este problema porque los niños no se quejan de esta situación y, por lo general, nadie se entera. «Luchamos por la más absoluta defensa de los hijos a tener padre y madre después de un proceso de divorcio», aseguran.

Para la presidenta de la Fundación Filia, la Administración de Justicia no cuenta con los suficientes especialistas para atajar el problema y, «aunque existe un protocolo no se aplica, se pasan la pelota de unos a otros. Pueden pasar cuatro años hasta que se tramite un caso, cuatro años en que un niño ha estado privado de ver a su padre/madre y viceversa. Son niños huérfanos de padres en vida. Vamos a contar con una generación de niños desequilibrados».

El presidente de Anasap añade que el sistema español no sabe resolver esta situación. «La solución inmediata es la de poner multas cada vez que se impide a un padre o madre ver a su hijo, pero es una medida que no se aplica. Si se denuncia, hay un proceso muy largo que no lleva a ninguna parte porque los juzgados de familia están desbordados».

Fernández matiza que Málaga y Canarias acumulan un gran número de casos, puesto que son zonas con muchos matrimonios mixtos, con personas de otros países, fundamentalmente europeas. «Al divorciarse, el español —por poner un ejemplo— se queda en España y la mujer se marcha a su país con su hijo, con lo que es muy probable que el padre deje de ver a su hijo. Se trata de un problema, por tanto, que afecta a nivel comunitario, y cuando los organismos europeos tomen nota, quizá empecemos a ver resultados positivos en la gestión administrativa».

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