«¿Cuántas personas más deben suicidarse para tener un Plan de Prevención?»

Cada día 10 personas se suicidan en nuestro país y 20 lo intentan. Representantes políticos, profesionales sanitarios, asociaciones de afectados piden en el Congreso un plan para acabar con este problema social

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Se calcula que en nuestro país se suicidan diez personas cada día y hay 20 tentativas por cada una que logra quitarse la vida. Una media de 3.700 fallecimientos al año. «¿Cuántas personas más deben morir para que exista un plan de ayuda que permita acabar con este sufrimiento letal? ¿No son suficientes estas muertes?». Así se lo cuestionaba Elena Aisa, de la Asociación BearKada-Abrazo, en una jornada reivindicativa por la prevención contra el suicidio celebrada en el Congreso de los Diputados a iniciativa del diputado de UPN Íñigo Allí. Durante el acto, representantes de diferentes partidos políticos, profesionales sanitarios, periodistas y asociaciones de afectados, se sumaron a esta causa.

Andoni Anseán, psicólogo y presidente de la Sociedad Española de Suicidología, manifestó la urgente necesidad de crear un Plan nacional de Prevención de Suicidio. «Es necesario sí o sí», aseguró al tiempo que lamentó que en nuestro país ya ha habido varios intentos de desarrollar un plan preventivo y, cuando parecía que se iba a llevar a cabo la medida, anunciada por la exministra de Sanidad Carmen Montón, se volvió a quedar «paralizada» con el nombramiento de María Luisa Carcedo al frente del departamento ministerial, quien anunció que la prevención del suicidio se iba a articular dentro de la estrategia de salud mental. «El próximo Gobierno debe tomar nota de la urgencia de este asunto y recordar que ante el suicidio solo hay dos opciones: prevenirlo o llorarlo», matizó.

En la misma línea se manifestó Junibel Lancho, directora clínica del Hospital de Día Lajman y coordinadora del Teléfono contra el Suicidio, quien aseguró que en los últimos años se ha producido un aumento considerable de llamadas de chicos y chicas entre 17 y 22 años con tentativa de quitarse la vida, «jóvenes que no saben dónde acudir ni con quién hablar para acabar con su sufrimiento vital. Por este motivo, es necesario actuar con prontitud para dotarles de herramientas y apoyo que permitan prevenir situaciones límite y que quieran morir para dejar de sufrir».

Mayor atención sanitaria

Imagen de la jornada reivindicativa en el Congreso de los Diputados
Imagen de la jornada reivindicativa en el Congreso de los Diputados - Maya Balanya

Lamentó, además, que cuando una persona se encuentra en esta tesitura se opte por derivarle a su médico de cabecera que en diez minutos le atiende y le manda una nueva cita para que le asista el psicólogo, quien le hará un seguimiento de un día cada mes y medio. «Es imprescindible que tengan una atención más frecuente y con mayor dedicación para ayudarles a cambiar de idea y apuesten por la vida», puntualizó.

El psiquiatra y jefe de la Unidad de Trastornos de la Personalidad del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, José Luis Carrasco, añadió que, «aunque hay más medios que hace 20 años, el número de suicidios va en aumento porque en nuestra sociedad hay mucha soledad y aislamiento que llevan a la sensación de incomprensión y desesperanza, ingredientes principales de la aparición de la conducta suicida».

El problema añadido, tal y como señaló Alfonso Echávarri, psicólogo de Teléfono de la Esperanza, es que «el sufrimiento está mal visto en nuestra sociedad y se trata de ocultar, pero está ahí y es urgente tratarlo. Nos ofrecemos al nuevo Gobierno, como organización que llevamos más de 50 años tratando el suicidio tan de cerca, para formar parte de ese Plan de Prevención tan necesario».

Cuestión de Estado

Elena Ainsa quiso también mostrar su apoyo a los supervivientes de un suicidio, «que son los grandes olvidados de esta sociedad y que en un 80% de los casos desarrollan un duelo muy complicado y trastornos traumáticos. Necesitan más apoyo social porque la tendencia es a aislarlos puesto que no se sabe cómo tratarlos, ni si quiera la propia familia sabe hacerlo, y se tiende a estigmatizarlos».

En su turno de palabra, la presidenta de la Asociación La Barandilla, Ana Lancho, destacó también que tanto los suicidios como los efectos que causan en el entorno conllevan un importante gasto al Estado, «que se podría ahorrar con la puesta en marcha del Plan Nacional contra el Suicidio».

Para acabar con esta «lastra», Íñigo Allí y el diputado del Grupo Parlamentario Popular, Ignacio Treviño, subrayaron la importancia de que «todos los actores implicados (políticos, sociedad, profesionales y educadores...) se impliquen en detectar y prevenir las conductas suicidas, ya que son "una cuestión de Estado"».

En esta implicación también están presentes los medios de comunicación, a los que se invitó a hablar con máximo respeto del suicidio con el onjetivo de informar y concienciar a la sociedad, de igual manera que se ha hecho con otros asuntos de gran calado social como la violencia de género o el acoso escolar. Quedó patente que publicar informaciones sobre este asunto —sin caer en el sensacionalismo o morbo de la noticia— no invita a otras personas al suicidio, «si no que ayuda a fomentar que es un problema que existe y que hay que atajar», coincidieron algnos de los periodistas presentes en este acto reivindicativo de un plan de prevención.

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