BELÉN DÍAZ

«Las consecuencias de un apego inseguro en un niño son terribles y para toda la vida»

El psicólogo Rafael Guerrero es autor del libro «Educación emocional y apego»

MADRID Actualizado: Guardar
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La educación emocional y el apego son fundamentales para que nuestros hijos y alumnos aprendan a gestionar sus emociones y crezcan con una autoestima saludable. Pero, ¿qué características deben reunir un padre o una madre para vincularse de manera segura y saludable con su hijo? La respuesta, en el último libro del psicólogo Rafael Guerrero, autor de la obra «Educación emocional y apego», donde ofrece las pautas prácticas para gestionar las emociones tanto en casa como en el aula.

¿Por qué es tan importante lograr un apego seguro en el bebé? ¿Cuáles son, someramente, los aspectos positivos de lograrlo, para construirlo? 

No es que sea importante, sino que es vital. Es cuestión de vida o muerte. A veces escucho decir «es que tal niña no tiene apego a nadie» y eso es imposible. Necesitamos de los otros para poder seguir viviendo, sobre todo de pequeños. En el momento del nacimiento, el neonato es cien por cien inmaduro, lo que hace que seamos dependientes de nuestra madre o la persona que esté a nuestro cargo para sobrevivir. La figura principal de apego, generalmente la madre, es la que se encargará de satisfacer las necesidades básicas del recién nacido (hambre, protección, frío o calor, sueño, etc). Por eso no es una cuestión que mejora la vida del pequeño, sino que le permite sobrevivir. Los estudios científicos y la práctica clínica nos llevan a la conclusión de que aquellos bebés y niños que han tenido unas figuras de apego que les han cubierto sus necesidades son más seguros de sí mismos, más autónomos, tienen una buena capacidad de resolución de conflictos, son más resilientes, mejor autoestima, son valorados como más capaces en el trabajo, en las relaciones de pareja y con los amigos, en definitiva, son más felices.

¿Cuáles son sus recomendaciones para lograr un apego seguro entre la madre (que suele ser la figura del cuidador principal)?  

Son muchas las características que definen a una figura de apego seguro pero las más destacadas y relevantes son la capacidad para explicitar su cariño al niño, les permiten y fomentan su autonomía, les legitiman sus emociones y les ayudan a gestionarlas, dedican a sus hijos mucho tiempo y de calidad, les protegen en situaciones de peligro de una manera equilibrada (no sobreprotegen), atienden a las necesidades de sus hijos, establecen unos límites claros y respetuosos, etc. Es importante señalar que nuestros hijos necesitan de una estimulación suficiente, por lo que la idea de cuánto más, mejor es falsa. Se ha demostrado que aquellos adolescentes que tienen un apego seguro suelen tener una alta autoestima, mientras que los adolescentes que tienen un apego inseguro suelen tener la autoestima más baja. Esto es generalizable a cualquier etapa vital. Ya decía John Bowlby, padre de la teoría del apego, que la autoestima de una persona está muy relacionada con su estilo de apego.

Por contra, ¿qué supone el apego inseguro?

Las consecuencias de un apego inseguro son terribles y para toda la vida, salvo que se haga algo para solucionarlo y repararlo. Existen diferentes estilos de apego inseguro pero, en líneas generales, las consecuencias de una desprotección o una sobreprotección y el no fomento de la autonomía son una dificultad o incapacidad para ser autónomo en los diferentes ámbitos de la vida, baja autoestima, sensación de desprotección constante, crítica constante hacia uno mismo, ansiedad, somatizaciones, miedos frecuentes, incapacidad para regular sus propias emociones, dificultad para ser empático, inseguridad, mayor probabilidad de desarrollar una adicción y, en algunos casos, dependencia emocional. Por concretar un poco más, las personas que tienen un apego inseguro de tipo evitativo tienen miedo a la intimidad y la cercanía, mientras que en el apego inseguro de tipo ansioso ambivalente, la persona tiene dificultades para mostrarse seguro y autónomo, necesitando de otras personas para hacer la cosas. El apego evitativo es típico de los padres autoritarios mientras que el apego ansioso ambivalente es más frecuente en entornos sobreprotectores, donde el fomento de la autonomía no es frecuente.

Usted señala en su libro que el 40% de niños tiene apego inseguro. Parece una cifra muy alta, ¿cuáles son los motivos más habituales?

Sí, estoy de acuerdo con usted en que es una cifra muy alta, pero son porcentajes que se encuentran en la gran mayoría de los estudios y en todos los países del mundo. Si nos centramos en España, podríamos encontrar algunas causas que tienen como consecuencia este porcentaje alarmante de niños y niñas con apego inseguro. En primer lugar, destacamos la falta de tiempo que tienen los padres para estar con sus hijos. Esto está motivado por muchos aspectos como son las jornadas laborales, la hiperestimulación en la que estamos inmersos, lo que dificulta que dediquemos tiempo de calidad a nuestros hijos. En segundo lugar, nos encontramos con niños que o bien están siendo sobreprotegidos o bien se desarrollan en contextos de desprotección.

Ambos estilos educativos tienen consecuencias muy similares. Otros aspectos que influyen son el ritmo vertiginoso al que se ven sometidos nuestros hijos como consecuencia de una sociedad hiperactivada, ausencia de límites, modelos parentales rígidos y autoritarios donde no se permite la expresión de las emociones, la sobreestimulación, el uso abusivo de las nuevas tecnologías en detrimento de la conexión social y emocional, etc.

¿Se puede modificar un apego inseguro? ¿Reestablecer?

Desde luego que se puede. En este caso hablamos de reparar el apego. La buena noticia es que el cerebro está orientado y tiende a la salud mental, por lo que siempre estamos a tiempo de poder reparar un apego inseguro. Un aspecto imprescindible para la reparación del apego es que siempre se debe hacer en una relación de tipo vertical, por lo que esta función no la podrían hacer ni nuestros amigos ni nuestras parejas (relaciones horizontales). Las relaciones verticales se dan en contextos psicoterapéuticos. Claro que un amigo, un familiar y una pareja pueden aportarte muchos aspectos beneficiosos, pero nunca se puede reparar un apego en esos contextos, siempre en relaciones verticales (profesional-paciente).

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