Momento del debate celebrado en Málaga
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Conversaciones de mayores

«Hay que evitar que el hogar se convierta en tu propia trampa»

Durante el debate de ABC y Obra Social “la Caixa” quedó patente que las personas mayores no adaptan con tiempo su casa para evitar su falta de autonomía

«No se puede comer lo mismo a los 40 años que a los 65»

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Con tan solo 9 años, Aurora Moreno acudió por primera vez a un asilo para visitar a un familiar. «Estaban muy bien atendidos, pero me prometí a mí misma que no viviría nunca con esa sensación de soledad y reclutamiento cuando fuera mayor. Soñaba con residir en un hogar en el que sintiera que era mío».

Hoy, Aurora tiene 83 años y se siente feliz y orgullosa por haber cumplido su promesa. Al menos así lo aseguró durante la jornada Conversaciones de Mayores de ABC, celebrada en el Centro Andaluz de las Letras (Málaga), en virtud del convenio de colaboración entre la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía y Obra Social “la Caixa” en los Centros de Participación Activa de Personas Mayores.

Asegura que con 33 años planteó a un grupo de amigos empezar a ahorrar dinero para, en un futuro, comprar un terreno, construir un edificio y vivir juntos en apartamentos adaptados a las necesidades que marca la edad avanzada. «¡Me calificaron de loca! Les parecía imposible la idea. Sin embargo, algunas personas se apuntaron a la iniciativa. Tras mucho tiempo, logramos comprar un terreno rústico de 50.000 metros cuadrados que nos costó 20 millones de las antiguas pesetas. Lograrlo fue un auténtico milagro, por eso formamos en 1991 una cooperativa a la que llamamos “Los Milagros” para crear el residencial Santa Clara de Málaga».

Referencia mundial

Este centro «ha sido pionero en España, Europa y Estados Unidos. Muchos países se han interesado por esta iniciativa y han venido a visitarnos para que les ayudemos a desarrollarla. Actualmente ya hay experiencias parecidas y las denominan como “cohousing”, pero el verdadero origen está en Málaga. Nos sentimos orgullosos y ojalá más personas se animen a simularnos porque esta fórmula es una prolongación del hogar y permite que podamos vivir con autonomía y atendidos», asegura Aurora Moreno, expresidenta y fundadora de «Los Milagros».

El residencial consta de 76 apartamentos, con una superficie de 50 metros cuadrados cada uno, completamente adaptados a las necesidades de los mayores y amplias terrazas con vistas al mar, que favorecen la intimidad y autonomía del propio hogar. Disponen de cocineros y personal sanitario que les atiende. «Vivimos con alegría porque hacemos gimnasia, damos clases de canto, baile, hacemos excursiones..., o nos quedamos en el apartamento, que dispone de las comodidades de un hogar con baño, salón, dormitorio y cocina y al que muchos hemos traído nuestros muebles. En la última planta –prosigue– viven las personas enfermas con una atención sanitaria las 24 horas. Para aquellos que necesiten cuidados más intensos y costosos pagamos entre todos una cuota para que no dejen de estar atendidos».

Según Aurora Moreno, «los mayores con poco dinero pueden acudir a residencias de caridad y los que disponen de buena jubilación a residencias privadas, pero con 1.300 euros de pensión no te admiten en la caridad y las residencias son muy caras. ¿Qué hacemos, entonces?».

José Manuel Marín, médico especialista en Geriatría, aplaudió en las jornadas de Conversaciones de Mayores, la iniciativa residencial fundada por Aurora Moreno «porque se ha desarrollado gracias a que son personas que se han preocupado por construir su futuro. No han esperado a tener 80 años y romperse una cadera para darse cuenta de que no pueden vivir en su casa de siempre, sino que lo pensaron con 30 años para, precisamente, evitar caerse y vivir con seguridad y calidad».

No obstante, matizó que “el café para todos” no vale. «La población mayor representa el grupo de personas más heterogéneo, cada una tiene sus propias circunstancias y necesidades. Por ello, hay que ajustar cada fórmula de vivienda a cada demanda y, en ello, la prevención es crucial».

En su turno de palabra, Francisco Rodríguez, licenciado en Derecho y funcionario del Estado antes de jubilarse, apuntó que hasta hace unos años, los abuelos vivían en casa de sus hijos «un hecho que era muy bien visto y que, en la actualidad, cada vez hay menos casos, quedándonos los mayores muchas veces fuera de juego».

El día de mañana

Reconoció que en su casa solo ha adaptado el baño, donde ha quitado la bañera y ha instalado un plato de ducha. «A mis 69 años me siento bien y me mantengo muy activo. Por eso, mientras no me encuentre con dificultades no he pensado en hacer reformas en casa que suponen un coste. Si un día necesito, por ejemplo, una silla de ruedas, será entonces cuando decida hacer más amplio el marco de las puertas de mi casa. Lo cierto es que no me planteo modificar nada hasta que no vea que sea necesario. Quizá mañana no me quede más remedio que hacerlo porque me resulta muy triste pensar que algún día tengo que abandonar mi casa si no está habilitada para mis limitaciones por la edad. Ir a una residencia es un paso muy difícil porque supone que no hay vuelta atrás».

Marín aseguró que las personas mayores quieren vivir siempre en sus casas. «El problema –puntualizó– es que no pensamos en la vejez, que es nuestro curso natural de la vida. Todos deseamos ser mayores, lo contrario es la muerte, y queremos llegar en las mejores condiciones, pero eso exige acondicionar la vivienda para evitar los obstáculos que aparecen con el tiempo. Para estar bien, a partir de cierta edad hay que trabajar estas cuestiones, no vale con esperar a que pase el tiempo».

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