«Si es un cero, es un cero. No otorgar a cada cual la nota que merece no deja de ser engañar»

El debate de calificar o no con cifras al estudiante está abierto

MADRIDActualizado:

Despedida por poner ceros a sus alumnos. Es es lo que le ha ocurrido en Florida a la profesora de Historia Diane Tirado. La escuela donde trabajaba tenía la política de no suspender a nadie, algo que esta profesional se negó a asumir. En el colegio West Gate K-8, en Port St. Lucie (Florida) donde estaba contratada las normas recogen que la mínima puntuación tiene que ser un 5. Pero... ¿qué ocurre en España? En nuestra sociedad, las calificaciones escolares siguen siendo la principal información para valorar el rendimiento escolar de los alumnos. «Miden comparando los conocimientos y las competencias que tendrían que tener en un determinado nivel educativo con la información que los maestros y profesores obtienen de los conocimientos y competencias que realmente demuestran tener. Si la calificación es insuficiente, significa que necesita mejorar los resultados académicos, pero también el proceso que ha seguido para obtenerlos. Suspender significa situarse en el nivel de "necesita mejorar", es un llamamiento del alumno a ser ayudado», afirma Antoni Badía, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

En este sentido, para Alberto Royo, profesor de Secundaria y autor de libros como «La sociedad gaseosa» y «Contra la nueva educación», a un alumno se le ha de calificar «con justicia, no con bondad o con delicadeza. Si es un cero, un cero; si es un diez, un diez. Claro que los profesores podemos equivocarnos, pero lo profesional (y pienso que lo habitual) es que no califiquemos de manera arbitraria sino después de mucha reflexión y de haber analizado con detenimiento todas las herramientas que hemos empleado (y, obviamente, no hablo solo de los exámenes o las pruebas escritas) para valorar el rendimiento de un alumno».

A su juicio, pensar que eliminando el cero ayudamos a un alumno es absurdo. «No otorgar a cada cual la nota que merece no deja de ser engañar. Tan fraudulento es cambiar el diez por el siete como el cero por el uno. Creo que deberíamos tratar a nuestros alumnos como personas inteligentes y no estafarles. Sería la mejor manera, en mi opinión, de que confiaran en nosotros. En definitiva, ser justo no excluye ser amable, cercano, generoso o comprometido. Al contrario, si suspendo a un alumno porque considero que no se ha ganado el aprobado, lo hago pensando en su propio beneficio y con la intención de que reaccione y, con mi ayuda, pueda progresar académicamente y, sobre todo, aprender, que es lo verdaderamente importante y lo que contribuirá a su evolución personal», reflexiona este docente.

Suprimir las notas

Pero el debate está sobre la mesa. «¿Qué quiere decir tener un 3, un 4'7, o un 8,2? ¿Qué mensaje se envía al estudiante? ¿En qué lo ayuda esta información? ¿Sabe realmente el alumno por qué su trabajo ha obtenido esa nota?». Son algunas de las preguntas que, tal y como indica Anna Espasa, directora del posgrado «Evaluar para aprender» y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, se tendría que cuestionar el sistema educativo. Las calificaciones, asegura Espasa, «no deberían estar en el centro del debate educativo». «Lo que debería ser relevante es el recorrido del estudiante, la evolución que experimenta desde el inicio del proceso de aprendizaje y el desarrollo de competencias que obtiene». «La clave de este trayecto es la evaluación continua y formativa como resultado de una formación a lo largo de la vida, en la cual el estudiante es parte activa del aprendizaje», añade.

Desde luego, lo que no es de recibo, señala esta docente de la UOC, «es que únicamente existan tres evaluaciones». «El retorno pedagógico o "feedback" debería ser de forma continuada, con el objetivo de que exista un retorno de información pedagógica que le ayude a mejorar». «Debemos trabajar por promover un aprendizaje que permita avanzar de manera consolidada, segura y acompañada. Y es precisamente esa la información que hay que proporcionar al estudiante: cómo está avanzando y qué puede hacer, qué puede cambiar o realizar de forma diferente o mejor para continuar avanzando. Por eso no tendría que ser remarcable si se califica con una cifra o con nomenclatura, sino el proceso de desarrollo de competencias que experimenta el estudiante».

Lo que es evidente, matiza Badía, es que hay que reaccionar: «en la sociedad actual, obtener sobresalientes no es garantía de futuro éxito profesional, pero sacar suspensos sí es, en la mayoría de casos, un indicador de graves problemas futuros en el desarrollo profesional».

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